25.11.08 

Lunes

Escribo sobre aquello de lo que intento no decir palabra, hablo sin embargo sobre aquello que me empuja siempre a escribir, aunque realmente no sea el motor que me impulsa a enfrentarme por enésima vez (y probablemente de nuevo sin éxito) a el teclado de mi ordenador portátil. Me apetece escribir sobre mis vivencias estos días atrás, pero como inexorablemente mi mente tenía pensando -que perspicaz, mi mente piensa, estás que te sales so gilipollas- termino tratando de nuevo mis fobias personales, miedos que me siguen recorriendo la espalda desde hace más de una hora que me acosté en la cama intentando sin éxito dormir, aspiraciones lapidadas, trastornación ante mi incapacidad en cualquier ámbito.

Hoy vuelvo a sentir que he perdido el día, que las horas se me han escapado de mis manos que han permanecido vacías mientras mi mente desocupada se limitaba a establecer como objetivo primario del día, fumarme un porro de marihuana e intentar olvidar mis miedos en casa de una amiga y de sus compañeras de piso. Sin embargo el resultado no ha sido el esperado, o al menos a medias. Tenía pensando tras mi ración de THC hacer una visita a mi ex novia, mi principal quebradero de cabeza durante estos meses. Y el simple hecho de tener esta idea ya en mente al cruzar la entrada del femenino piso en el que me estuve drogando, me jodío, me tiró por el suelo y desperdició toda mi experiencia con la marihuana. Acabé convertido en un mudo inanimado poste que se limito a permanecer encogido en un sofá mientras las chicas discutían de que color pintar un gran armario de cocina instalado en el salón. Una de ellas, la más manitas con las manualidades, sugirió empapelarlo por completo de recortes de periódicos. Tuvo la mejor idea de la tarde, pero no se comenzó a desarrollar. No había cola blanca, ni dinero para comprarla. Quedaba el justo para marihuana hasta fin de mes y algo de comida.

Más tarde fui a visitar a mi ex novia. Se encontraba estudiando para su examen del viernes de fisiopatoloía humana. Estudia cuarto de biología. Cuando entré en su habitación estaba con las neumonías, asmas y cánceres de pulmón. De pequeño fui asmático y tuve dos neumonías. Le pedí que no me relatara aquello que acababa de leer -tiene la manía de repetirme todo lo que estudia con la certera esperanza de que de esa forma lo recuerde mejor-, ya que no me costaba mucho asociar la marihuana que fumo con otra posible nueva afección pulmonar. Cáncer. Joder, su madre tiene cáncer de pulmón desde hace poco más de un año, no daban nada por ella pero sigue aguantando, y aunque está en su segunda sesión de quimioterapia, aún hay esperanzas de que sobreviva. Puede dar la impresión de que el motivo de la visita a tu ex novia esté justificado en la mortal enfermedad de su madre, pero ni siquiera tratamos ese tema. Apenas hablamos realmente, quería que me marchara cuanto antes para poder seguir estudiando y no volver a llenar su cabeza de lo que tengo yo ahora repleta la mía y que no me permite dormir. Somos una ex pareja infeliz, incapaces de dejar de vernos definitivamente pero tampoco capaces de reiniciar una relación. ¿La razón? Ella quiere estar demasiado tiempo conmigo, y yo quiero estar demasiado poco tiempo con ella. Creo que es bastante fácil saber de quien es cada opinión.

Finalmente me marché de su casa. Yo no sabía muy bien que hacía allá, que pretendía, y en el fondo quería largarme y encerrarme en mi habitación. El maldito sentimiento volvía otra vez a mí, así que cerré la puerta de su habitación y me largué acompañado por su repetición en voz alta de enfermedades pulmonares que ahora mismo no recuerdo.

En casa me duché, cené sopa y un sandwich de chorizo y me puse a repasar el trabajo que tenía para mañana en la facultad. La familiar sensación de sueño intrínseca a la marihuana volvió bajo a mis ojos y me metí en la cama para aprovisionarme de una buena cantidad de horas de sueño ante el cansancio mental que me provoca el thc en el que se encuentra bañado en mi cerebro. Pero como era de prever, ni forma de dormir, y tras una hora dando vueltas en la cama, agarro el portátil, lo poso sobre mis piernas tumbadas en la cama y comienzo de nuevo a intentar agarrar al sueño frente al reflejo blanco del procesador de texto.

Todas las noches lo mismo. La ya familiar sensación de fracaso, decepción, angustia, ansiedad, requebrasjamiento. Sé que nunca llegaré a cumplir nada de lo que me proponga y mucho menos a conseguir llevar a buen puerto mi vida. Se la ando jodiendo a mis seres queridos y a mí mismo, nada de esto puede mejorar si no ir a peor. Pero hasta entonces, intento, sufro por escribir, aunque me aterroriza rellenar una hoja en blanco y me avergüenzo de todo lo que escribo. Mi ex novia me critica mucho por ello, pero no puedo luchar contra ese sentimiento. Al menos escribir me aporta un gran consuelo a estas horas, y es que contra lo ocurrido con la novela que andaba leyendo hasta que apagué la luz de mi habitación, estos párrafos me han devuelto el sueño.

Hasta otra.

28.8.08 

4 años

-¿Diga?

-Eh..., hola.

-¿Si?

-...

-¿Juan?, ¿Eres tu Juan?

-Si. Que tal Mara.

-Vaya, eres de quien menos esperaba una llamada. ¿Qué andas haciendo? ¿Por qué me llamas?

-Bueno, no es que ande haciendo mucho la verdad.

-¿Estás trabajando?

-No

-¿Entonces?

-Bueno..., me he levantado esta mañana bastante más temprano de lo habitual, los vecinos han empezado una obra.

-¿Los Blanco?

-Si.

-¿Y qué más?

-Nada más. Me he tomado un café y un trozo de tortilla que me sobró anoche. Luego he salido un rato al patio vecinal, me he tumbado en una hamaca, y he estado sintiendo un poco los rayos del sol. He fumado algún cigarrillo y viendo como jugaban unos niños. Luego iba a ir a comprar el periódico pero he decidido llamarte a ti.

-¿Y por qué a mí?

-Bueno, ¿Por qué no?

-¿Tal vez por que no lo has hecho en 4 años?

-Esa no es una razón por la que no pueda llamarte. Aunque pensé que habrías cambiado de número. ¿Sigues viviendo en el mismo piso?

-Si.

-Podría haberme pasado a hacerte una visita en coche.

-No creo que hubiera sido una buena idea.

-¿Por qué no?

-Estoy muy ocupada.

-¿Estás trabajando?

-No.

-¿Te despidieron?

-Dejé el trabajo .

-Vaya. Entonces, vivirás con alguien ¿No? O te tocó algo gordo en el hipódromo de una vez.

-Me casé.

-¿Te casaste?

-Hace 3 años.

-¿Hace tanto tiempo?

-Pues si, una intenta rehacer su vida ¿Sabes?

-No creo que ir de un hombre en hombre sin pasar por un solo comodín sea la mejor forma.

-¿Conoces otra forma mejor?

-Bueno...

-Déjame adivinar Juan. ¿Sigues escribiendo verdad?

-Si

-¿Has conseguido vender algún guión en todo este tiempo?

-Bueno, uno de un largo lo envié a Lola Films para que le echaran un vistazo hará unos dos años. No recibí respuesta y hace poco estrenaron una película que copia muchas cosas de mi guión.

-¿Es igual que tu guión?

-Igual..., igual no, pero tiene muchas cosas que son calcados de mi guión. Había pensado demandarlos pero necesito mucha pasta y tengo todas las de perder.

-Perderás. ¿Y has hecho algo más?

-Bueno, un grupo de chavales estudiantes de cine y televisión me pidieron un guión de corto mí para su proyecto de fin de carrera. Lo grabaron.

-¿Y ganaste algo de dinero?

-No, era para un festival de la universidad no lucrativo. Y perdió.

-¿Has ganado algo de dinero con tus guiones Juan?

-No.

-¿Entonces que haces?

-Bueno, ya sabes, lo de siempre. Un trabajillo por acá, unos meses en un lado, unas semanas en otro... voy tirando. Tengo muchas vacaciones la verdad. Se puede decir que puedo sobrevivir.

-Igual que cuando sobrevivíamos juntos...

-No, la verdad es que ahora soy más feliz. Me compré un gato.

-Ah.

-Un gato negro, duerme conmigo en tu lado de la cama.

-Me alegro.

-¿Y tu marido qué? Tiene que tener un buen curro para que te marcharas de Telefónica.

-Se llama Ricardo. Es veterinario.

-Vaya, ¿Tiene una consulta?

-No, trabajaba en el hipódromo.

-¿En el hipódromo?

-Si, era el que se encargaba de la alimentación de los caballos. Establecía que alimentación tenían que tomar, el tipo de pienso o avena..., ya sabes. También controlaba que no doparan a los animales ni les metieran nada raro en la comida. Exámenes médicos de los potros... esas cosas.

-Y lo conociste allí ¿no?

-Si.

-¿No te da reparo haber conocido a tus dos maridos en el hipódromo?

-No. Si fuera a las discotecas, los conocería allí, si hiciera deporte, lo mismo, y si fuera una puta, tal vez ni hubiera vivido lo suficiente para tener uno.

-Hay muchas putas que se casan con algún cliente.

-¿Crees que estamos al mismo nivel?

-Todas las personas nos parecemos.

-...

¿Entonces ganasté una carrera gorda con los caballos y decidiste rascarte el culo el resto de tu vida?

-No, no fue así. Los acontecimientos se precipitaron.

-Esa última frase hecha oculta algo feo.

-Ya.

-¿Y?

-No me agobies joder. Quedé embarazada.

-¿Qué?

-Si, no lo entiendo. Tiene que ser un problema tuyo. Estaba acostumbrada a que contigo nunca pasara nada, me acuesto con Ricardo una noche y ¡zas!, cuando me di cuenta era demasiado tarde.

-¿Cómo que demasiado tarde?

-Cuando nos divorciamos y me fui de casa, prácticamente perdí la regla, por el enfado y todo eso. Muchos meses no la tenía, y una ya tiene una edad en la que hay cosas que dejan de funcionar en su cuerpo. Además contigo nunca me quedaba embarazada...

Me di cuenta a mitad del cuarto mes.

-Coño. ... ¿Abortaste?

-No

-Entonces...

-Entonces como te acabo de decir, estoy muy ocupada.

-Y el trabajo...

-Lo dejé para estar con Ariadna.

-Vaya, le pusiste el nombre que siempre quisiste si hubiéramos tenido una hija juntos.

-Ese nombre siempre me ha gustado, lo sabes muy bien.

-¿Si hubiera sido hijo lo hubieras llamado...?

-No.

-Nunca te gustó ese nombre.

-No es ni un nombre por favor Juan, es un horrible apodo.

-Es un apodo, pero elegante

-¿Chinasky elegante?

-¿Qué tiene de feo?

-Parece un nombre ruso.

-¿Ruso?

-Si, se reirían del niño que tuviera ese nombre en el colegio.

-Pues se lo he puesto al gato.

-Vaya, me parece bien, seguro que se siente muy feliz.

-Y nadie se ríe de él.

-No creo que tenga muchos amigos en tu casa.

-Todos mis amigos son sus amigos.

-¿Sigues trayéndote a tus amigos para ver películas viejas en el proyector y emborracharos?

-Bueno, ahora intento traer amigas..., las que quedan solteras.

-Espero que no lleves a la guarra esa...como se llamaba... Cecilia.

-Eh..., a veces se pasa, cuando no tiene novio.

-Me alegro de haberme ido.

-No lo dudo. Pero entonces cuéntame, ¿Dejaste el trabajo? ¿No podías alternarte con tu marido para cuidar de Ariadna?

-Quiero cuidarla yo, con lo que tuve que aguantar contigo no me fío un pelo de cómo puede educarla él o alguna niñera.

-¿Y te casas desconfiando de él?

-Fue después de enterarme de que estaba embarazada. Ya sabes como son en esta zona de Andalucía, y si mi madre ya lo pasó mal con nuestro divorcio, como para decirle que tengo una hija sin estar casada.

-¿Tu madre aún sigue viva?

-Si Juan, veo que te sigues preocupando mucho por ella.

-Hay cosas que uno no olvida.

-Vamos a dejarlo.

-Está bien. ¿Y vives bien ahora solo con el sueldo de tu marido?

-No.

-¿Entonces para qué...?

-No es tan sencillo Juan, cuando nos íbamos a casar idee un plan.

-¿Un plan?

-Si, para tener suficiente dinero hasta que la niña fuera mayor.

-Pues dejando tu trabajo no lo veo un plan muy...

-Calla idiota. ¿Quieres que te lo cuente o no?

-Si, si, perdona.

-Si tienes que saberlo.

-¿Yo? ¿El qué?

-Si, lo sabe toda esta maldita ciudad, me hubiera mudado a otra parte si pudiera.

-Mmmmm

-Nada ¿no?

-No

-¿No lees los periódicos?

-Solo para buscar trabajo.

-¿Y nada más?

-Sabes que solo me gusta la ficción. Puede que alguna tira cómica y el crucigrama.

-En casa...

-En casa los leía cuando tus padres venían a cenar y teníamos que charlar por cojones 3 horas sobre política local casposa y me miraban como un imbécil si no sabía de que estaban hablando. Sobre eso, y sobre que yo no conseguía vender un maldito guión en ninguna parte.

-Bueno, es verdad...

-Pues eso.

-Bien, como te dije, Ricardo es el que controlaba todo lo relacionado con los animales.

-Si

-El llevaba unos 15 años trabajando en el hipódromo y ya era persona de confianza. Hay algunos chavales que son los encargados de distribuir la comida o las vitaminas, pero Ricardo es el que selecciona todo lo que toman los animales. Los primeros años vigilaban mucho a Ricardo, es normal que se soborne al veterinario del hipódromo para que un caballo corra algo más rápido de lo que debería o para que el caballo favorito tenga una diarrea justo antes de la carrera.

-Creo que me han hablado de esto.

-Seguro. Queríamos hacerlo solo una vez. En una carrera jugosita pero no de las importantes. Apostar 200 a 1 por el caballo con menos probabilidades de ganar. Doparlo con una mezcla que había ideado Ricardo y al resto de potros diluirles algo de tranquilizante y viagra en la bebida. Nuestro caballo ganaría la carrera mientras el resto de jamelgos estarían demasiado cachondos o cansados para rendir como deberían.

-Y dio resultado.

-Si. Como sabíamos que a todo el mundo le extrañaría lo ocurrido, Ricardo preparó unos análisis adicionales de todos los caballos antes de drogarles para presentarlos en caso de que le pidieran una inspección después de la carrera

-¿Funcionó?

- Estuvimos a punto de forrarnos. Cuando nuestro caballo ganó, yo, que me encontraba en las gradas, me limité a recoger todo el dinero de la taquilla y marcharme enseguida a casa. Imagínate la situación: todo el mundo que salía del hipódromo mirando a una embarazada que se iba con dos bolsas de dinero más gordas que su barriga. El hecho no pasó desapercibido y pronto se comentó por todo el hipódromo, llegando a oídos de la dirección. Por aquel entonces yo ya no salía mucho de casa, estaba de 9 meses esperando el parto y haría un mes que había dejado mi trabajo.

El equipo de dirección instó a Ricardo a que realizara un análisis a todos los caballos. Tuvo que hacerlo acompañado de uno de los chicos que les lleva la comida y el agua, pero para nuestra fortuna, el chaval no tenía mucho interés en lo que hacía (era uno de estos chavales temporales que meten en verano cuando hay más carreras), y a Ricardo no le fue difícil dar el cambiazo a los análisis. Una vez aclarado que no había ningún dopaje de potros, pudo marcharse a casa para bañarse conmigo en dinero.

-Me encanta como consigues convencernos a los hombres para que hagamos esas locuras.

-Era un plan de los dos.

-¿Pero de quién es la idea original?

-No me interrumpas. A la mañana siguiente vino la policía a casa a detenernos. Cuando la dirección se enteró de que una embarazada había ganado una burrada de dinero apostando justamente al caballo que menos posibilidades tenía, llamó a un equipo veterinario externo que se pasó la noche entera haciendo pruebas a los caballos, y claro, aparecieron los resultados. No pudimos gastar ni un billete de 50 y ya estábamos en prisión.

-¿Cuánto tiempo estuviste allí?

-2 días. Dado el estado de mi embarazo, se decidió adelantar el juicio para que no perjudicara a mi hija.

-¿Y bien?

-Era imposible convencer a un Juez de que no fue Ricardo quien drogó a los caballos, si no los dueños del potro ganador, y que, además, los resultados que entregó a la dirección los realizó mal por una negligencia. Para colmo, yo era su mujer, la que había ganado toda la pasta. La sentencia fue clara: 10 años de prisión por estafa y robo.

-¿Y tú?

-Dado que iba a tener a mi hija en pocos días y que no tenía ningún tipo de sustento económico, me dejaron en libertad.

-¿Cómo? Pero eres cómplice, es imposible que te dejaran libre.

-Pues aquí estoy.

-..., Mara, ¿Declaraste en contra de Ricardo?

-¿Qué?

-Has entendido lo que te he preguntado.

-Ya, ains... verás. Ricardo iría a prisión seguro. Bueno, estuve hablando con él en el calabozo y acordamos que diría al juez que todo el plan era suyo y que no me contó absolutamente nada. Solamente me dijo que tenía el gran presentimiento de que ese caballo ganaría y que fuera a apostar por él, ya que él, como empleado del hipódromo no podía.

-¿Un presentimiento tan grande como para hacer una apuesta de 200 a 1?

-Eso parece. El caso es que funcionó. Muchos testigos que me conocían de cuando jugaba estando casada contigo, dijeron que siempre fui muy legal y que nunca estuve involucrada en los sobornos y trapicheos que se suelen montar.

-Por que sabías que eran demasiado sucios como para salir bien parada. Siempre les acaban cogiendo, como a ti.

-Exacto. Pero el caso es que funcionó, y quedé en libertad.

-¿Y la niña?

-Nación a los 3 días del juicio.

-Sin padre.

-Hasta dentro de 7 años y 4 meses.

-Eso es mucho tiempo.

-Mucho tiempo estando sola. Los días se hacen interminables, y no te digo ya los meses.

-¿Y ahora a qué te dedicas?

-Paso casi todos los días en casa cuidando de mi hija. No puedo hacer mucho más, no tengo con quien salir y no puedo dejar a Ariadna sola.

Mi madre me ayuda todos los meses con parte de sus ahorros para pagar el alquiler, la comida y algunos gastos. Solamente algunas noches le dejo la niña a mi madre y pruebo a jugar en el bingo. Al hipódromo dejé de ir.

-Me alegro, espero que sobrevivas con tu hija, ¿Cuánto tiempo tiene ya?

-2 años y 6 meses.

-Está bien. En fin, te voy a colgar, tengo que quitar unos cuantos trastos del salón, tengo invitados para comer.

-¿Los conozco?

-Eh..., bueno si. Viene Cecilia.

-¿Tiene ahora novio?

-Si.

-¿Viene a comer?

-No.

-Creo que le sobra una "s" a tus invitados. Tú te lo pierdes.

-¿El qué?

-Te iba a invitar a comer.

-¿A comer?

-Si a comer ¿Qué pasa?

-No hablamos en 4 años y decides justo hoy invitarte a comer.

-Pues sí, ¿Te molesta?

-En absoluto

-¿Y bien?

-Preferiría ir a cenar cuando la niña esté acostada. Ya sabes que no me llevo muy bien con los renacuajos

-Ariadna duerme todo el día, a partir de las 2 se duerme.

-Mira... si quieres voy a cenar, lo tomas o lo dejas.

-Calle Zarza quemada 38, 4C

-Me pasaré a partir de las 10

¡Click!


Parece que no me va tan mal como creía.

26.8.08 

Abducido


Siempre es la misma jodida historia. Todos fumamos, pero cuando hay que acercarse al estanco del pueblo parece que nadie tiene mono de fumar. A nadie le aparece un tic en el ojo o se pone ligeramente más violento de lo normal. Todos aparentan estar normales pese a que no nos queda ni un solo cigarro del tabaco comunitario que compramos.

-Joder necesito fumar un cigarro
-Mañana nos acercaremos al pueblo y compraremos suficiente hasta el final del campamento, no te preocupes.
-No, no lo entiendes. Esta marcha nos ha llevado 8 horas entre ir y volver y nos quedamos sin tabaco nada más hacer el primer descanso. Encima a dos niños les ha dado una bajada de tensión con el calor y me ha tocado cargar con parte de lo que llevaban durante toda la vuelta. Necesito un jodido cigarro ya mismo.
-! Pero si estamos apestando! Será mejor ir a las duchas. Mañana compraremos tabaco de sobra.
-Da igual como olamos, veo que no lo entendéis. Por cierto, no sabréis si alguno de los niños...
-Que el mayor tiene 14 años por favor...
-Bueno, pues me marcho yo solo a por tabaco.
-Pero si van a cerrar ya mismo, no te va a dar tiempo.
-Si que me da tiempo, os lo puedo asegurar. Además, el campamento está todavía a un rato con la marcha de niños, desde aquí llego antes al pueblo.
-Bueno, no podrías entonces comprar un poco de...

La mirada que le planto no le permite terminar la frase. El resto de monitores del campamento ni se molestan en intentarlo. Aunque me lo suplicaran de rodillas con rezos medievales a la vez que me lamen el culo, no habría aceptado comprarles algo de tabaco. Ni al triple de su precio. A todos menos a esa de las tetas que parecen dos pasteles de nata, Azahara creo que se llama.

La fila de chavales sigue hacia delante con dos monitores a la cabeza. El resto de monitores nos quedamos durante unos segundos en silencio hasta que comienzan a marcharse tras la fila de niños que se aleja. Ninguno me mira. Me dirijo lo más rápido que puedo al pueblo y de paso evito escuchar algún estúpido cuchicheo sobre mi conducta. Cruzo varias subidas arenosas adornadas con poco más que un par de eucaliptos y retamas olvidadas que contrastan platónicamente con el desértico aspecto que está tomando la zona. En la carretera, sudando como un cerdo pese a ser ya las 8 y poco de la tarde, levanto mi dedo a un par de coches que viajan en dirección a mi destino: Villanueva De la Rama Seca. Los conductores tienen la delicadeza de ignorarme, por lo que les obsequio con distintos insultos sacados de la cosecha de mi vocabulario más refinada.

Una vez en el pueblo, tengo que sortear todas las miradas de sorpresa, curiosidad, desprecio y hasta incomprensión de los pueblerinos de la zona, congregados alrededor de la plaza central como hormigas sobre un escarabajo muerto. No hayo más de 40 personas. El pueblo está formado por 4 cortas calles, una plaza, el indispensable bar, un estanco y un ultramarinos. Me dirijo a toda velocidad hacia el estanco para encontrarme con la puerta está cerrada. Son las 8 y 20, el cartel del el horario de verano indica que cierran a las 8. ¡Joder!
Me acerco al bar y pregunto si tienen máquina de tabaco, el barman, si se le puede llamar así, niega con la cabeza sin despegarla del brazo en la que la tiene apoyada. Su mirada se mantiene inerte, al igual que el oscuro y pegajoso bar, que no cuenta con más que un cliente que sobre la barra imitando como un mono la pose del camarero. Jugando a las 7 diferencias solo se distingue una: la gran jarra de cerveza posada frente a el. La situación me hace plantearme quedarme en el bar un rato, dejar la mochila a un lado y tomarme unas jarras de cerveza para disipar mi irritación en aumento ante la falta de nicotina. Pensándolo mejor, es muy probable que acabe bolinga, lo que disparará de forma bestial mi mono del fumeque. Además, no me gustaría ver las caras de reproche de los soplapoyas de los monitores, especialmente de Carlos, que se cree el rey de la manada o algo así. Seguro que vuelve a repetirme lo de que hay que dar una imagen delante de los chicos. Qué imagen ¿De príncipe de Bequeler? Encima tiene todo el día a Azahara tetas de pastel danzando a su alrededor como una mariposilla, y el tío sin hacer nada. Fijo que es marica. A Azahara me la traía yo aquí y la emborrachaba como Dios manda, ya lo creo joder, y después ya veríamos.

Salgo fuera y en un acto de desesperación intento preguntar a los abuelos de la plaza si conocen al dueño del estanco. Siempre se habla de la hospitalidad de la gente de pueblo, habrá que comprobar si es verdad. Le pregunto a una mujer canosa que se sostiene sobre un fino bastón que casi se confunde con sus delgadas piernas.
-Perdone, ¿Sabe quién es el dueño del estanco o donde vive?
-¿EL DUEÑO DEL QUÉ?
-Del estanco
-¿DE QUÉ?
-DEL ESTAAAANCO
-Ah no hijo, yo de esas cosas no se. No fumo.

Joder, lo mismo es su hijo el dueño y ni se ha enterado. Me dirijo a un tipo grande al que veo de espaldas sosteniendo un cigarrillo, le toco en un hombro y se gira.
-Perdona, ¿sabe quien es el dueño del estanco o donde puedo encontrarlo?
-El dueño del estanco ¿eh?, si no me equivoco vive en Matalascañas y va y viene en coche, así que veo difícil que lo encuentres hasta mañana.
-Vaya, ¿Y podría darme un cigarrillo?
-Eh... es el último, lo siento.

Y una mierda el último. Fijándome en su cara me doy cuenta de que es uno de los tipos a los que insulté e hice un corte de manga cuando subía por la carretera. Junto a el hay un tipo con boina y con cara de árbol y un abuelete estilo botijo. Éste último, tras su camisa de cuadros ha ocultado el cigarrillo que se está fumando al oír mi pregunta. Desisto y decido volver al campamento. Espero que una ducha fría me quite mucho más que este sudor que empieza a hacérseme demasiado pegajoso.

Tardo casi el doble en volver el campamento, y eso que la vuelta es cuesta bajo. Mi enfado no hace más que aumentar pensando en la noche que me espera: Servir la cena a los más pequeños, tener que aguantar a los cuatro mierdecillas de siempre que nunca tienen hambre y que echan demasiado de menos a sus padres como para comerse la comida que hace otra persona, más tarde acostar a los más pequeños, conseguir que se duerman con cuentos o haciendo el chorra con títeres alumbrados por linternas, y para finalizar, preparar la hoguera para que junto a los más mayores, se haga una valoración de la gran caminata que hemos realizado hoy. Es fácil resumirla: Sol, arena, paisaje desértico, sudar mucho, ver todo el rato lo mismo y acabar la mitad del grupo harto y con ganas de volver al campamento. Si me dijeran que estoy en Arizona en lugar que España me lo creería, no se para que demonios hay que entrar en valoraciones de algo que está tan claro. Luego apuntarlo todo en un cuaderno que nunca más nadie leerá y cantar un par de canciones creyéndonos que somos Indios Apaches o algo así, solo que sin cazar, y cocinando para niños que aún se cagan los calzones. Al menos los Indios tenían su pipa y yo no tengo ni un puto cigarro.

Me dirijo hacia las tiendas de campaña de los monitores a por mi bañador. Por el camino paso por dos zonas de acampadas de los niños, la de los más pequeños por un lado y la de los mayores por otro. Algún que otro renacuajo me saluda, pero la mayoría me ignora, como si fuera un fantasma, lo que pone aún más de mal humor. Aunque sea mi primera vez con este grupo de acampada, he estado ya antes en muchos otros, me merezco un trato igual que el del resto de los monitores, especialmente que el de Carlos. A él todos le quieren. "Carlos puedes limpiarme el culo", "Carlos me puedes abrochar la camisa", "Carlos tengo miedo"..., especialmente las chicas de esa tienda de campaña. Son las mayores del campamento y ya están comenzando con el pavo típico. Paso junto a su tienda y un agradable olor a champú y colonia de chica me invade, lo que me anima a saludarlas con la mejor de mis sonrisas. Por respuesta no tengo más que un frío saludo con la mano de las dos más feas, la gafas y la gorda, mientras las otras simplemente me ignoran. Eso me enfurece aún más, sobre todo cuando me alejo y recupero el apestoso olor de mi sudor.

Al llegar al campamento de monitores, ya están todos duchados y vestidos. Carlos se dirige a mí y noto en él cierta sonrisa con animadversión al ver que mi rostro sigue igual, lo que indica que no he conseguido tabaco. Aún así, me pregunta sonriente, esperando con anhelo la respuesta.
-Que, ¿Conseguiste tabaco?
-Estaba cerrado
-Vaya, lo siento. Mañana compraremos no te preocupes.
-Ya, no queda otra.
-Te hemos dejado el motor de las duchas encendido para que tengas agua caliente, date prisa ya que se apaga cada poco tiempo y hay que bajar al foso a volver a arrancarlo. Es una faena por que se está llenando de agua y se está anegando.
-Marcho ya mismo

Me dijo directamente a las duchas, no por que me preocupe el motor, si no por que prefiero no ponerme el bañador cerca de ellos. Todas las tiendas están ocupadas por lo que no puedo cambiarme dentro, y no me gusta que me vean quitándome la ropa. Siempre me invade una horrible sensación de ridículo, no por mi cuerpo, no es escultural pero tampoco doy ganas de vomitar. Simplemente me siento torpe y hasta grotesco cambiándome de ropa, nunca lo he podido evitar. Me ducharé en pelotas ahora que no hay nadie.
La pila de 8 duchas está vacía, casi que me alegro de haber ido a por tabaco, disfrutar de un poco de soledad en este campamento es un placer que rara vez se da. De hecho hasta podría masturbarme. Las duchas están suficientemente lejos del campamento y no hay razón para que nadie venga aquí estando todo el mundo duchado. Compruebo que nadie se haya dejado ropa olvidada para evitar sorpresas. Solo hay un par de toallas puestas a secar que me van a venir de perlas. Comienzo a desnudarme y justo cuando me estoy quitando los calzoncillos escucho ruido de matojos moviéndose. Me los vuelvo a poner y tras las rocas que cubren la zona de duchas aparece una de las chicas de la tienda de las niñas pavas. No me suena haberla visto antes.

-Perdón monitor.
-Me llamo José
-José... es que todavía no me acuerdo del nombre de todos..., verá, tuve que ir al baño por una urgencia hasta ahora. Se que la hora de la ducha ha pasado pero, ¿Podría...?
- !Por supuesto!, no digas tonterías. No recuerdo tu nombre, ¿Cómo te llamas?
-Ana
-¿Tienes bañador?
-Si, lo tengo debajo de la ropa.
-Pues no se hable más, ¡después tenemos que cenar!

He de reconocer que me ha alegrado esta inesperada visita. Dejaré para otro momento la paja, así puedo conocer un poco mejor a los chicos del campamento. Me pongo debajo de una de las duchas y regulo la temperatura. Pese a que estamos en una zona semi desértica, el agua llega a estar realmente helada y muchos somos incapaces de ponernos bajo ella. Hace pocos días estuvimos en un riachuelo algo profundo, unos cuantos chicos se metieron en el para jugar un rato. Tuvimos que sacar a uno de ellos con calambres e hipotermia. Desde entonces solo les permitimos mojarse en las duchas.

Ya empapado salgo de una de las duchas y cojo el bote de gel, saco gran cantidad que va a parar a mi mano precedida de un prfoff y lo voy a dejar sobre el suelo cuando una pequeña mano me toma el bote. Se trata de Ana, toma el gel algo sonrojada, solo hay un bote de gel en toda la fila de duchas. Comienzo a enjabonarme fuera de la ducha que sigue arrojando agua, aunque la mitad del gel se me ha caído de la mano. No tengo suficiente para todo mi cuerpo pero me da vergüenza acercarme a por más al lado de Ana. Intento enjabonarme todo lo posible con lo poco que tengo y me pregunto de que demonios puedo hablar con ella. Me apetece tener una conversación pero no se me ocurre que demonios decirle, y ya le he preguntado su nombre. Mierda. Está en la ducha mojándose su larga cabellera rubia que se estira aún más con el agua. Aprovecho para fijarme en su cuerpo y descubro que tiene pecas en muchas otras partes aparte de su cara.

Decido meterme bajo la ducha y enfriarme un poco. No se si tendrá 14 años o habrá cumplido ya los 15, pero hay que reconocer que ya tiene un cuerpo bien formado. Me pregunto que habrá estado haciendo en el baño, tal vez ya tenga la regla y de ahí su retraso. Se encuentra de espaldas a mí, terminando de quitarse el jabón del cuerpo y se agacha a por un pequeño bote de champú del pelo que traía consigo. Me muestra su culo marcado sobre en parte inferior de su bikini azul, color que me parece más bello que el azul del cielo. El bikini se transparenta ligeramente y noto como una erección comienza a intentar tomar forma dentro de mis calzoncillos. Ana, todavía de espaldas a mí y con el bote de champú en la mano me dice:
-He notado como me has mirado estos días en la ducha cuando estamos todos, me atrae mucho.

¿Qué coño? Una sensación helada inunda mi cuerpo. Mi cabeza va a estallar, casi no me sostengo sobre mis piernas, el agua está helada, parece que caen miles de estalactitas sobre mí. Salgo saltando de la ducha a la par que Ana, que pega un grito. La miro confuso, sus pezones están marcados por el frío. Joder, quítate eso de la cabeza.

¿Ha dicho realmente eso?, juraría que si aunque... tal vez sea del agua congelada, o tal vez me haya dicho otra cosa. Podría preguntarle... mejor no joder, no la cagues, aquí no, podría meterme en problemas, olvídalo. Llevas mucho tiempo sin echar un polvo, solo es eso.
-Es el motor, se ha vuelto a parar, ¿necesitas agua caliente?
-Iba a lavarme el pelo - dice mostrándome el champú en su mano.
-Muy bien, pues te lo arreglo un momento ¿Ok?
-¿Puedo ayudarte?
-Claro

Ana aprovecha para enjabonarse el pelo húmedo mientras vamos hacia el motor. El champú le va cayendo por los hombros formándole distintas líneas de jabón y agua en el cuerpo, como si fueran tímidos ríos que no saben por qué parte de su cuerpo descender. Algunos permanecen en sus hombros, pero otros deciden descender por unos pechos recientes y muy bien formados que apenas han visto la luz, y otros, los más osados, descienden aún más, hasta su intimidad. Me pregunto si estará poblada... mejor lo olvido, ¿Por qué no le pregunto si me ha dicho algo en la ducha? no, no, no ha podido decir nada, estás tonto, deja de tener pensamientos absurdos en tu cabeza.

Llegamos hasta el motor y efectivamente está apagado. Hay que bajar al foso por una doble cuerda que hemos atado a un poste y ponerlo de marcha tirando de un viejo cordel. El motor es muy antiguo, y aunque bombea agua a las duchas, por el camino se escapa mucha cantidad, lo que ha hecho que cada día el foso esté más encharcado y sucio.
-¿Puedo bajar?
-¿Perdona?
-Que si puedo bajar, se como funciona, mi padre es mecánico.
-Ya Ana, pero es peligroso. Es profundo y te puedes resbalar con todo el barro que se está formando.
-Por favor..., ¡Si hasta he reparado bujías con mi padre!.

Me mira esperanzada con verdadero deseo por bajar, y el tono en el que me lo suplica, me hace tambalearme. Me mareo, como si al fijarme en sus ojos verdosos depositados con tanta gracia sobre su pecosa cara y el tono que ha usado para pedirme arrancar el motor, fuera algo demasiado precioso para mi percepción. Como cuando vas al cine y tienes la suerte de ver una de esas escenas que jamás olvidarás pero que tampoco podrás volver a revivir en un cine. De esas escenas que te erizan el pelo de todo el cuerpo y te hacen sentir justo en ese momento vivo, realmente vivo.

No puedo negarme, estoy embriagado.

-Pero al subir agárrate bien de la cuerda y luego me agarras la mano ¿Eh?

Mientras desciende por la cuerda me asomo al foso y me fijo en su cara que todavía refleja reminiscencias de una naturaleza infantil abocada a morir, que dará paso a algo mucho más grande e irremediablemente más feo, horrible, despreciablemente fútil. Me doy cuenta de que todo el atractivo que encierra esta chica no se encuentra sobre su cuerpo recién formado, atractivo y apetitoso como un filete de la carne más tierna y jugosa de un joven novillo. Es su cara, su mirada, que todavía conserva la inocencia de quien aún no ha visto lo que depara la vida. Una mirada limpia y pura, sin odio, sin resignación ni asco, esperando todavía milagros que caigan del cielo o que los saquemos nosotros de la manga, todavía a salvo de tomar el camino que tarde o temprano todos comenzamos y que nos lleva a acabar como muchas de ellas, mirándome con asco, sin ni siquiera conocerme, sin haber hablado conmigo, sin esperanza o interés en todos los demás y sin darme una oportunidad a . Todo por culpa de gilipoyas como Carlos, que hacen este mundo un poco más apestoso y a las mujeres todavía más incrédulas. Hay que salvar a este ángel del futuro que le aguarda, pero, ¿Cómo?, no se la puede aislar del listado de decepciones que le van a llegar por todos los medios existentes.

-Tú también me atraes, mucho.

Se encuentra tirando de la cuerda del motor, ruge pero no arranca. No puedo haber dicho eso, mierda, espero que no se haya enterado.
-Es normal que te sientas atraído por mí, no te avergüences. Yo no soy como las demás, como ninguna de aquí, ¿Y sabes por qué?, por que no soy de esta época, vengo del futuro.

El corazón comienza a palpitarme a toda velocidad y siento picores en las manos, ella sigue tirando de la cuerda con más fuerza. Intento decirle algo pero mi garganta se ha quedado muda. Ana sigue de espaldas pero sin embargo, puedo escucharla en mi mente, como si me hablara telepáticamente.
-Se cual es tu problema, por eso he venido desde el futuro hasta tu época. En el futuro podemos visualizar la historia, la historia de verdad, la de todas y cada unas de las personas que habitaron la Tierra, planeta ya extinto. Y muchos como yo, intentamos obsequiar a aquellos que en su vida no tuvieron aquello que merecían. La raza humana vivió un gran salto evolutivo en el año 2421, por fin la ciencia consiguió eliminar los genes de la maldad. Se creo una gran comunidad de seres como yo, que marchamos a las colonias de Júpiter a desarrollar una nueva humanidad carente de cualquier vileza, sin humanos de los de tu especie. La población maligna siguió en la tierra hasta acabar extinguida con la llegada del siglo XXVI y la quinta glaciación. Desde entonces realizamos viajes en el tiempo haciéndonos pasar por humanos malignos para poder dar otra oportunidad a quienes se la merecen, sin que nadie se percate de nuestro aspecto diferente, limpio, carente de aquello que os aniquiló.

El motor comienza a funcionar, Ana se gira y veo el cambio que se había forjado en su cuerpo. Sigue siendo ella pero ha mutado parte de su cuerpo. Persiste su mirada impoluta, y prácticamente su cara no ha cambiado, conservando como un pirata su tesoro las inocentes pecas. Su cuerpo sin embargo ha crecido, si bien sin cambios radicales, pero tomando la forma de una mujer de unos 28 años. Siento a su alrededor una fuerza extraordinaria, como si un potente imán se hubiera instalado en la fosa y su magnetismo se extendiera con fulgor a todas direcciones. Ella me sonríe desde la fosa y me hace un gesto con la mano indicándome que baje. Desciendo rápidamente por la cuerda y al bajar la tengo frente a mí. Está algo sorprendida, parece que quiere que salgamos fuera. El motor cada vez hace más ruido y debe de molestarla pero me da igual. La miro fijamente y descifro en sus ojos todo lo que ha venido a traerme, la recompensa con la que me obsequia tras todos estos años jodido en este cenagal llamado vida. La miro feliz, la miro lleno de amor, como ella. Me acerco a ella a la vez que siento con más fuerza su magnetismo, pese a que da pequeños pasos hacia atrás. Choca con el motor y se hunde con las piernas ligeramente abiertas y enterradas en el fango. Su mirada se vuelve cada vez más brillante, mas atrayente, hasta más acuosa. Entiendo por donde quiere comenzar toda su recompensa a mis años de sufrimiento y sin más miramientos me saco la poya de los calzoncillos, chorreando de emoción. Ella se estira de un respingo y me facilita así que le baje el bañador, quedándole entre las rodillas. Su magnetismo entonces se me hace insoportable, siento como todos los sonidos a mi alrededor son cada vez más claros, más fuertes, ¿Es así el futuro? ¿Es esta realmente la vida?, todo mi cuerpo tiembla, los brazos me duelen, la carne se me desgarra, las piernas me tiritan cada vez más, como si hubiera un terremoto. Un fuerte sonido me penetra cada vez más intensamente y dolorosamente en la cabeza a intervalos descompasados. ¿Estaré viajando con ella al futuro? ¿Qué es todo este temblor que hay alrededor nuestra? Comienzo a meterle mi poya nerviosamente. Noto sus labios ceder poco a poco a la embestida, a la vez que la sensación de pérdida de control de mi cuerpo se intensifica hasta ser demasiado dolorosa. Mi cuerpo no está preparado para un amor tan inmaculado. Las sensaciones puras, los sentimientos auténticos, hieren a seres como yo, demasiado contaminados en la existencia actual. Siento como le entra mi poya del todo y es demasiado intenso, hay más dolor que placer, pierdo el control de mi cuerpo. De repente, todo es oscuridad.

***

Fuerte dolor sobre mi cabeza, tengo ganas de vomitar, creo que me mareo aunque no puedo comprobarlo con exactitud. Está todo oscuro a mí alrededor. No puedo moverme, mi cuerpo no responde. ¿Dónde estoy? Percibo un sonido eléctrico, un leve zumbido como de aire acondicionado o una nevera. Mis ojos, poco a poco se adaptan a la oscuridad que impera alrededor mía. Estoy en una habitación, no es muy grande, hay una puerta a lo lejos por la que entra algo de aire fresco, pero nada de luz. Todo sigue siendo oscuridad a mi alrededor. La habitación está completamente vacía, o eso creo. Intento ver algo más pero me encuentro casi ahogado en un lago de petróleo, sin poder ver y sin poder mover mi cuerpo. La cabeza me vuelve a doler, tengo que cerrar los ojos con mucha fuerza para intentar disminuir el dolor !aghh!, me tumbo sobre el suelo de nuevo y me vuelvo a dormir, casi obligado por mi organismo. Algo tiene que andar mal en mi interior para que necesite volver a cerrar los ojos.

No se cuanto tiempo llevo despierto, he estado dormitando durante mucho tiempo, confundido entre sueños y pensamientos, sin poder separar unos de otros. ¿Qué fue lo que pasó? Estaba con esa chica del futuro cuando de repente todo se hizo oscuridad. ¿Fui secuestrado? ¿Abducido? Decía que era del futuro, tal vez me haya engañado y en el futuro se dediquen a secuestrar personas para usarlas como mano de obra. O peor aún, para experimentar con nosotros. ¿Y si son extraterrestres? ¿Y si es una alienígena camuflado de humano que pretendía abducirme?
Ahora lo entiendo, he sido abducido. Como en el documental ese que vi de los campos de maíz. Aquí en España también hay abducciones, siempre es lo mismo, se aprovechan de quienes estamos desprevenidos en el campo, lejos de las ciudades donde serían descubiertos. Ahora que recuerdo..., después de la oscuridad, había alguna especie de luz. Luces fuertes, intensas, mucho ruido, voces y mucho movimiento violento. Seguro que era su nave despegando, huyendo rápidamente una vez que me han secuestrado. Me pregunto si se habrán llevado a más personas del campamento o si lo habrán destruido... como la casa blanca en Independence Day.

Me pongo muy nervioso recordando distintas películas de invasiones alienígenas y no puedo evitar vomitar. Para mi sorpresa, mis piernas me permiten inclinarme hacia delante y aunque no puedo apoyarme con mis brazos, que siguen permaneciendo inmóviles, consigo echar fuera de mi estomago un puñado de bilis. Al intentar levantarme con mis rodillas, resbalo y recibo un tortazo contra el suelo resbaladizo por el contenido de mis instentinos. Consigo reclinarme hacia atrás y apoyarme contra una pared. Las piernas me funcionan sin problemas pero tengo algo en el cuerpo que me impide moverme de rodillas para abajo. No siento mis brazos, creo que mis dedos responden pero no puedo comprobarlo, me aterra pensar que han podido hacer..., tal vez no tenga mi cuerpo completo, o peor, no esté sobre mi cuerpo, como en Mars Attack, y me hayan cambiado la cabeza con vete a saber que organismo.

Pasa el tiempo, no se si mucho o poco, comienzo a desesperarme. No se oye ningún ruido y me pregunto si me han dejado aquí hasta morir. Tal vez ya esté muerto y esto sea lo que nos depara la vida. Sin embargo, cada vez siento más hambre, me siento más cansado y hasta creo que me estoy meando. No, no puedo estar muerto. Pruebo a hablar, apenas me salen las palabras, noto mi miedo que apresa el timbre de los vocablos, irregulares, débiles. Cuento hasta 10 oyéndome en un pequeño hilo de voz. Mi respiración se tranquiliza, aún estoy vivo. Vuelvo a cerrar los ojos y a dormirme. Aunque solamente duermo y tengo vagos pensamientos, me encuentro muy débil. El olor a vómito comienza a ascender a mis fosas nasales, se me hace insoportable, así que me arrastro como un gusano lejos de él, finalmente llego a lo que creo que es la puerta ya que siento como aire fresco entra por una pequeña rendija que hay junto al suelo. Vuelvo a dormirme.

Estoy solo en un bosque, es de noche y todo tiene un extraño color verdoso. Camino por tierra mojada que hace un extraño ruido metálico, como si anidara por placas de metal. A ambos lados del camino solo distingo miles de árboles que se pierden en la oscuridad, el verde se convierte en negro y nada más. Miro hacia el cielo buscando las estrellas pero solo veo una noche cerrada, sin estrellas ni luna. El cielo también tiene ese mismo color verduzco que me inquieta. Camino cada vez más rápido, me pregunto que habrá en alguno de los lados del boque, pero soy incapaz de acercarme a ellos, me aterrorizan, no hay ninguna razón, no hay nada de lo que deba asustarme. De pronto oigo otro ruido metálico proveniente del camino, como el de mis pasos, pero mucho más acentuado y rápido. Cada vez suena más rápido y tengo miedo. Comienzo a correr más y más, miro hacia atrás pero no veo nada, corro, corro sin parar, comienzo a chillar, quiero salir del bosque. Vuelvo a mirar hacia atrás y los pasos dejan de oírse, paro de correr y respiro aliviado. Me giro hacia delante y no hay más camino, solo bosque. Me giro y todo el recorrido que he realizado ha desaparecido, estoy rodeado de denso bosque en un pequeñísimo claro. Comienzan a aparecer pequeñas miradas, blancas, brillantes, como luciérnagas. Algunas me miran curiosas, otras no me inspiran confianza, comienzo a tener miedo, no me muevo del claro, no quiero entrar en el bosque. De repente todo comienza a temblar, hay un terremoto, muchos árboles comienzan a caer, oigo chillidos, chillidos de niños que parecen sufrir mucho, niños que suplican ayuda, que piden que les dejen en paz. Comienzo a correr por el bosque y me acompañan, cada vez más fuerte, más chillidos. No lo soporto, me tapo los oídos y corro, los temblores son cada vez mayores, caen árboles en todas direcciones, los esquivo como puedo, tropiezo con uno y caigo de boca pero no hay suelo, comienzo a caer, caer y caer, cada vez más rápido, tengo mucho miedo, parece que no tiene fin el lugar donde estoy, la velocidad es cada vez mayor, y de repente, siento algo cercano que estoy seguro de que es el suelo. Caigo demasiado rápido, el corazón se me dispara, soy incapaz de chillar, voy a morir al instante, me voy a desintegrar, noto como el suelo está a pocos metros de mí y va a destrozarme los huesos. Despierto.

Algo me empuja en las piernas, me asusto y comienzo a rodar, estoy empapado en sudor y me tiembla todo el cuerpo. Al rodar se abre una robusta puerta y un gran destello de luz me abrasa los ojos. Cierro los párpados y distingo dos tipos muy grandes y fuertes que se acercan a mi y me agarran cada uno de un hombro. No me dicen nada y me hacen caminar. Me cuesta mover las piernas, me siento muy débil y la luz que viene de fuera no me deja ver nada. Comienzo a caminar con los ojos cerrados, oigo el ruido metálico de nuestros pasos y siento como un trapo me limpia mi boca todavía manchada de vómito. Después de un rato caminando nos paramos. Reclino por primera vez mi cabeza, la poca luz de la estancia donde estamos no me molesta en exceso y comienzo a ver con más claridad. Ante nosotros hay una gran puerta que se abre, y al cruzarla, dos tipos de traje negro me observan detenidamente. Observo que los dos hombres que me llevan también van vestidos de negro que contrasta con su blanca cabeza rapada. Su semblante es serio, tienen gesto y pose idénticos, y sus miradas, frías como una piedra, no me permiten averiguar nada de ellos. Uno se da cuenta que los estoy mirando y me gira la cabeza con brusquedad. Me limito a mirar hacia delante como un caballo.

Recorremos un largo pasillo muy ancho, está compuesto por gran cantidad de plantas, tantas que cuando intento mirar arriba para verlas todas no me alcanza el cuello ni la vista. Hay grandes focos de luz circulares colocados de forma lineal y perpendicular durante todo nuestro camino. Consigo distinguir en cada planta estancias selladas por barrotas. Parecen cárceles. Plantas y plantas repletas de barrotes y nada más, miles de kilos de frío metal. Y entonces, comienza el ruido

Miles de rejas chocando, estridentes tintineos, mamporros y golpes metálicos, cientos de gargantas, o de algo parecido, chillando, chillando a todo pulmón, animales vociferando, relinchando enfurecidos. Parece que están siendo cazados. No se si es humano lo que hay a mi alrededor. Me acojono y me limito a mirarme a los pies hasta que llegamos a la siguiente puerta. Compruebo que estoy completamente vestido de blanco y que diversas correas, fuertemente amarradas, adornan mi escasa indumentaria. Cruzamos una segunda puerta igual a la anterior y llego a un espacio radicalmente diferente, de techos bajos y paredes de madera. Hay sofás y hasta expendedores de agua, y el aire no está cargado como en la estancia anterior. Los dos tipos de negro me hacen cruzar dos largos pasillos carentes de cualquier tipo de decoración más allá de los marcos de las puertas, y me llevan hacia un portón de los miles que pueblan el tercer y más largo pasillo que recorremos. Paramos frente al portón y uno de los hombres de negro me gira sobre mis pies y me examina de arriba abajo. Noto como fija su mirada en mi paquete y se lamenta con la cabeza. Me miro y alcanzo a ver parte de una gran mancha que todavía está fresca en mi entrepierna. Me vuelven a la cabeza los gritos animales provenientes del gran pasillo que recorrimos durante un tiempo que me pareció una eternidad. El corazón me vuelve a tomar un ritmo demasiado rápido y se mantiene constante cuando el segundo hombre de negro abre la puerta y me insta a entrar.

Dentro aguarda un reducido despacho, compuesto por una pequeña mesa de oficina atestada hasta arriba de papeles en la que destacan 3 teléfonos de diferente color. Tras ella hay dos tipos. Un hombre enchaquetado con un traje barato, de unos 45 años, lleva un denso bigote y el pelo excesivamente engominado y estirado hacia atrás. Fuma un cigarrillo con desprecio, como si no lo disfrutara. A su lado se encuentra sentado un tipo vestido completamente de blanco, con un pequeño gorro similar a los delos nadadores al que tiene adherida con una goma elástica una pequeña linterna. Lleva gafas de topo y es viejo, muy viejo. La piel le cuelga de la barbilla y garganta y sus manos son excesivamente huesudas. No para de pegar y despegar sus dedos mientras me mira con descarado interés desde que entro en el despacho. Los hombres de negro me hacen sentarme en una de las dos sillas que hay frente al escritorio e intento mirar a la cara a los dos tipos que tengo ante mí. El gran ventanal que hay en la pared y la luz que desprende, me impide mirarles fijamente mucho tiempo. Comienza a hablarme el bigotudo..

-Bueno, ejem, señor Rodríguez, sabe por que está aquí ¿Verdad?
-¿Y donde estoy?
-Venga por favor..., no se ande con jueguecitos, tengo un día muy largo y a mucha gente que ventilar, no nos va a decir nada que no sepamos ya.
-Mire, he sido abducido o testigo de un viaje inter espacial por el tiempo, creo que merezco una explicación de que está pasando aquí.
-Ya empezamos...
- !Es más! !Ni si quiera se quien cojones sois vosotros! ¿Cómo se si no me habéis atrapado como mano de obra para vuestras construcciones futurísticas? ¿Cómo se si no estoy hablando con identidades falsas?
-Por favor, señor Rodríguez, cálmese y escúcheme con atención.
-! Escúchame tu a mí, he sido testigo de lo que toda la humanidad anhela conocer y ahora me trata así!
-¿Cómo?
-! Así, con esa pose suya y esa forma de echarme el humo a la cara, con desprecio, como si no creyeras nada de lo que le estuviera diciendo ¡
-¿Y acaso debería de creerle?
- ! Ya lo creo, y deberías darme un cigarro ¡
-No creo que pueda fumar con los brazos amarrados a su cuerpo, no sea más insensato. Mejor le voy a decir las razones que tengo para no creerle.
-! Venga, suéltelas, no tendrán fundamento, pero al menos déjeme darle una calada a su cigarro!
-Está bien, pero tendrá que dejar de responderme con insolencias a cada cosa que le diga. ! Y deje de pedirme tabaco, aquí solo fumo yo y usted se va a joder!
-! Pues deja de mirarme así y de fumarte ese maldito cigarro pedazo de...!

El tipo del bigote le hace un gesto a los dos hombres de negro que se encuentras detrás de mí y me ponen una mordaza en la boca. Al principio me resisto como puedo y consigo pegarle un bocado a uno de ellos, no le arranco el dedo como es mi intención y tan solo consigo que pegue un grito. Les enfurezco bastante, no está nada mal. No me fío de esta gente, son muy, muy, muy raros, especialmente el de la linterna en la cabeza. No dice nada y no para de mirarme con unos ojos que me producen repelús y vergüenza, como si pudiera leer todo lo que estoy pensando con un par de miradas.

El tipo de blanco le cuchichea algo al oído al bigotudo. Éste apaga visiblemente descontento el segundo cigarro que se fuma desde que entro en el despacho sobre un cenicero atestado de colillas no demasiado viejas. Me mira con gravedad y comienza a jugar con un mechón de pelo de su bigote.

-Veamos señor Rodríguez..., conoce usted a Carlos Hierro, monitor de verano ¿cierto?
-MmmmMmmhhmhmmhmm
-Era una pregunta figurada joder, le he dicho que ahora solo hablo yo. Hace dos días, a eso de las 9 de la tarde usted se encontraba en un campamento Scout de verano y se disponía a ducharse. Si no me equivoco, fue antes a por tabaco al pueblo sin éxito. Según nuestras investigaciones, una chica del campamento, Ana, de 14 años de edad, se duchó a la vez que usted ya que no pudo hacerlo a la hora que le correspondía. Se duchó en una ducha diferente a la suya. El motor que regula la temperatura del agua y que la lleva a las duchas se apagó así que fueron a activarlo de nuevo, siendo Ana, la chica que iba con usted, quien bajó a la fosa donde se encuentra el motor para encenderlo, algo extremadamente peligroso dada la potencia que tiene el motor y el estado de la ciénaga, empantanada a unos niveles que dificultan entrar y salir de la misma. Una vez arreglado el motor, usted decidió descender a la fosa e intentar mantener relaciones con ella, o más claramente, intentó violarla sin ningún preámbulo. Ella opuso gran resistencia y le causó varias heridas en el cuerpo, espalda y brazos principalmente, mientras usted intentaba llevar a cabo su acción. Sus fuertes chillidos alertaron a los monitores que acudieron lo más rápido que pudieron a la fosa. El primero en llegar fue Carlos Hierro quien le propinó un fuerte golpe en la cabeza que en pocos segundos le dejó inconsciente. Estuvo a punto de morir dada la fuerza con la que fue golpeado, y créame, muchos lamentamos que así no fuera. Fue curado por un equipo médico de emergencia en una ambulancia que le trajo directamente a prisión. Posteriormente fue denunciado por pederastia y violación por Carlos Herrero, la chica de la que abusó y diversos monitores. Lleva dos días aislado en una celda especial con la finalidad de que cualquier estado mental, propio o inducido por algún agente externo, haya desaparecido, o al menos mitigado. Así mismo hemos comprobado sus antecedentes y cotejado varios casos de pederastia que teníamos sin resolver con su expediente, pero para su fortuna no tiene ningún cargo ni se le puede relacionar con ningún delito sin resolver. A continuación le vamos a hacer un examen médico para comprobar si había consumido estupefacientes o alcohol y cual es el estado de su salud mental. Antes del examen, el Doctor Pompeyo le va a hacer unas aclaraciones que a muy seguro le harán comprender por qué está aquí si es que todavía piensa que esto es una equivocación. Por lo que a mi respecta, no tengo más que decirle, y créame que me importa un cojón lo que quiera contarme. Podrá decir todas loas tonterías que desee ante un juez en un tribunal, y no le repito las 3 normas básicas del detenido por que estoy seguro que las conoce por esas series cutres que echan en televisión. Le dejo con el doctor, espero que como mínimo le caigan 30 años, si es que sobrevive a los presos que le van a acompañar.

-Señor Rodríguez, soy el doctor Pompeyo. Estará pensando que lo que le decimos aquí no tiene sentido y que se trata de una equivocación. Como usted dice, cree haber sido abducido y visitado por seres de otra dimensión. Déjeme aclararle un aspecto sobre su organismo y, prácticamente, el de todas las personas. Muchas veces los humanos vivimos situaciones límite en la que llegamos a estados de tensión cuyo nivel es demasiado alto para que nuestro cuerpo lo soporte. Ya que no podemos tolerarlo por mucho tiempo, nuestra mente imagina mentiras, mejor dicho, provoca alteraciones de la realidad, para que la tensión física que sufrimos, y sobre todo, la tensión emocional, disminuya evitando así problemas como un infarto o paro respiratorio. Estas alteraciones de la realidad no producen lógicamente un cambio de ésta, si no que nuestro cerebro interpreta aquello que vivimos de una forma irreal pero agradable para nuestro organismos.

Las alteraciones de la realidad varían con cada persona y con que objetos le provoquen la tensión. Hay quienes no las sufren, quienes las sufren ante situaciones muy concretas -algo que hasta ciento punto es normal- y quienes la sufren más de lo recomendable. En éste último caso se aplica un tratamiento para controlarlo ya que puede ser un peligro para uno mismo y para el resto de la sociedad.

La alteración de la realidad se produce normalmente por un conflicto entre el deseo de una persona y su sistema ético o de valores morales, o en otras palabras, entre lo que uno desea hacer y lo que cree que no se debe de realizar. Cuanto más integrado se tenga un sistema de valores hieráticos y más rompa con una de sus normas o valores aquello que desea realizar, es más probable que comience la tensión emocional, y que, a medida que ésta aumente al no conseguirse resolver el conflicto entre la ética y el deseo, la mente acabe mostrando una realidad alterna que de una forma u otra, le permita realizar la acción deseada sin ningún tipo de remordimiento o sentimiento de culpabilidad.

Una vez aclarado este punto, vamos a hacerle un examen médico profundo. Vendrá con nosotros al hospital penitenciario que se encuentra justo aquí al lado, saliendo de este pasillo. Le inyectaré un somnífero que lo dormirá y le haremos bastantes pruebas para comprobar cual es su estado físico y mental, pero mucho me temo, que para su desgracia, no vamos a encontrar nada absolutamente anormal, o al menos, para que un juez le estime irresponsable del delito que ha cometido.

Por favor, deje de llorar y acompáñenos.


8.8.08 

Frias teclas

Miro las teclas de mi ordenador,
algunas gastadas,
otras sucias,
y algunas, afortunadas, apenas usadas.

Me pregunto que postura tomaría Hemingway en su sillón,
mientras escribía Muerte en la Tarde,
o si estaría Bukowski borracho
mientras se desintegraba con Cartero,
si Irvine Welsh hace un esquema de sus enrevesadas historias,
o simplemente las tiene en la cabeza,
es más,
tal vez se desploman en su mente, blanca, perenne, inocua,
y van germinando con cada tecla que acribilla,
primero despacio, con miedo, acompañado de dulzura,
para acabar bailando sus dedos en un disparo continuo
de tac, tac, tac, que no da respiro,
hasta que el mamotreto es terminado,
sucio,
pero terminado.

No se si Chejov se tomaría descansos mientras escribía un relato,
o si no dormía hasta completarlo,
tal vez retomara alguno tras semanas de olvido,
otros simplemente los dejaría un tiempo de lado,
el tiempo justo para masturbarse un rato,
o para leer algo que realmente le parecía bueno.

¿Y Palahnkiuk? ¿Pasa más tiempo escribiendo,
o documentándose?
Más y más columnas, montañas, cataratas de libros
para conseguir jugosa información, que una vez ordenada,
recortada, mutilada, medianamente maquillada y por supuesto,
prostituida,
le hará millonario con relatos cargados de virutas de realidad,
que nos estremecen y nos embriagan,
mientras nos preguntamos,
¿por qué no nos contado ésto antes?

Con Miller no hay dudas,
mientras tenía una mano en el teclado,
la otra le masturbaba,
y con un ojo se miraba en el espejo,
sonreía satisfecho, y vomitaba 300 páginas impolutas.
Luego venían las amigas, o las enemigas, las que le caían mal,
y a las que solo podía amar, y con todas, antes, durante y tras el coito,
infinito, por ponerle una medida de tiempo,
lleva encima a su máquina, junto a la cama, fornicando con ellos,
durmiendo a su vera, y hace tic tic tic, tac tac tac,
y sorpresa,
mamotreto de 487 páginas,
y un bostezo antes de dormir.

Me pregunto que tuerca les girará a todos ellos en la cabeza,
si es que algo gira en ellos, y no entorno a,
que sienten, que piensan, si se arrepienten, si tienen miedo,
o si simplemente la sueltan,
deja que la palabra fluya libremente,
luego la vuelven a amarrar,
y con lo que haya estado haciendo,
ya sea jugando en el barro o en la casa de muñecas,
lo amoldan y lo muestran
¿Les gusta?

A mi no, no me gusta lo que teclean mis dedos.

Espero que a ellos tampoco.

6.8.08 

Cogido por los huevos


Quedamos junto a un destartalado kiosco verde, punto de partida de un largo paseo marítimo construido hace ya tanto tiempo, que la dejadez y la suciedad, los gatos preñados, los erizos en busca de una nueva madriguera y las parejas sin mejor lugar para contarse secretitos al oído, hacen de él un romántico lugar. Está salpicado por unos cuantos recovecos por los que puede uno perderse, para acabar a solas frente a las olas que rompen y mueren contra las desgastadas piedras que sustentan este camino de rosas, si no están ya ocupados por quien disfrute de la intimidad de su chica, de la confidencialidad que otorga la cerveza, o junto a cualquier cosa que en definitiva alivie la pena que discurre entre los pliegues de nuestra materia gris. El discurrir de las olas ampara a todos los que nos perdemos por este sendero intentando calmar las dudas que nos corroen día tras días, para olvidarnos de las respuestas que ya conocemos demasiado bien, y por que no, intentando encontrar otras nuevas.

-He traído una botella de vino tinto, no es gran cosa pero no sabe nada mal.
-No me gusta el vino tinto, la última vez que lo bebí me entraron ganas de arrancarme la cabeza al día siguiente.
-No se diga más. ¿Te gusta la cerveza?
-Me encanta

Tiro la botella al mar y me acerco al destartalado kiosco, habitado por una señora de aspecto similar a su negocio. Posada sobre un taburete que apenas se tiene en pie, mira aleladamente el techo.

-Perdone, ¿Tiene cerveza?
-¿Si joven?
-Que si tiene cerveza. 2 Litros.
-Huy que va hijo..., hace mucho que no vienen por aquí los de suministros.
-Venga, algo tendrá que tener ¿no? ¿Vino Blanco?
-Nada, nada. Déjame que mire pero no te aseguro nada.

Me aparta su raquítica mirada y con gran esfuerzo abre una gran nevera. Introduce un esmirriado brazo que temo que quede congelado al frigerador pero tras andar trasteando un buen rato en su interior saca 2 latas de cerveza. Bingo.

-Son las dos últimas que me quedan, espero que vengan pronto a repostar.

Le pago y observo el aspecto no similar, si no idéntico, que tienen el kiosco y la propietaria. Me pregunto cual de los dos tendrá más años si no es que nacieron al mismo tiempo y están envejeciendo a la par. Cuando la dueña muera, estoy seguro de que la putrefacta madera que sostiene el inestable comercio se derrumbará, probablemente con ella dentro.
Me giro y fijo la mirada en las largas piernas que permite ver el vestido de Laura. No están nada mal, son robustas y grandes, tal vez les sobra un poco de carne pero por otro lado indican que es probable que en otras partes de su cuerpo haya suficiente chicha como para agarrarme a ella y estar sin desengancharme hasta el amanecer. El vestido es holgado, demasiado holgado, y no me permite hacerme una idea de como es el resto de su cuerpo, aunque parece que tiene un buen par de tetas.
Me está siguiendo la mirada, será mejor que deje estas lucubraciones para más tarde. Abro una cerveza y se la acerco.

-Aquí tienes, es lo único que quedaba.

Vamos tranquilamente hacia el primer rincón que tengo en mi mente, rezándole a los dioses por que no esté ya tomado. Por el camino realizamos las típicas y clásicas preguntas de rigor: como te fue anoche, que has hecho estos días, cuanto tiempo estarás por aquí, cuando te marcharás... las suficientes para romper el hielo mientras la cerveza se acomoda gustosamente en mi estomago.
La acerco a una desgastada bajada hacia el mar y no hay nadie en el pequeño recoveco que queda al final de la misma, perfecto, todo sale a pedir de boca, y justo ahora comienza a anochecer. Bajamos con cuidado, hubiera preferido que ella descendiera primero para que su vestido me muestre que me deparan sus carnes, pero tendré que inspeccionarlas más tarde. Ya situados, le vacilo un poco sobre mi buen gusto encontrando rinconcitos de regocijo y dejamos nuestras latas de cerveza ya vacías a un lado. De un rápido movimiento culístico se posa junto a mí, pero no quiero que todo vaya tan rápido. Lo que más me llamó la atención de ella la otra noche fue su exhaustivo conocimiento del Rock de los 80 y 90 y quiero exprimirla un poco más, sacarle esas perlas pseudo culturales que nos permiten muchas veces abrirnos a universos musicales que desconocíamos, universos que están ahí, a nuestro alcance, que muchas veces vemos escritos en todas partes o que incluso oímos distraídamente y que caen en el olvido. Son necesarios encuentros como éste en los que se nos muestra un posible nuevo pentágrama de guitarras, bajos, baterías y cantantes toxicómanos que nos puede marcar nuestro gusto musical durante años. Casi todos mis grupos favoritos se los debo a amigos o conocidos que en cierto momento me recomendaron inquisitivamente tal o cual grupo, ese tema que no puedes morir sin escuchar o el solo de guitarra imprescindible para el buen amante del rock que te hace cagar puré. Creo que es la forma más humana de conocer música y de que permanezca junto a nosotros hasta llegar a la tumba. Asociada a un recuerdo, una persona, un momento o simplemente meros instantes. Odio a U2, pero jamás podré olvidar ciertas canciones suyas cuando esté en el catre con alguna gachí.

Tras quedarme bien grabado en la cabeza que necesito escuchar a Smokers outside the hospital doors y Sigur Ros -estos últimos simplemente por cantar en una lengua inventada que ni ellos mismos conocen, de la que se acaban olvidando si no fuera por que sus fans se memorizan sus canciones que recitan a pleno pulmón en sus conciertos-, creo que es momento de entrar en otros temas menos culturales y más humanos. Tras echar un último vistazo a los grupos que tiene en su itouch decido pasar a inspeccionar sus labios. En poco tiempo el itouch anda tirado por el suelo mientras nosotros nos revolcamos a su lado. Comenzamos la faena con labios torpes, jugando a deslizarnos con ellos por nuestras caras, hombros, ojos, nariz, cuello, casi sin besar, casi sin sentir, simplemente palpándonos con nuestros carnosos rebordes, inspeccionándonos con ahínco y precisión, como si manejáramos un detector de bombas mientras paseamos por Afganistan. Hasta que comprobamos que no somos peligrosos, que estamos limpios de cualquier cosa que nos impidiera tocarnos, palparnos, mordernos, penetrarnos sin ningún tipo de barrera o cohibición, momento que aprovecho para subirle ligeramente su vestido e ir acariciando una suave, suavísima entrepierna imantada por una matriz de la que siento una fuerte radiación que hace subir lo que creía que eran mis inocentes dedos, para acabar dando con unas finas bragas, que nunca antes había palpado. Con unas simples caricias noto su vagina completamente pelada, no se si su ropa interior será de seda o de que demonios estará hecha, pero parece creada para poner cachondo a cualquiera que juguetee con ella, o mejor dicho, para ponerme cachondo a mí.
A medida que asciendo por su entrepierna y su temperatura asciende, asciende mi erección y ascienden desde sus entrañas pequeños gemidos de anhelo más que de placer, suspiros de su organismo que es consciente de cual va a ser el próximo paso. Yo no me decido y me enredo en un lazo que corona sus bragas, hasta que comienza a joderme por la boca, y de su cavidad de aspecto inocente que tan solo corona dos labios juguetones y sensibles, saca una gran lengua que violenta y furiosa empieza a tomarme la garganta. Ni siquiera se molesta en palpar por un momento que había ahí dentro, tal vez me falten 4 dientes o tenga lengua de serpiente, da igual, solamente quiere joderme y lo está haciendo con mucho éxito. Paso mi mano bajo sus bragas y rápidamente accedo a su desnuda cavidad arropada por pequeñas cabezas de pelo recién afeitadas, ardiendo, chorreando, como un melón abierto que no soporta la temperatura de agosto y comienza a gotear sin parar, deshidratándose, siendo necesario que alguien se lo coma rápido antes de que se pase de fecha. No iba a permitirlo, palpaba algo demasiado jugoso, un bocado demasiado fácil como para dejarlo escapar. Saco la mano de la entrepierna, lucho contra su lengua hasta sacarla de mi boca y le digo:

-¿Ves ahí al fondo? Hay un pinar. Estos días no hay nadie por aquí.
-Tengo una idea mejor, mi coche está aparcado aquí cerca y no tardaremos más de 10 minutos en ir a mi casa.
-Ideas así son las que hacen avanzar el mundo.

Nos quedamos unos minutos en silencio, arropados ya por la noche que había ido invadiéndonos sin darnos cuenta, mientras el mar perdía su furia y nos abandonaba en un inapreciable receso que dejaba al descubierto pequeñas calas. Una agradable estampa que yo ya conozco demasiado bien y de la que le podría haber fardado si no hubiéramos estado demasiado ocupados explorando las pequeñas parcelas de nuestro cuerpo. No dejaba de mirarle las tetas, eran grandes, si, se las había tocado, pero había algo extraño en ellas. El vestido demasiado ancho no me dejaba situarlas, realmente, no podía hacerme una imagen de ella desnuda, como si tuviera todas las piezas de un puzzle, que aunque permitían formar una imagen, no encajaban del todo, quedaban huecos, desfiguraciones, un cuadrado convertido en trapecio por algún fleco que no había llegado a encajar. Necesitaba desnudarla cuanto antes y salir de dudas follándomela.

Al llegar a su casa me siento como Vincent Vega cuando va a recoger a Mia Wallace en Pulp Fiction. Paredes blancas, demasiado blancas, casi relucientes y gran cantidad de muebles que paradójicamente me provocan la sensación de tener mucho espacio a mí alrededor. Casi todas las paredes están ocupadas por grandes cuadros o estanterías casi vacías que me invitan a echarme a correr por la casa como si de un campo de amapolas se tratara. Al subir las escaleras hacia su habitación y pasar frente a varios cuadros de flores que no he visto en mi vida, reparo en los textos chinos, japoneses, coreanos o tailandeses, que las acompañan. Supongo que habrá contratado un decorador de interiores Zen pero no tengo tiempo para preguntarle. Me arrastra a una habitación oscura que imagino que será su dormitorio y me echa a la cama. Se sube encima de mí y comienza a comerme con delicadeza el cuello.

Quiero pasar directamente a la acción, quiero desnudarla, ver que esconde tras ese vestido de estampados azules, buscar con avidez donde esconde su lámpara mágica y sacar el genio que llevaba dentro. Comienzo a jugar con su sujetador, le saco una teta fuera y después la otra, juego con ellas, las palpo con descaro e interés casi médico, son un par de tetas bastante grandes, de esas que te ocupan una mano completa, incluso más allá de la punta de los dedos. Pero hay algo extraño en ellas. Noto sus pezones, pero no están todo lo empitonados que deberían, y eso que previamente le he calentado suficientemente el punto g de la oreja para asegurarme sumisión a todo lo que quiera hacer. Me decido por quitarte el sujetador para acabar volviéndome a encontrar con mi eterno rival el corchete. O consigo quitar los dos corchetes a la vez, o se me queda solamente uno sujeto y comienza una retahíla de torpezas y despropósitos con mis manos que acaban dejándome en ridículo, y dando a entender, que si no tengo habilidad suficiente para quitar un simple sujetador, buena sorpresa puedo dar en la cama.
Y efectivamente, solo consigo sacar un corchete. Por fortuna tras un minuto de intentos frustrados probando todos los movimientos y combinaciones de dedos posibles, como si de un arte marcial se tratara, el sujetador cede y soy premiado con un par de grandes pechos. Le levanto el vestido y lo lanzo lejos de la cama, tengo por fin un cuerpo entero para lamer, chupar, degustar, pellizcar, morder y eyacular, pero todavía sigo vestido así que le indico que puede ir desnudándome. Lo hace con tranquilidad, armoniosamente, disfrutando del tacto de mi cuerpo mientras lentamente me levanta la camiseta o me quita de un suave bocado un calcetín. Ya desnudos, tan solo con los calzones y las bragas, le insto a que se tumbe en la cama y se relaje ante lo que le espera. Me deleito unos instantes viéndola tumbada, con los ojos cerrados y una gran sonrisa de satisfacción. Noto sobre mis rodillas un ligero temblor de piernas y decido poner manos y boca a la obra. Tras repasar sus piernas y su entrepierna con la lengua, engancho de un bocado la parte superior de sus bragas y con un poco de ayuda de mis manos se las voy quitando. Queda ante mí un chocho jugoso, caldosito del que no paran de manar fluidos y vapores. Algo muy gordo se está cociendo en su interior así que decido investigarlo con mi lengua. Comienzo bordeándolo, disfrutando de su piel afeitada que permite que mi lengua se deslice sin ninguna protuberancia que le obstaculice su misión. Lentamente me acerco a su clítoris notando como su piel se turba y el fino bello que conserva se levanta como las lanzas de una tribu africana en la víspera de un enfrentamiento, que sin lugar a dudas va a ser mortal. Unas pequeñas lamidas y comienzan los gemidos, el clítoris aún no está muy afuera pero no parece molestarle que comience jugueteando con el, compruebo con mi dedo como anda el interior de su útero y saco un dedo que parece provenir del panel de miel más dulce que haya probado nunca. Lo chupo, rebaño mi dedo y decido comenzar a darle lengüetazos sin ton ni son, dejando de lado todas las delicadezas que había ido llevando desde que la desnude. Ella no espera tal cambio y comienza a temblar y dar pequeños saltos con su culo haciendo vibrar la cama y prácticamente todo el cuarto. Aquello me excita cada vez más por lo que mi lengua va más rápida y desenfrenada, moviéndose en todas direcciones, golpeando con la punta hacia todas las paredes de su cavidad, como un obrero martilleando previamente el muro que va a derruir. Cuando ya no puedo soportar más oir sus gemidos, salgo de entre sus piernas, quito de mis labios su maná con el puño, como si me acabara de tomar una gran jarra de cerveza bien tostada, y me desenfundo en un instante los calzoncillos. Armo mi poya con un condón que hay en el suelo, y justo antes de comenzar la acción, reparo un momento en la efigie de placer que tenía debajo de mí. Sus ojos están entreabiertos, su mirada confundida en estado de semiconsciencia, violada por millones de hormonas que la intoxican sin piedad por todo su cuerpo, con el corazón a más de 120 pulsaciones por segundo y sus neuronas dando chispazos hasta acabar chamuscadas. Es una imagen realmente sugerente, atractiva y en parte enorgullecedora, por que negarlo, lo que hace que de pronto caiga sobre mis hombros el peso de la responsabilidad. En efecto, soy el causante de esta preciosa estampa, pero, ¿por qué he llegado hasta aquí? ¿Por que la besé anoche en la discoteca y lo arreglé todo para intentar emborracharnos hoy en la playa?

Acerca su mano hacia mi poya y tira de ella, me tumbo encima suya. Me besa apasionadamente, me come los labios, me los tritura, su lengua me lame la cara, me aspira la boca y oigo desde el fondo de su garganta:

-! !Fóllame¡ !Fóllame ya, joder!

Como un soldado siguiendo las ordenes de su general me dispongo a invadir su agujero pero la duda y la incertidumbre me invaden el pecho y una sensación familiar me hace augurar una mala embestida. Incapacidad, miedo, expectativas demasiado altas sobre mi persona... todo una colección de despropósitos de mi mismo se me aglomeran en mi mente haciéndose un manojo inseparable, que apenas me permite pensar en algo más que ellos y que congelan casi al unísono mi corazón y mi respiración. Al menos la sangre todavía circula por mi cuerpo y se retiene en la punta de mi nabo que se va abriendo paso por su todavía estrecho coño, aunque poco a poco lo va dilatando. Ella comienza a gemir más y más fuerte, está desbocada, el placer se percibe en todas las partes de su cuerpo, es un guiñapo de entumecimientos y calambres sin ataduras, la observo asombrado, asustado, su imagen me impacta más y más por momentos, no es la belleza, no es el cuerpo desnudo, es la expresión, la forma, tan animal, tan humana en el fondo, tan pura, que no puedo soportarlo. Me hunde, me destrona de mi mismo ser autor de algo tan bello, tan puro, no lo puedo soportar, como si tras 30 años de vivir solo con luz artificial me encontrara frente al sol y lo observara incesantemente. En momentos así solo puedes hacer una cosa.

Eyacular.

Quedo hierático. La culpabilidad y vergüenza vestidas de azul y morado me abofetean y paso a ser un fiambre helado sobre su cuerpo. Con la mitad de mi leche estampada contra el mohoso condón, dejando mis pelotas a la mitad de sus reservas, contrayendo todo mi cuerpo, intentando evitar no escupir todo mi interior.

-¿Qué ocurre?
-Veras... joder, !Joder!, cuando follo por primera vez con una...
-!DA IGUAL!

Me abraza impulsivamente, me quito el condón como puedo ante sus arrumacos y lo lanzo lo más lejos posible de su cama, !splash!, creo que ha dado contra la pared. Me besa ininterrumpidamente, como buscando muy al fondo de mi, perdido en mi interior, algo que yo mismo desconocía que hay. La abrazo, no puedo hacer otra cosa y con una mano que tengo libre comienzo a jugar con su chocho desnudo y accesible, aún más chorreante que antes, chispeando nada más sentir mi mano. Comienzo a penetrarle con mi dedo índice, un sustituto de tercera para una tarea tan digna, me avergüenzo de ello y comienzo a retirarlo.

-Da igual tonto, sigue, sigue, !Me está encantando!

Me complacen sus palabras e intento saciarla como buenamente puedo. Empiezo a manejar mi dedo con todos los recursos que conozco, círculos, torbellinos, espirales, hasta casi un giro completo que por poco me rompe los huesos. Ella feliz y cachonda, disfrutando con todo su cuerpo, sin parar de contorsionarse y de girar la cintura. Casi estoy a punto de soltarla y dejarla montada sobre mi dedo, viendo como gira cada vez más rápido como una peonza cargada de energía sexual. Pega un chillido aún más fuerte que los otros y comienza a reír como una colegiala que juega con el agua de la fuente. Se desengancha de mi dedo y cae rendida en la cama. La miro sorprendido, sentando en la cama. Me agarra y me tumba a su lado. Me besa.

-Lo has Hecho muy bien
-¿Te has corrido?
-!Claro!
-Joder, no me lo esperaba.

Me abraza fuerte y se me queda mirando, con su cabeza apoyada sobre la almohada, con una mirada clara, limpia, algo húmeda y en la que solo se puede ver felicidad con letras mayúsculas. Ni un ápice de odio, de inseguridad, de miedo, una mirada realmente pura y limpia que me hace respingar y me produce un escalofrío.

Con la facilidad que ha tenido gracias al orgasmo me hace plantearme probar con uno clitoriano, no soy un especialista en orgasmo ni tengo licencia oficial, pero he de reconocer que es de lo más gratificante observar como el clítoris se va hinchando poco a poco como un globo hasta que explota en un orgasmo.

Comienzo a acariciarla tranquilamente los bajos, como si jugara con sus labios vaginales, meras caricias sin ningún fin más allá de realizarlas, aunque pronto comienzo a ver por el reflejo de la luna que nos acosa desde la ventana, como se hinchan los labios de su boca, y su respiración, que ya se había pausado, comienza a tomar un ritmo más rápido.

-Hay que completar la tanda de orgasmos ¿no crees? Uno vaginal sin otro clitoriano no tiene mucho sentido.
-Vaya, cuanto sabes sobre orgasmos ¿no?
-Bueno, es lo que hay...

cuando no eres capaz de joderla con tu poya. Así que al taco, por lo menos dejémosla bien satisfecha.

***

No se cuanto tiempo tardé en llevarla al orgasmo, y aunque mi mano acabó escuálida y colgando como una poya flácida, ella no parecía cansada. Me tumbo bajo ella en la cama y comienza a devolverme el favor. Juega con mi pecho y mis pezones, pequeñas lamidas, pequeños bocados, lentamente aunque sin cesar, va descendiendo a un ritmo que se acrecienta al unísono que mi poya se va animando ante lo que se le avecina encima. Juega un rato con mi ombligo, mete la lengua dentro, saca alguna pelusa, un par de céntimos y un papel de fumar que dejé olvidado no se cuando. Se relame el brazo para quitarse el sabor a níquel y sigue descendiendo por mi vientre hasta encontrar mi trompa que ha dejado la retaguardia y se encuentra álgida y expectante a la llegada de sus labios y su lengua. Juega un poco con el torso de la misma, la acaricia, la besa, me rasca las pelotas e investiga que secretos puede hallar por mi entrepierna. Finalmente se la mete con delicadeza entre los labios y la va palpando con su lengua en mi punta, y una vez reconocida y con la imagen de la misma bien clavada en su mente, comienza a darle lengüetazos más violentos y potentes sobre el capullo a la vez que con su mano me va pajeando desde los huevos hasta el final del tronco. De vez en cuando se la introduce entera, la saca, la refresca, le sopla un poco, la besa, ríe, algún mordisco por su cuerpo y vuelta a empezar. Sabía joderme bien en la boca con la lengua pero lo que está haciéndome en la entrepierna es de 5 estrellas. Suelo tener aguante con las mamadas, si no soy quien pega las embestidas y quien controla el cotarro no suelo excitarme demasiado, pero esta ocasión es diferente, estoy recibiendo una mamada que me a hacerme correrme, va hacerme correrme ya mismo joder, ya mismo.

-Eh, ¿Te importa que me corra en tu boca?
-No, !Córrete! !Córrete!

Toma un ritmo más rápido, su mano me pajea a toda velocidad y su cabeza sube y baja sin descanso, en pocos segundos la aviso con un gemido de que va a recoger toda la siembra en su pequeña boca. Doy un brinco con mi culo, estiro de un calambre mis piernas y mi pene crece 5 centímetros durante unos segundos. Las venas se le hinchan a mi compañero y empieza a borbotear leche grumosa. Temo que no le quepa toda en la boca, que se ahogue o que acabe escupiéndola toda. Pero permanece inmóvil, servil, como una gárgola petrificada en la posición en que la encantó un hechicero. Ya vacía mi despensa me acerco a besarla para agradecerle tremenda hazaña.

-!Beshshspeperua!

Joder, pensaba que se lo había tragado y lo tiene todo ahí,!en su boca!. Sale de la habitación a toda pastilla, enciende una luz en el pasillo y otra en el baño. En el pasillo hay un gran espejo que me permite ver desde la cama como escupe todo mi semen en el lavabo. Abre el grifo y comienza a hacer gárgaras con los restos que quedan pegados entre sus dientes, bajo el labio o colgando de la úvula. Mientras espío su higiene bucal comienzo a preguntarme que es lo que ha echo que acabe esta noche en su casa.

La conocí en un bar con una pequeña pista de baile. Estaba tomándome tranquilamente una cerveza. Había venido con compañía, pero prefería tomarme la primera apoyado en la esquina de la barra, viendo el percal que atestaba el pequeño tugurio que andaba yo frecuentando prácticamente cada noche. Era un bar "moderno" en una ciudad de veraneo, por lo que la ecuación era clara: turistas y chicas, chicas y turistas o lo que es lo mismo: chicas = turistas. Acabándome la cerveza divisé a un colega charlando con 3 mujeres a la vez, a las que para colmo no había visto en mi vida. Sabiendo lo que se estaría cociendo, mi ego se sintió afligido al no formar parte del incipiente acto de cortejo. Me acerqué al grupo como el que no quiere la cosa y me uní rápidamente a una discusión sobre las ventajas y desventajas de la gran ciudad frente al pueblo de veraneo. Me puse de lado de una de las chicas que rápidamente me secundó y se sintió alagada de que la defendiera frente a mi conocido, fervor defensor de las pequeñas aglomeraciones. Por su indumentaria (vestido holgado de colores chillones) deduje que le gustaba la música pop-alt tan en boga últimamente, y tras acertar parte de sus gustos musicales, (Artic Monkeys incluidos, como no), comenzamos la interminable charla pseudo cultural sobre cine, literatura, pintura y en definitiva sobre todo aquello que suena interesante y te llena la boca de adjetivos y nombres rimbombantes o suficientemente snobs. Una cerveza para ella y vodka para mí. Bebidas ingeridas y me dice que tiene que marcharse, es su primera noche aquí y está realmente cansada. Dudé si intentar colarme en su casa pero preferí seguir con un poco más de cortejo, así que me despido con un suave toque de labios que es respondido de una forma realmente elegante para mi sorpresa. Nada de morreos apasionados ni baboseos que no llevan a ninguna parte, sabía jugar realmente con sus labios y eso fue lo que me empujó a que acabara finalmente hoy aquí, en su cama.

Pero, ¿por qué me he acostado con ella?. Lógicamente me apetecía follar, hacía tiempo que no pegaba bocado y el cuerpo no perdona la falta de alimento. Sin embargo, comienzo a sospechar que hay algo mucho más profundo -o algo muy simple pero que desconozco- que me había embaucado en esta aventura. De golpe siento la necesidad de marcharme, ya he cumplido con mi labor y estar más tiempo en esa casa no servirá para más que crear complicaciones. ¿Qué me ha atraído de ella? ¿Acaso solo quería follármela? ¿Entonces por qué me fascinó entonces tanto su conversación?

Dejo estos pensamientos de lado cuando termina de enjuagarse la boca y me tumbo en la cama para que no sospeche de mi intrusión en su íntimo momento de higiene bucal. Se tumba a mi lado y me acaricia la barriga tiernamente, de la misma forma que hacía otra chica mucho tiempo atrás, lo que me provoca una agridulce sensación de placer y asco, como si esas caricias no pudiera estar dándomelas ella ahora, como si le estuviera vetado a su mano. Me besa la oreja y me pregunta:
-Dime, ¿No tienes hambre?
-La verdad es que si, ahora que lo dices el estomago se me está hundiendo.
-¿Sabes que hora es?
-Ni idea
-Son las 3 de la mañana
-!Joder! ¿Tanto tiempo llevamos?
-Si, así que mejor cargamos energías por lo que pueda seguir.
-Eh... !Vale!

Se pone su ligero vestido sin ropa interior y yo solo me cuelgo los vaqueros cortos con los que vine. Me muero de hambre pero la idea de cargar energías para lo que pueda seguir me resulta contraproducente. Ya en la cocina, única estancia de la casa que no ha sido remodelada por el interiorista asiático, Laura pone a hervir fideos chinos mientras echo una ojeada a su frigorífico. Gazpacho, agua, coca cola, comida... ni una cerveza.

-¿No tienes algo de alcohol?
-Que va, lo poco que tenía me lo tomé antes de salir anoche.
-Vaya, que putada.
-Mañana compro algo si quieres ¿eh?
-No te preocupes...

Me aterra la idea de que vaya a comprar alcohol solo por mi persona. ¿Qué soy para ella? ¿Quién soy? ¿Qué espera de mí? ¿Y yo de ella? ¿Qué he buscado viniendo a su casa y acostándome en su cama? Me quedo apoyado en la encimera ensimismado en estos pensamientos sin decir nada hasta que su voz me hace volver a la cocina.

-Eh, te veo preocupado. ¿En qué piensas?
-Nah, nada. Tenía en la cabeza una canción de Radiohead, solo eso.
-¿Cuál?
-Everything is a right place
-La conozco.

Me mira extrañada, no es para menos. No es lo más habitual que se tiene en la cabeza después de acostarte con alguien. Saca los fideos chinos y sirve dos platos, abre un bote con una salsa de curry o algo parecido. Me pegunta si me gusta y asiento con la cabeza, evito su mirada. Realmente me da igual lo que lleven los fideos, el apetito se me está cortando por momentos.
Nos sentamos en una minúscula mesa de cocina el uno frente al otro. Dos personas, dos platos, dos tenedores, dos vasos y una botella de agua. La imagen se me hace horrible, me provoca miedo.

-Oye, tengo que hacerte una pregunta.
-¿Si?, dice Laura. Gira su silla y se acerca a mi lado. También trae consigo su plato. Noto como su mirada me inspecciona el rostro con verdadero interés. Me posa una mano en el hombro y me lo acaricia.
-No se. ¿Has pensado qué es lo que ha hecho que estemos ahora aquí? Es decir, qué nos ha atraído el uno del otro, que mecanismo ha funcionado para que acabemos los dos acostándonos esta noche. Cual es la causa quiero decir.
-Supongo que lo que nos une a todos. En el fondo todos necesitamos satisfacer nuestras apetencias sexuales, ¿No?
-Ya, pero no se, me refiero a por que nos hemos elegido el uno al otro para follar y no a otra persona. Que te hace decidir que este te meta su poya y este no.
-Bueno, en tu caso no lo decidí justamente por la poya que tienes.

Sonríe y me sonrojo. Se disculpa dándome un beso en la mejilla.

-Es una broma tonto, me ha gustado mucho todo lo que hemos estado haciendo. Pero no te entiendo.
-No, ni yo tampoco me entiendo, no te preocupes. Lo que quiero decir es que, a ver. ¿Conoces a Milan Kundera, el autor de La insoportable levedad del ser?

-Me suena el libro pero no se nada de el.

-Es una novela de amor, pero no como todas las que conocemos, profundiza bastante en cuales son las causas reales que juntan a las personas y forman las parejas. Establece que nos atraen los seres del sexo contrario por dos razones: o se parecen a nuestra madre si somos hombres, a nuestro padre si somos mujeres, aportándonos lo que nos satisfacía de ellos en la infancia o si no, como complementos.
-¿Complementos?
-Si, es decir, si eres una chica triste y decaída buscarás a un tipo alegre y animado, si eres tímido a alguien extrovertido y así con todos los aspectos de tu personalidad.
-Bueno, la verdad es que yo solo busco tipos raros, o bueno, se podría decir que encuentro.
-Yo..., no se que busco la verdad.

Nos quedamos en silencio comiendo los fideos chinos, oyéndose solo largos slurps de nuestros labios, como una felación que no culmina. Sigo sin entender que es lo que me ha llevado a acostarme con ella, desde luego no es ninguna de las dos propuestas de Milan Kundera, y a medida que los fideos van inundando mi estómago, un frío sentimiento de culpabilidad se apodera de mi cuerpo. No se parece a mi madre, y aunque intentara buscarles alguna conexión con ella, por mucho empeño que le ponga, estoy abocado al fracaso. Y desde luego no somos diferentes. Tampoco creo que seamos iguales, pero a medida que la voy conociendo solo encuentro más y más similitudes entre nosotros, lo que no me agrada precisamente. La miro a los ojos mientras termina con su plato de fideos hasta que percibe mi mirada curiosa. Me devuelve la mirada con expresión extrañada. No puedo soportar sus negras pupilas fijas en mí acompañadas del silencio que reina en la cocina salvo por el ruido de nuestros mordiscos al comer, así que me apresuro a decir lo primero que me está pasando por la mente.

-Tienes unos ojos muy expresivos.
-Siempre me lo dicen.
-Son muy transparentes. Es como si por ellos pudiera verse claramente tu estado de ánimo. Aunque quisieras ocultarlo...
-No puedo mentir. En ningún aspecto. Es un problema. Siempre me pillan cuando miento, o cuando intento ocultar algo...
-Vaya. Es una mirada realmente limpia, mirándote ahora, me da la impresión de que has tenido que sufrir mucho.
-Bueno...

Le doy un beso. No se por qué. Solo se que es una buena persona, por la que no siento absolutamente nada, pero que no está enteramente podrida, a diferencia de casi todos nosotros. Tonteamos un poco en la cocina y voy al baño a vaciar el vientre. Como era de esperar, el baño es impoluto, blanco y jodídamente relajante. Como para estreñirse en una taza que casi parece un trono donde practicar yoga. Con el zurullo todavía colgando pero en rápido descenso, mi malestar aumenta mis presagios de que lo que me ha atraído hacia ella no es ni su cuerpo ni su persona, realmente no es algo que posea ella, si no yo mismo.


!Chop! Zurullo al agua, y mi mente un poco más despejada. Vuelve entonces Ella de mi memoria, de los capítulos que intento olvidar tapándolos con cientos de recuerdos vanos. Hace meses que no nos vemos aunque no se puede decir que no esté al día de su vida. Tiene esa manía de muchas mujeres de seguir llamándote y llamándote constantemente para contarte sus grandes problemas (normalmente insignificantes para ti, y más aún cuando ya no tenéis nada juntos) y agradecerte tu paciencia con algún polvo esporádico cuando pasa por casualidad por tu ciudad con su coche. A veces hasta se queda a dormir y te alegra la mañana, pero nada más. Ella no puede compartir su vida con alguien como tú, no le gusta el alcohol, los escritores suicidas y el post rock melancólico. No quiere verse abocada a estar contigo el resto de tu vida, ver como te pasas todas las noches escribiendo guiones que nadie te compra jamás mientras ella lo único quiere es que le bambolees un poco el culo hasta que se quede dormida y la acompañes la mañana siguiente, lo más temprano posible, a las rebajas del nuevo centro comercial para comprarle un bonito vestido que nunca se pondrá. Ella necesita a un hombre, un caballero que se preocupe por ella y viva para ella, y no a ti. Eres atractivo, tienes tu punto como dice ella, pero nada más. Por eso lo dejamos hace ya... ¿5? ¿6? meses. No lo recuerdo, aún así, parece que nunca terminaran sus esporádicas visitas.

Tiro de la cadena y su recuerdo se va desvaneciendo junto a mis heces por las cañerías. Me lavo las manos y me miro en el espejo. No me gusta mi mirada, demasiado apenada, me da miedo. En el fondo me dan miedo casi todas las miradas, me dan miedo las personas que hay tras ellas. Curiosamente la mirada de Laura no, lo que me provoca cierta ansiedad. Me preocupa manchar su alma con mi compañía.
Salgo hacia la cocina y está terminando de fregar la cena, así que aprovecho para inspeccionar su salón. Me acerco hacia una estantería repleta de DVDS, muy buenos la mayoría. Mucho de los Hermanos Coen, lo esencial de Tarantino, alguna frikada sobrante como Posesión Infernal y sobre todo, muchas comedias, las cuales conozco de oídas pero que no he visto. Me encuentro con Lost In Traslation, todavía recuerdo la agridulce sensación que me dejó su final en el cine, con esa pequeña confesión al oído que no conseguí oír y que al parecer el resto de la sala sí. Me puse a preguntar al resto de espectadores pero cada uno me detallaba una interpretación diferente "Cásate conmigo" "Nos volveremos a ver" "Éste es el final"... Ninguna interpretación se repitió entre las 8 o 9 personas a las que pregunté, y cada nueva opción que escuchaba, más descabellada e ilógica era. Finalmente preferí no saber que se dijeron.
-¿Te apetece verla?

Laura estaba detrás de mí mirándome divertida.

-Si, la verdad es que me encantaría. Hace mucho que no la he vuelto a ver, bueno, desde que se estrenó en el cine.
-No se hable más. ¿Qué prefieres que la veamos aquí en el salón -señala un pantallón de televisión que daba miedo, si fuera una boca podría ingerirme sin problemas- o en mi cuarto con el portátil?
-Ummm, en tu cuarto, me resulta más sugerente.
-¿Ah si? ¿Y por qué?
-A ver si lo adivinas.

Me acerco a ella, le paso los dedos por sus piernas y entre abro su coño libre y fresco, sin nada que lo tapone. Casi lo había olvidado la ausencia de ropa interior y me pregunté si podría ver la película completa a su lado. Paro de besarla y le indico que subamos al cuarto. Ella coge el portátil de un cajón y vamos al catre.

Instalamos el ordenador y me encajo en una esquina de la cama. Laura abre mis piernas y se introduce entre ellas con total naturalidad, algo que a mi no me pasa desapercibido y que me produce una extraña sensación, similar a la reminiscencia olvidada de lo que es tener una mujer contigo... más de una noche.
Finalmente no vemos Lost In Traslation, ni siquiera introducimos el DVD en el ordenador. Nos enredamos con youtube un buen rato viendo videos musicales, como no, y mientras me pide que siga ávido y atento el baile de aquel cantante epiléptico digno sucesor de Joy Division, no puedo quitarle el ojo a su coñito pelado que se asoma por los bajos de su vestido, como un pequeño niño tímido que no sabe si salir al patio de recreo a jugar con los demás o quedarse solo en clase. Se me hace irresistible, por no decir imposible, no comenzar a jugar con él, sobre todo ahora que tenemos luz proveniente de la mesilla de noche que me permite apreciar en su chochete un clítoris apenas oculto que parece un gran botón rojo, de esos en los que hay un cartel a su lado que pone NO TOCAR con letras bien grandes y uno se acerca hipnotizado a ellos a apretar bien fuerte con su dedo.

El ordenador portátil dura poco tiempo en la cama y comenzamos de nuevo a trajinar. Tras juguetear un rato con su húmedo apéndice, pasa a calentarme la vara que supongo que ésta vez no me va a fallar. Una vez engrasada mí poya y bien humedecido su coño, le quito el vestido. Estoy realmente empalmado y atisbo lo que va a ser un polvo salvaje. Sin embargo ella comienza a besarme y a acariciarme, pero de una forma, tan cariñosa, tan tierna, emanando el intenso amor que ya irradiaba su mirada durante la cena, que mi erección comienza a disminuir y a mi mente vuelve a ser invadida por los fantasmas que tiré por el water con el zurullo. Decido olvidarlos centrándome en lo que me traigo entre manos, buscando el morbo en su cuerpo y no en su cara ni en sus gestos que me desconcentran y persuaden. Grave error, tras levantarme un momento de la cama y repasarla con mi mirada más lasciva, me encuentro ante un cuerpo que parece haber mutado desde el polvo anterior. Lo que eran grandes tetas entre las que perdía mi lengua y con las que jugaban mis ávidos dedos, se habían convertido en dos globos que se habían ido desinflado con el paso del tiempo, quedándoles ese tacto áspero del plástico rugoso y sucio por la falta de aire. Su cintura es bastante más ancha de lo que recordaba, y las nalgas que disfrutaba separando para pasarles mis dedos como si pagara con una tarjeta de crédito, ahora se me antojan a una gran hamburguesa de Mc Donalds. Cierto que no hay ningún parecido entre un culo desproporcionadamente gordo y una hamburguesa del Mc Donalds, pero no puedo mirar ese par de cachetes y no dejar de vislumbrar en cada uno una M y una C, marcadas como si fuera ganado.


Para colmo Ella vuelve a mi mente con más fuerza que antes, como si se hubiera estado ocultando tras mis neuronas más destartaladas y quemadas para aparecer en el momento más inoportuno y darme la estocada final. Junto al cuerpo de Laura, cada más ignominioso, no se si por la luz, por el recuerdo de ella o por las dos cosas, se une una inesperada superposición de cuerpos que de pronto centella frente a mí. Paulatinamente su figura se va transparentando y comienza a tomar forma otro cuerpo de piel más oscura. Es el cuerpo de Ella. Sus pechos de pera coronados por pezones que parecen pequeñas virutas de chocolate, sus piernas macizas pero bien marcadas que conozco al dedillo, su mata de pelo, que siempre le insto a que se afeite pero que tanto me gusta acariciar como si del lomo de un perro se tratara, la melena rizada en la que hundo mi cabeza parar aspirar todo su aroma justo cuando me corro...

-Vengo un momento, voy al baño. Me estoy meando y así no hay quien la meta en condiciones.
-!No tardes por favor!

En el baño lleno de agua el vaso del cepillo de dientes, y mientras el agua cae por el water me pregunto que puedo hacer. Me doy golpes en la cabeza con la mano que no sostiene el vaso y noto como el recuerdo de Ella va de un lado a otro de mi mente a la vez que no para de darme patadas en el área premotora, motriz, primaría y sobre todo en la visual. Va desnuda dentro de mis pensamientos, pero llevaba unos zapatos rojos de aguja muy larga, y joder, estoy sufriendo cada uno de sus puntapiés y pisotones.
Lo poco que me deja cavilar su recuerdo entre las sonoras risas que emana cada vez que aplasta una de mis neuronas, me permite idear el magnífico plan de apagar la luz y follármela meramente como un jodido animal, disfrutar de su agujero y nada más. Soy un hombre, me follo lo que sea, y francamente, Laura no es ni mucho menos horrible, si consiguiera quitarme a Ella de la cabeza...

Vuelvo a la habitación y me abalanzo sobre ella.

-¿Qué tal si lo hacemos con la luz apagada?
- !No!, quiero verte.

Me agarra el culo y pasa una mano por mi poya. La nota flácida y empieza a jugar con ella. Yo me concentro en la idea del placer que produce follarse un coño, retengo con la poca capacidad mental que me queda intacta la sensación que produce, el placer de chorrear dentro de una buena matriz y sentir como todo se carga de electricidad. Parece queda resultado, Comienza a besarme, lo cual no es producente para mi plan, así que le quito mi boca de sus labios y comienzo a morderle el cuello a niveles alarmantemente vampíricos. Le gusta y se pone a gemir como una loca. Mi poya está a punto de entrar en faena. Me pongo un condón y al poco de meterla oigo una puerta que se abre en la planta baja. Varios chillidos y risas de mujeres, parecen borrachas.

-Es mi hermana que habrá venido con alguna de sus amigas.
- ¿Tu hermana?
-Claro, no pensarías que iba a venir yo sola de veraneo.

Suben escaleras arriba y para mi sorpresa me hacen un gran favor. Al metérsela sufro una sensación casi idéntica a la primera vez. Temo por la integridad de mi poya y que el líquido se derrame de la marmita mucho antes de que esté lista la pócima. Pero las voces y chillidos que se escuchan a través de la pared y sobre todo en el baño que se escuchaba con todo detalle desde nuestra habitación, me desinhiben y me permiten comenzar a darle estacadas a una velocidad cada vez mayor sin sentir ningún reparo, sin que mi poya se resienta. Cierro los ojos y me limito a oír su respiración cada vez más entrecortada mientras mi ritmo aumenta y aumenta. La estaba follando como una gacela, no, como un león. Saco la lengua y la lamo, el cuello, la oreja. Paso de joderla por la boca a chuparle toda su cara, a escupirle, está empapada en mi saliva y la chupa sin vacilación, disfruta de ella. Comienzan a caer goterones de sudor desde mi frente que ella chupa e ingiere con una creciente sonrisa de placer. Me hubiese exprimido la cabeza si no tuviera sus brazos sujetos a mis manos para sacarme todo el jugo que tengo en el cuerpo. Sigo subiendo el ritmo, Laura con las piernas elevadas hasta donde sus articulaciones le permiten, indefensa, inmóvil y aturdida ante las continuas embestidas. Siguen oyéndose las risas y los murmullos, yo solo tengo en mente un coño bien húmedo que no para de darme gozo. Intento estirarla un poco más, que eleve aún más las piernas, que su espalda se estire unos centímetros más y ver así hasta donde puedo llegar a metérsela, donde está su fondo si es que tenía alguno. Y entonces exploto, varios botes seguidos, su cabeza golpea la pared, mi poya está loca, rezo para que el condón tenga capacidad para todo el semen que le estoy entregando. No puedo parar de embestir sus paredes vaginales, mi cuerpo entero se estremece violentamente durante un minuto que me arranca toda la energía que tengo para llevársela muy lejos de mí. Abro los ojos y ahí la tengo, su cabeza bajo la mía, sus ojos húmedos, resplandecientes, esa mirada de nuevo, limpia y cargada de amor, que tanto respeto y admiro pero que me acojona en cuerpo y alma. Caen un par de goterones de sudor en su mejilla, descienden junto a sus labios.


-Me ha encantado.
-Bueno...no ha estado mal. ... Tenemos... Tenemos que practicar.

Apaga la luz, se tumba a mi lado y comienza a besarme el pecho, todavía sudoroso. Se pega todo lo que puede, me limito a juntar nuestras mejillas evitando sus labios. Miro el vacío que se dibuja en el techo. Me pregunto si debo de decirle algo pero aunque quisiera, no me sale ninguna palabra. Solo quiero estar así, en silencio, sin nada que decir. La miro un momento a los ojos y no pude evitar apartar su cara de mi vista. Se gira dejando su culo junto a mi pena y me roba un brazo que se lleva a su pecho. Agarra mi mano con fuerza, la quito al instante. Acerco mi boca a su oído.

-No me gusta que me cojan la mano. A menos que sea algo muy importante con alguien... algo, a un nivel superior, no se si me entiendes.
-No pasa nada. !No me voy a casar contigo!

Otra vez esa maldita expresión. No se cuando fue la primera vez que la escuché pero nunca, jamás, ha salido nada bien con aquellas niñas, chicas, jóvenes y mujeres que la pronunciaron. Fue justamente por eso, por que no se iban a casar conmigo, pero desde luego, tampoco iban a tener una relación basada en un simple mete saca casual. Con todas se torció por lo mismo de siempre: mi miedo a las mujeres para acabar huyendo pavorosamente. Con todas menos con Ella.

Miro durante un buen rato su espalda. No puedo identificar si se está quedando dormida o haciendo el papel. Sigue teniendo mi brazo prisionero entre sus tetas y su brazo, aunque sin tomarme la mano, así que decido aguantar un rato hasta liberarlo de ella. Las risas del pasillo cada vez son más débiles, imagino que su hermana y las amigas estarán quedándose feliz y etílicamente dormidas. Me resigno a esperar que pase el tiempo y se me aclarare un poco la mente. Ahora que mis pelotas se han vaciado, parece que Ella ha dejado de martillearme el cerebro. Sin embargo, se que las secuelas las voy a sufrir los próximos días. Ni la peor de las resacas . Su imagen todavía permanece inmóvil aunque difusa en mi mente, y ahora que todo es oscuridad y no hay más luz que el poco resplandor de la luna que se puede colar por la persiana, se hace imposible borrar su recuerdo. Me limito mirar el oscuro techo con mi brazo confiscado.

Ahora si que tengo claro que me ha llevado a acabar en esta cama cuyas sábanas comienzan a quemarme. Cada vez más sudorosas, pringosas como un baño de aceite usado. Intenté olvidarla. A Ella. Sus visitas no han servido más que para que enfermara. Ponerme celoso como un animal mientras me relataba sus nuevas aventuras, crearme inseguridades durante semanas preguntándome qué es lo que fallaba y hacerme beber sin parar cada vez que la tenía cerca para poder soportar sus historias. Mi apetito mujeriego lo había aniquilado desde que me dejó, o lo dejamos, que mas dá. Me lo había arrancado de un bocado y ahora vivo en ascuas durante semanas, a veces meses esperando una visita inesperada de Ella para poder catar su conejito. Si es que le apetecía darme el gusto. Necesitaba romper ese vínculo que había creado, la cadena con la que me tenía sujeto a ella y cuya bola era demasiado pesada para poder ir a ninguna parte. Hoy parecía que lo había conseguido. Necesitaba follarme a otra, disfrutar con otra mujer, no enamorarme, pero joder, interesarme al menos un poco por alguien que estuviera muy lejos de Ella, de sus vestidos, de sus clases de inglés, de sus sesiones de depilado láser, de sus amigos de Londres y Oxford, de ese acento Inglés del norte que falla cuando pronunciaba la A y la O, o cuando decía peach y se le ponía la boquita como un jodido melocotón esperando que lo devore. No lo he conseguido, y es que por mucho que me pese, la muy puta me tiene cogido por los huevos.

No se cuanto tiempo ha pasado. A ratos cierro los ojos y a ratos los tengo abiertos, para la situación en la que estoy, da igual. Mirando el techo oscuro, o en la oscuridad de mi mente, se pasean libremente, sin orden ni congruencia distintos pensamientos o ideas por las que Ella se cuela. A veces su cara, otras sus pechos, a veces un vestido, una frase, un gemido...

Comienzo a oír pájaros. Abro los ojos y por la persiana se distingue algo de claridad. Está amaneciendo. Retiro mi mano ya con seguridad de su cuerpo que ha permanecido inmóvil durante no se cuanto tiempo, y para mi fortuna, ajeno a la pérdida que acaba de sufrir. Tengo que dejar descansar el brazo unos minutos, está completamente dormido y apenas lo siento. No voy a ser capaz de pegar ojo a su lado y lo último que quiero es que despierte mi lado para que me encuentre con sus ojos soñolientos y felices. Quedarte a dormir en la casa de una mujer implica que la noche que no lo hagas se engendrará un conflicto que crecerá y crecerá imparable hasta que te explote en tus narices cuando menos lo esperes. Tengo que largarme de aquí cuanto antes, no sea que tenga un sueño ligero.


Para mi desgracia estoy en la esquina de la cama pegada a la pared. Lentamente me voy deslizando como un polo flash por su forro fuera de la cama. Cada pequeña variación de peso que hago en el colchón lo sujeto con un brazo, de forma que el cambio de peso en la cama sea menos brusco y no se percate de que algo se está moviendo a su alrededor. Minutos después consigo estar fuera del catre. Y desnudo. Voy recogiendo mi ropa desperdigada por la habitación. Camiseta, calzoncillos, pantalones, un zapato, un calcetín, otro zapato... ¿donde está el otro calcetín? ahí está, debajo de la cómoda. Cojo las llaves de mi casa justo al lado de la mesita de noche, rezo para que el ruido no la despierte y tengo suerte. Ahora solo queda salir de allí. Aunque debería de escribirle una nota, o no. ¿Qué le escribo?

Me llevo un buen rato pensando qué no escribirle, qué puede confundirla y hacerle pensar que deseo algo más allá de lo acontecido esta noche. No quiero que se sienta como el puñado de trapos al estaba atrapado mi brazo hace unas horas, en una cama rodeada de barrotes de un incipientemente equivocado amor. En el fondo soy un romántico, y aunque si la volviera a ver es posible que le vomite en la cara, no quiero que se lleve un mal recuerdo de mí. Supongo que realmente soy un ególatra y narcisista más que romántico, pero siempre es agradable que se lleven un buen recuerdo de ti, incluso quien más odias. Saco una libreta de mi pantalón y arranco una hoja que hace un frrrashhh demasiado ruidoso para mi gusto, al que Laura responde con un estiramiento en la cama. Por fortuna no abre los ojos. Me acerco a la pared más alejada de la cama, saco un bolígrafo del bolsillo del pantalón y tras unas cuantas vacilaciones consigo escribirle una nota:

Ha sido una noche muy divertida. Mañana tengo una visita importante así que estaré unos días desconectado del mundo. Disfruta de tus vacaciones. Ya hablamos. Juan.

Lo suficientemente cordial y elegante para que no se sienta despreciada, lo suficientemente fría e impersonal para que no piense que quiero volver a verla.

Perfecta.

Dejo la nota sobre la mesilla de noche y abro con mucho cuidado la puerta de la habitación. El pomo de la puerta está algo gastado y no puedo evitar que chirríe cada milímetro que lo giro. Fuera de la habitación me dispongo a bajar las escaleras cuando veo tras una puerta entreabierta dos piernas colgando de una cama. Paso mi ojo por la rendija de la puerta para descubrir dos grandes pechos y un par de tersas piernas que están colgando muertas en una cama. Supongo que es la hermana de Laura, se parecen aunque es bastante más guapa ¡Joder!. La boca abierta informa de que ha vuelto de agarrarse una señora borrachera, lo que le resta bastantes puntos de belleza, sobre todo por la sequedad de los labios y el hilillo de baba que cuelga de ellos. Sin embargo me recuerda a esas fotos y videos de Internet en las que unos cuantos se dedican a follarse a mujeres -y no tan mujeres- tan borrachas como para dejarse grabar mientras 5 monos están a su alrededor riendo sin parar y rulándosela como si se tratara de la muñeca hinchable de una peña. Comienza a levantárseme una erección y la observo ahora desde otra óptica mientras me pregunto si su hermana se levantará temprano o notará pronto mi ausencia. Decido marcharme y evitar problemas, pero antes le mango un cigarro de la cajetilla que hay en el suelo y el mechero. Quedan pocos cigarros y acabo por llevarme la cajetilla entera. Me espera un largo viaje hasta casa.

Al salir del patio de la casa me encuentro con un camión de obreros y un par de currantes que entran en la casa vecina con material suficiente para armar un buen escándalo. A juzgar por el color del cielo no serán más de las ocho. Me enciendo el primer cigarrillo y busco la carretera más próxima que en unos 50 minutos me dejará junto a mi casa -andando por el arcén por supuesto-. Mientras los últimos tonos rojizos del alba se evaporan con el comienzo de mi partida, viene a mi mente un personaje de La insoportable levedad del ser que no se por qué, no recordé horas antes, cuando estaba tirado en la cama que cada vez se me hace más y más lejana.

A diferencia del resto de personajes de la novela, éste termina su historia, y prácticamente su vida, soltero, sin ninguna pareja o compañero. Ni la última titi que conoció en un Pub de solteros cuarentones ni la primera chica a la que cogió de la mano con 13 años. Sin embargo, muere mucha más enamorado que la desgastada pareja que tras mil desventuras durante la novela, acaba en un pueblecito, sobre dos hamacas, viendo amanecer el último día de sus vidas y sonriéndose sin saber por qué (el final no es un topicazo tan asquerosamente horrible pero digamos que se asemeja).

No. A él su novia le deja. Intenta lo imposible por volver con ella y no recibe más que negativas. Para superarlo, se dedica a viajar toda su vida, yendo a extraños y distintos lugares y montándose en aventuras en las que nunca se hubiera visto implicado. Pronto se da cuenta que el motor que le impulsa a hacer todo aquello a lo que años atrás se habría negado, es aquella mujer que le dejó. Está enfocando todo su vida a realizar lo que a ella le agradaba hacer, y que curiosamente, él no soportaba cuando eran pareja. Sabe que imitando la vida de ella no va a recuperarla, por mucho que pase el tiempo y un buen día aparezca en su casa mostrándole un giro radical. No quiere eso. Es feliz realizando todo aquello que piensa que a ella, si le estuviera viendo de alguna forma por imposible que sea, le enorgullecería.

Fue la clave para conseguir estar enamorado de ella hasta que murió.

Sobre mi­:

  • I'm Silencio
  • From Spain
  • Dificil escribir algo concreto en un espacio tan pequeño. Una cosa está clara: soy aprendiz de guionista, o estudiante si lo prefieren, pero suena mejor lo primero no me lo nieguen. También estudio "comunicación audiovisual" un nombre impreciso para una carrera poco clara. Este blog nació como una práctica de la facultad y se me fue de las manos. Ahora lo uso para guardar todo lo que me avergüenzo de tener en mi ordenador. No escribo sobre nada en concreto, no soy periódico ni constante con el blog ni con nada de lo que hago, apenas se escribir tres palabras que guarden sentido... ésto es de todo menos un blog. Pero estoy agusto con en él, fíjate qué cosas.
Perfil completo