« Home | Frias teclas » | Cogido por los huevos » | Activando la bomba » | !Tonc! » | Engranajes engrasados » | Futuro » | Y mientras miro tu culo y disfruto de tu respiraci... » | Y repetimos » | Mirando el techo » | Buscando hierba » 

26.8.08 

Abducido


Siempre es la misma jodida historia. Todos fumamos, pero cuando hay que acercarse al estanco del pueblo parece que nadie tiene mono de fumar. A nadie le aparece un tic en el ojo o se pone ligeramente más violento de lo normal. Todos aparentan estar normales pese a que no nos queda ni un solo cigarro del tabaco comunitario que compramos.

-Joder necesito fumar un cigarro
-Mañana nos acercaremos al pueblo y compraremos suficiente hasta el final del campamento, no te preocupes.
-No, no lo entiendes. Esta marcha nos ha llevado 8 horas entre ir y volver y nos quedamos sin tabaco nada más hacer el primer descanso. Encima a dos niños les ha dado una bajada de tensión con el calor y me ha tocado cargar con parte de lo que llevaban durante toda la vuelta. Necesito un jodido cigarro ya mismo.
-! Pero si estamos apestando! Será mejor ir a las duchas. Mañana compraremos tabaco de sobra.
-Da igual como olamos, veo que no lo entendéis. Por cierto, no sabréis si alguno de los niños...
-Que el mayor tiene 14 años por favor...
-Bueno, pues me marcho yo solo a por tabaco.
-Pero si van a cerrar ya mismo, no te va a dar tiempo.
-Si que me da tiempo, os lo puedo asegurar. Además, el campamento está todavía a un rato con la marcha de niños, desde aquí llego antes al pueblo.
-Bueno, no podrías entonces comprar un poco de...

La mirada que le planto no le permite terminar la frase. El resto de monitores del campamento ni se molestan en intentarlo. Aunque me lo suplicaran de rodillas con rezos medievales a la vez que me lamen el culo, no habría aceptado comprarles algo de tabaco. Ni al triple de su precio. A todos menos a esa de las tetas que parecen dos pasteles de nata, Azahara creo que se llama.

La fila de chavales sigue hacia delante con dos monitores a la cabeza. El resto de monitores nos quedamos durante unos segundos en silencio hasta que comienzan a marcharse tras la fila de niños que se aleja. Ninguno me mira. Me dirijo lo más rápido que puedo al pueblo y de paso evito escuchar algún estúpido cuchicheo sobre mi conducta. Cruzo varias subidas arenosas adornadas con poco más que un par de eucaliptos y retamas olvidadas que contrastan platónicamente con el desértico aspecto que está tomando la zona. En la carretera, sudando como un cerdo pese a ser ya las 8 y poco de la tarde, levanto mi dedo a un par de coches que viajan en dirección a mi destino: Villanueva De la Rama Seca. Los conductores tienen la delicadeza de ignorarme, por lo que les obsequio con distintos insultos sacados de la cosecha de mi vocabulario más refinada.

Una vez en el pueblo, tengo que sortear todas las miradas de sorpresa, curiosidad, desprecio y hasta incomprensión de los pueblerinos de la zona, congregados alrededor de la plaza central como hormigas sobre un escarabajo muerto. No hayo más de 40 personas. El pueblo está formado por 4 cortas calles, una plaza, el indispensable bar, un estanco y un ultramarinos. Me dirijo a toda velocidad hacia el estanco para encontrarme con la puerta está cerrada. Son las 8 y 20, el cartel del el horario de verano indica que cierran a las 8. ¡Joder!
Me acerco al bar y pregunto si tienen máquina de tabaco, el barman, si se le puede llamar así, niega con la cabeza sin despegarla del brazo en la que la tiene apoyada. Su mirada se mantiene inerte, al igual que el oscuro y pegajoso bar, que no cuenta con más que un cliente que sobre la barra imitando como un mono la pose del camarero. Jugando a las 7 diferencias solo se distingue una: la gran jarra de cerveza posada frente a el. La situación me hace plantearme quedarme en el bar un rato, dejar la mochila a un lado y tomarme unas jarras de cerveza para disipar mi irritación en aumento ante la falta de nicotina. Pensándolo mejor, es muy probable que acabe bolinga, lo que disparará de forma bestial mi mono del fumeque. Además, no me gustaría ver las caras de reproche de los soplapoyas de los monitores, especialmente de Carlos, que se cree el rey de la manada o algo así. Seguro que vuelve a repetirme lo de que hay que dar una imagen delante de los chicos. Qué imagen ¿De príncipe de Bequeler? Encima tiene todo el día a Azahara tetas de pastel danzando a su alrededor como una mariposilla, y el tío sin hacer nada. Fijo que es marica. A Azahara me la traía yo aquí y la emborrachaba como Dios manda, ya lo creo joder, y después ya veríamos.

Salgo fuera y en un acto de desesperación intento preguntar a los abuelos de la plaza si conocen al dueño del estanco. Siempre se habla de la hospitalidad de la gente de pueblo, habrá que comprobar si es verdad. Le pregunto a una mujer canosa que se sostiene sobre un fino bastón que casi se confunde con sus delgadas piernas.
-Perdone, ¿Sabe quién es el dueño del estanco o donde vive?
-¿EL DUEÑO DEL QUÉ?
-Del estanco
-¿DE QUÉ?
-DEL ESTAAAANCO
-Ah no hijo, yo de esas cosas no se. No fumo.

Joder, lo mismo es su hijo el dueño y ni se ha enterado. Me dirijo a un tipo grande al que veo de espaldas sosteniendo un cigarrillo, le toco en un hombro y se gira.
-Perdona, ¿sabe quien es el dueño del estanco o donde puedo encontrarlo?
-El dueño del estanco ¿eh?, si no me equivoco vive en Matalascañas y va y viene en coche, así que veo difícil que lo encuentres hasta mañana.
-Vaya, ¿Y podría darme un cigarrillo?
-Eh... es el último, lo siento.

Y una mierda el último. Fijándome en su cara me doy cuenta de que es uno de los tipos a los que insulté e hice un corte de manga cuando subía por la carretera. Junto a el hay un tipo con boina y con cara de árbol y un abuelete estilo botijo. Éste último, tras su camisa de cuadros ha ocultado el cigarrillo que se está fumando al oír mi pregunta. Desisto y decido volver al campamento. Espero que una ducha fría me quite mucho más que este sudor que empieza a hacérseme demasiado pegajoso.

Tardo casi el doble en volver el campamento, y eso que la vuelta es cuesta bajo. Mi enfado no hace más que aumentar pensando en la noche que me espera: Servir la cena a los más pequeños, tener que aguantar a los cuatro mierdecillas de siempre que nunca tienen hambre y que echan demasiado de menos a sus padres como para comerse la comida que hace otra persona, más tarde acostar a los más pequeños, conseguir que se duerman con cuentos o haciendo el chorra con títeres alumbrados por linternas, y para finalizar, preparar la hoguera para que junto a los más mayores, se haga una valoración de la gran caminata que hemos realizado hoy. Es fácil resumirla: Sol, arena, paisaje desértico, sudar mucho, ver todo el rato lo mismo y acabar la mitad del grupo harto y con ganas de volver al campamento. Si me dijeran que estoy en Arizona en lugar que España me lo creería, no se para que demonios hay que entrar en valoraciones de algo que está tan claro. Luego apuntarlo todo en un cuaderno que nunca más nadie leerá y cantar un par de canciones creyéndonos que somos Indios Apaches o algo así, solo que sin cazar, y cocinando para niños que aún se cagan los calzones. Al menos los Indios tenían su pipa y yo no tengo ni un puto cigarro.

Me dirijo hacia las tiendas de campaña de los monitores a por mi bañador. Por el camino paso por dos zonas de acampadas de los niños, la de los más pequeños por un lado y la de los mayores por otro. Algún que otro renacuajo me saluda, pero la mayoría me ignora, como si fuera un fantasma, lo que pone aún más de mal humor. Aunque sea mi primera vez con este grupo de acampada, he estado ya antes en muchos otros, me merezco un trato igual que el del resto de los monitores, especialmente que el de Carlos. A él todos le quieren. "Carlos puedes limpiarme el culo", "Carlos me puedes abrochar la camisa", "Carlos tengo miedo"..., especialmente las chicas de esa tienda de campaña. Son las mayores del campamento y ya están comenzando con el pavo típico. Paso junto a su tienda y un agradable olor a champú y colonia de chica me invade, lo que me anima a saludarlas con la mejor de mis sonrisas. Por respuesta no tengo más que un frío saludo con la mano de las dos más feas, la gafas y la gorda, mientras las otras simplemente me ignoran. Eso me enfurece aún más, sobre todo cuando me alejo y recupero el apestoso olor de mi sudor.

Al llegar al campamento de monitores, ya están todos duchados y vestidos. Carlos se dirige a mí y noto en él cierta sonrisa con animadversión al ver que mi rostro sigue igual, lo que indica que no he conseguido tabaco. Aún así, me pregunta sonriente, esperando con anhelo la respuesta.
-Que, ¿Conseguiste tabaco?
-Estaba cerrado
-Vaya, lo siento. Mañana compraremos no te preocupes.
-Ya, no queda otra.
-Te hemos dejado el motor de las duchas encendido para que tengas agua caliente, date prisa ya que se apaga cada poco tiempo y hay que bajar al foso a volver a arrancarlo. Es una faena por que se está llenando de agua y se está anegando.
-Marcho ya mismo

Me dijo directamente a las duchas, no por que me preocupe el motor, si no por que prefiero no ponerme el bañador cerca de ellos. Todas las tiendas están ocupadas por lo que no puedo cambiarme dentro, y no me gusta que me vean quitándome la ropa. Siempre me invade una horrible sensación de ridículo, no por mi cuerpo, no es escultural pero tampoco doy ganas de vomitar. Simplemente me siento torpe y hasta grotesco cambiándome de ropa, nunca lo he podido evitar. Me ducharé en pelotas ahora que no hay nadie.
La pila de 8 duchas está vacía, casi que me alegro de haber ido a por tabaco, disfrutar de un poco de soledad en este campamento es un placer que rara vez se da. De hecho hasta podría masturbarme. Las duchas están suficientemente lejos del campamento y no hay razón para que nadie venga aquí estando todo el mundo duchado. Compruebo que nadie se haya dejado ropa olvidada para evitar sorpresas. Solo hay un par de toallas puestas a secar que me van a venir de perlas. Comienzo a desnudarme y justo cuando me estoy quitando los calzoncillos escucho ruido de matojos moviéndose. Me los vuelvo a poner y tras las rocas que cubren la zona de duchas aparece una de las chicas de la tienda de las niñas pavas. No me suena haberla visto antes.

-Perdón monitor.
-Me llamo José
-José... es que todavía no me acuerdo del nombre de todos..., verá, tuve que ir al baño por una urgencia hasta ahora. Se que la hora de la ducha ha pasado pero, ¿Podría...?
- !Por supuesto!, no digas tonterías. No recuerdo tu nombre, ¿Cómo te llamas?
-Ana
-¿Tienes bañador?
-Si, lo tengo debajo de la ropa.
-Pues no se hable más, ¡después tenemos que cenar!

He de reconocer que me ha alegrado esta inesperada visita. Dejaré para otro momento la paja, así puedo conocer un poco mejor a los chicos del campamento. Me pongo debajo de una de las duchas y regulo la temperatura. Pese a que estamos en una zona semi desértica, el agua llega a estar realmente helada y muchos somos incapaces de ponernos bajo ella. Hace pocos días estuvimos en un riachuelo algo profundo, unos cuantos chicos se metieron en el para jugar un rato. Tuvimos que sacar a uno de ellos con calambres e hipotermia. Desde entonces solo les permitimos mojarse en las duchas.

Ya empapado salgo de una de las duchas y cojo el bote de gel, saco gran cantidad que va a parar a mi mano precedida de un prfoff y lo voy a dejar sobre el suelo cuando una pequeña mano me toma el bote. Se trata de Ana, toma el gel algo sonrojada, solo hay un bote de gel en toda la fila de duchas. Comienzo a enjabonarme fuera de la ducha que sigue arrojando agua, aunque la mitad del gel se me ha caído de la mano. No tengo suficiente para todo mi cuerpo pero me da vergüenza acercarme a por más al lado de Ana. Intento enjabonarme todo lo posible con lo poco que tengo y me pregunto de que demonios puedo hablar con ella. Me apetece tener una conversación pero no se me ocurre que demonios decirle, y ya le he preguntado su nombre. Mierda. Está en la ducha mojándose su larga cabellera rubia que se estira aún más con el agua. Aprovecho para fijarme en su cuerpo y descubro que tiene pecas en muchas otras partes aparte de su cara.

Decido meterme bajo la ducha y enfriarme un poco. No se si tendrá 14 años o habrá cumplido ya los 15, pero hay que reconocer que ya tiene un cuerpo bien formado. Me pregunto que habrá estado haciendo en el baño, tal vez ya tenga la regla y de ahí su retraso. Se encuentra de espaldas a mí, terminando de quitarse el jabón del cuerpo y se agacha a por un pequeño bote de champú del pelo que traía consigo. Me muestra su culo marcado sobre en parte inferior de su bikini azul, color que me parece más bello que el azul del cielo. El bikini se transparenta ligeramente y noto como una erección comienza a intentar tomar forma dentro de mis calzoncillos. Ana, todavía de espaldas a mí y con el bote de champú en la mano me dice:
-He notado como me has mirado estos días en la ducha cuando estamos todos, me atrae mucho.

¿Qué coño? Una sensación helada inunda mi cuerpo. Mi cabeza va a estallar, casi no me sostengo sobre mis piernas, el agua está helada, parece que caen miles de estalactitas sobre mí. Salgo saltando de la ducha a la par que Ana, que pega un grito. La miro confuso, sus pezones están marcados por el frío. Joder, quítate eso de la cabeza.

¿Ha dicho realmente eso?, juraría que si aunque... tal vez sea del agua congelada, o tal vez me haya dicho otra cosa. Podría preguntarle... mejor no joder, no la cagues, aquí no, podría meterme en problemas, olvídalo. Llevas mucho tiempo sin echar un polvo, solo es eso.
-Es el motor, se ha vuelto a parar, ¿necesitas agua caliente?
-Iba a lavarme el pelo - dice mostrándome el champú en su mano.
-Muy bien, pues te lo arreglo un momento ¿Ok?
-¿Puedo ayudarte?
-Claro

Ana aprovecha para enjabonarse el pelo húmedo mientras vamos hacia el motor. El champú le va cayendo por los hombros formándole distintas líneas de jabón y agua en el cuerpo, como si fueran tímidos ríos que no saben por qué parte de su cuerpo descender. Algunos permanecen en sus hombros, pero otros deciden descender por unos pechos recientes y muy bien formados que apenas han visto la luz, y otros, los más osados, descienden aún más, hasta su intimidad. Me pregunto si estará poblada... mejor lo olvido, ¿Por qué no le pregunto si me ha dicho algo en la ducha? no, no, no ha podido decir nada, estás tonto, deja de tener pensamientos absurdos en tu cabeza.

Llegamos hasta el motor y efectivamente está apagado. Hay que bajar al foso por una doble cuerda que hemos atado a un poste y ponerlo de marcha tirando de un viejo cordel. El motor es muy antiguo, y aunque bombea agua a las duchas, por el camino se escapa mucha cantidad, lo que ha hecho que cada día el foso esté más encharcado y sucio.
-¿Puedo bajar?
-¿Perdona?
-Que si puedo bajar, se como funciona, mi padre es mecánico.
-Ya Ana, pero es peligroso. Es profundo y te puedes resbalar con todo el barro que se está formando.
-Por favor..., ¡Si hasta he reparado bujías con mi padre!.

Me mira esperanzada con verdadero deseo por bajar, y el tono en el que me lo suplica, me hace tambalearme. Me mareo, como si al fijarme en sus ojos verdosos depositados con tanta gracia sobre su pecosa cara y el tono que ha usado para pedirme arrancar el motor, fuera algo demasiado precioso para mi percepción. Como cuando vas al cine y tienes la suerte de ver una de esas escenas que jamás olvidarás pero que tampoco podrás volver a revivir en un cine. De esas escenas que te erizan el pelo de todo el cuerpo y te hacen sentir justo en ese momento vivo, realmente vivo.

No puedo negarme, estoy embriagado.

-Pero al subir agárrate bien de la cuerda y luego me agarras la mano ¿Eh?

Mientras desciende por la cuerda me asomo al foso y me fijo en su cara que todavía refleja reminiscencias de una naturaleza infantil abocada a morir, que dará paso a algo mucho más grande e irremediablemente más feo, horrible, despreciablemente fútil. Me doy cuenta de que todo el atractivo que encierra esta chica no se encuentra sobre su cuerpo recién formado, atractivo y apetitoso como un filete de la carne más tierna y jugosa de un joven novillo. Es su cara, su mirada, que todavía conserva la inocencia de quien aún no ha visto lo que depara la vida. Una mirada limpia y pura, sin odio, sin resignación ni asco, esperando todavía milagros que caigan del cielo o que los saquemos nosotros de la manga, todavía a salvo de tomar el camino que tarde o temprano todos comenzamos y que nos lleva a acabar como muchas de ellas, mirándome con asco, sin ni siquiera conocerme, sin haber hablado conmigo, sin esperanza o interés en todos los demás y sin darme una oportunidad a . Todo por culpa de gilipoyas como Carlos, que hacen este mundo un poco más apestoso y a las mujeres todavía más incrédulas. Hay que salvar a este ángel del futuro que le aguarda, pero, ¿Cómo?, no se la puede aislar del listado de decepciones que le van a llegar por todos los medios existentes.

-Tú también me atraes, mucho.

Se encuentra tirando de la cuerda del motor, ruge pero no arranca. No puedo haber dicho eso, mierda, espero que no se haya enterado.
-Es normal que te sientas atraído por mí, no te avergüences. Yo no soy como las demás, como ninguna de aquí, ¿Y sabes por qué?, por que no soy de esta época, vengo del futuro.

El corazón comienza a palpitarme a toda velocidad y siento picores en las manos, ella sigue tirando de la cuerda con más fuerza. Intento decirle algo pero mi garganta se ha quedado muda. Ana sigue de espaldas pero sin embargo, puedo escucharla en mi mente, como si me hablara telepáticamente.
-Se cual es tu problema, por eso he venido desde el futuro hasta tu época. En el futuro podemos visualizar la historia, la historia de verdad, la de todas y cada unas de las personas que habitaron la Tierra, planeta ya extinto. Y muchos como yo, intentamos obsequiar a aquellos que en su vida no tuvieron aquello que merecían. La raza humana vivió un gran salto evolutivo en el año 2421, por fin la ciencia consiguió eliminar los genes de la maldad. Se creo una gran comunidad de seres como yo, que marchamos a las colonias de Júpiter a desarrollar una nueva humanidad carente de cualquier vileza, sin humanos de los de tu especie. La población maligna siguió en la tierra hasta acabar extinguida con la llegada del siglo XXVI y la quinta glaciación. Desde entonces realizamos viajes en el tiempo haciéndonos pasar por humanos malignos para poder dar otra oportunidad a quienes se la merecen, sin que nadie se percate de nuestro aspecto diferente, limpio, carente de aquello que os aniquiló.

El motor comienza a funcionar, Ana se gira y veo el cambio que se había forjado en su cuerpo. Sigue siendo ella pero ha mutado parte de su cuerpo. Persiste su mirada impoluta, y prácticamente su cara no ha cambiado, conservando como un pirata su tesoro las inocentes pecas. Su cuerpo sin embargo ha crecido, si bien sin cambios radicales, pero tomando la forma de una mujer de unos 28 años. Siento a su alrededor una fuerza extraordinaria, como si un potente imán se hubiera instalado en la fosa y su magnetismo se extendiera con fulgor a todas direcciones. Ella me sonríe desde la fosa y me hace un gesto con la mano indicándome que baje. Desciendo rápidamente por la cuerda y al bajar la tengo frente a mí. Está algo sorprendida, parece que quiere que salgamos fuera. El motor cada vez hace más ruido y debe de molestarla pero me da igual. La miro fijamente y descifro en sus ojos todo lo que ha venido a traerme, la recompensa con la que me obsequia tras todos estos años jodido en este cenagal llamado vida. La miro feliz, la miro lleno de amor, como ella. Me acerco a ella a la vez que siento con más fuerza su magnetismo, pese a que da pequeños pasos hacia atrás. Choca con el motor y se hunde con las piernas ligeramente abiertas y enterradas en el fango. Su mirada se vuelve cada vez más brillante, mas atrayente, hasta más acuosa. Entiendo por donde quiere comenzar toda su recompensa a mis años de sufrimiento y sin más miramientos me saco la poya de los calzoncillos, chorreando de emoción. Ella se estira de un respingo y me facilita así que le baje el bañador, quedándole entre las rodillas. Su magnetismo entonces se me hace insoportable, siento como todos los sonidos a mi alrededor son cada vez más claros, más fuertes, ¿Es así el futuro? ¿Es esta realmente la vida?, todo mi cuerpo tiembla, los brazos me duelen, la carne se me desgarra, las piernas me tiritan cada vez más, como si hubiera un terremoto. Un fuerte sonido me penetra cada vez más intensamente y dolorosamente en la cabeza a intervalos descompasados. ¿Estaré viajando con ella al futuro? ¿Qué es todo este temblor que hay alrededor nuestra? Comienzo a meterle mi poya nerviosamente. Noto sus labios ceder poco a poco a la embestida, a la vez que la sensación de pérdida de control de mi cuerpo se intensifica hasta ser demasiado dolorosa. Mi cuerpo no está preparado para un amor tan inmaculado. Las sensaciones puras, los sentimientos auténticos, hieren a seres como yo, demasiado contaminados en la existencia actual. Siento como le entra mi poya del todo y es demasiado intenso, hay más dolor que placer, pierdo el control de mi cuerpo. De repente, todo es oscuridad.

***

Fuerte dolor sobre mi cabeza, tengo ganas de vomitar, creo que me mareo aunque no puedo comprobarlo con exactitud. Está todo oscuro a mí alrededor. No puedo moverme, mi cuerpo no responde. ¿Dónde estoy? Percibo un sonido eléctrico, un leve zumbido como de aire acondicionado o una nevera. Mis ojos, poco a poco se adaptan a la oscuridad que impera alrededor mía. Estoy en una habitación, no es muy grande, hay una puerta a lo lejos por la que entra algo de aire fresco, pero nada de luz. Todo sigue siendo oscuridad a mi alrededor. La habitación está completamente vacía, o eso creo. Intento ver algo más pero me encuentro casi ahogado en un lago de petróleo, sin poder ver y sin poder mover mi cuerpo. La cabeza me vuelve a doler, tengo que cerrar los ojos con mucha fuerza para intentar disminuir el dolor !aghh!, me tumbo sobre el suelo de nuevo y me vuelvo a dormir, casi obligado por mi organismo. Algo tiene que andar mal en mi interior para que necesite volver a cerrar los ojos.

No se cuanto tiempo llevo despierto, he estado dormitando durante mucho tiempo, confundido entre sueños y pensamientos, sin poder separar unos de otros. ¿Qué fue lo que pasó? Estaba con esa chica del futuro cuando de repente todo se hizo oscuridad. ¿Fui secuestrado? ¿Abducido? Decía que era del futuro, tal vez me haya engañado y en el futuro se dediquen a secuestrar personas para usarlas como mano de obra. O peor aún, para experimentar con nosotros. ¿Y si son extraterrestres? ¿Y si es una alienígena camuflado de humano que pretendía abducirme?
Ahora lo entiendo, he sido abducido. Como en el documental ese que vi de los campos de maíz. Aquí en España también hay abducciones, siempre es lo mismo, se aprovechan de quienes estamos desprevenidos en el campo, lejos de las ciudades donde serían descubiertos. Ahora que recuerdo..., después de la oscuridad, había alguna especie de luz. Luces fuertes, intensas, mucho ruido, voces y mucho movimiento violento. Seguro que era su nave despegando, huyendo rápidamente una vez que me han secuestrado. Me pregunto si se habrán llevado a más personas del campamento o si lo habrán destruido... como la casa blanca en Independence Day.

Me pongo muy nervioso recordando distintas películas de invasiones alienígenas y no puedo evitar vomitar. Para mi sorpresa, mis piernas me permiten inclinarme hacia delante y aunque no puedo apoyarme con mis brazos, que siguen permaneciendo inmóviles, consigo echar fuera de mi estomago un puñado de bilis. Al intentar levantarme con mis rodillas, resbalo y recibo un tortazo contra el suelo resbaladizo por el contenido de mis instentinos. Consigo reclinarme hacia atrás y apoyarme contra una pared. Las piernas me funcionan sin problemas pero tengo algo en el cuerpo que me impide moverme de rodillas para abajo. No siento mis brazos, creo que mis dedos responden pero no puedo comprobarlo, me aterra pensar que han podido hacer..., tal vez no tenga mi cuerpo completo, o peor, no esté sobre mi cuerpo, como en Mars Attack, y me hayan cambiado la cabeza con vete a saber que organismo.

Pasa el tiempo, no se si mucho o poco, comienzo a desesperarme. No se oye ningún ruido y me pregunto si me han dejado aquí hasta morir. Tal vez ya esté muerto y esto sea lo que nos depara la vida. Sin embargo, cada vez siento más hambre, me siento más cansado y hasta creo que me estoy meando. No, no puedo estar muerto. Pruebo a hablar, apenas me salen las palabras, noto mi miedo que apresa el timbre de los vocablos, irregulares, débiles. Cuento hasta 10 oyéndome en un pequeño hilo de voz. Mi respiración se tranquiliza, aún estoy vivo. Vuelvo a cerrar los ojos y a dormirme. Aunque solamente duermo y tengo vagos pensamientos, me encuentro muy débil. El olor a vómito comienza a ascender a mis fosas nasales, se me hace insoportable, así que me arrastro como un gusano lejos de él, finalmente llego a lo que creo que es la puerta ya que siento como aire fresco entra por una pequeña rendija que hay junto al suelo. Vuelvo a dormirme.

Estoy solo en un bosque, es de noche y todo tiene un extraño color verdoso. Camino por tierra mojada que hace un extraño ruido metálico, como si anidara por placas de metal. A ambos lados del camino solo distingo miles de árboles que se pierden en la oscuridad, el verde se convierte en negro y nada más. Miro hacia el cielo buscando las estrellas pero solo veo una noche cerrada, sin estrellas ni luna. El cielo también tiene ese mismo color verduzco que me inquieta. Camino cada vez más rápido, me pregunto que habrá en alguno de los lados del boque, pero soy incapaz de acercarme a ellos, me aterrorizan, no hay ninguna razón, no hay nada de lo que deba asustarme. De pronto oigo otro ruido metálico proveniente del camino, como el de mis pasos, pero mucho más acentuado y rápido. Cada vez suena más rápido y tengo miedo. Comienzo a correr más y más, miro hacia atrás pero no veo nada, corro, corro sin parar, comienzo a chillar, quiero salir del bosque. Vuelvo a mirar hacia atrás y los pasos dejan de oírse, paro de correr y respiro aliviado. Me giro hacia delante y no hay más camino, solo bosque. Me giro y todo el recorrido que he realizado ha desaparecido, estoy rodeado de denso bosque en un pequeñísimo claro. Comienzan a aparecer pequeñas miradas, blancas, brillantes, como luciérnagas. Algunas me miran curiosas, otras no me inspiran confianza, comienzo a tener miedo, no me muevo del claro, no quiero entrar en el bosque. De repente todo comienza a temblar, hay un terremoto, muchos árboles comienzan a caer, oigo chillidos, chillidos de niños que parecen sufrir mucho, niños que suplican ayuda, que piden que les dejen en paz. Comienzo a correr por el bosque y me acompañan, cada vez más fuerte, más chillidos. No lo soporto, me tapo los oídos y corro, los temblores son cada vez mayores, caen árboles en todas direcciones, los esquivo como puedo, tropiezo con uno y caigo de boca pero no hay suelo, comienzo a caer, caer y caer, cada vez más rápido, tengo mucho miedo, parece que no tiene fin el lugar donde estoy, la velocidad es cada vez mayor, y de repente, siento algo cercano que estoy seguro de que es el suelo. Caigo demasiado rápido, el corazón se me dispara, soy incapaz de chillar, voy a morir al instante, me voy a desintegrar, noto como el suelo está a pocos metros de mí y va a destrozarme los huesos. Despierto.

Algo me empuja en las piernas, me asusto y comienzo a rodar, estoy empapado en sudor y me tiembla todo el cuerpo. Al rodar se abre una robusta puerta y un gran destello de luz me abrasa los ojos. Cierro los párpados y distingo dos tipos muy grandes y fuertes que se acercan a mi y me agarran cada uno de un hombro. No me dicen nada y me hacen caminar. Me cuesta mover las piernas, me siento muy débil y la luz que viene de fuera no me deja ver nada. Comienzo a caminar con los ojos cerrados, oigo el ruido metálico de nuestros pasos y siento como un trapo me limpia mi boca todavía manchada de vómito. Después de un rato caminando nos paramos. Reclino por primera vez mi cabeza, la poca luz de la estancia donde estamos no me molesta en exceso y comienzo a ver con más claridad. Ante nosotros hay una gran puerta que se abre, y al cruzarla, dos tipos de traje negro me observan detenidamente. Observo que los dos hombres que me llevan también van vestidos de negro que contrasta con su blanca cabeza rapada. Su semblante es serio, tienen gesto y pose idénticos, y sus miradas, frías como una piedra, no me permiten averiguar nada de ellos. Uno se da cuenta que los estoy mirando y me gira la cabeza con brusquedad. Me limito a mirar hacia delante como un caballo.

Recorremos un largo pasillo muy ancho, está compuesto por gran cantidad de plantas, tantas que cuando intento mirar arriba para verlas todas no me alcanza el cuello ni la vista. Hay grandes focos de luz circulares colocados de forma lineal y perpendicular durante todo nuestro camino. Consigo distinguir en cada planta estancias selladas por barrotas. Parecen cárceles. Plantas y plantas repletas de barrotes y nada más, miles de kilos de frío metal. Y entonces, comienza el ruido

Miles de rejas chocando, estridentes tintineos, mamporros y golpes metálicos, cientos de gargantas, o de algo parecido, chillando, chillando a todo pulmón, animales vociferando, relinchando enfurecidos. Parece que están siendo cazados. No se si es humano lo que hay a mi alrededor. Me acojono y me limito a mirarme a los pies hasta que llegamos a la siguiente puerta. Compruebo que estoy completamente vestido de blanco y que diversas correas, fuertemente amarradas, adornan mi escasa indumentaria. Cruzamos una segunda puerta igual a la anterior y llego a un espacio radicalmente diferente, de techos bajos y paredes de madera. Hay sofás y hasta expendedores de agua, y el aire no está cargado como en la estancia anterior. Los dos tipos de negro me hacen cruzar dos largos pasillos carentes de cualquier tipo de decoración más allá de los marcos de las puertas, y me llevan hacia un portón de los miles que pueblan el tercer y más largo pasillo que recorremos. Paramos frente al portón y uno de los hombres de negro me gira sobre mis pies y me examina de arriba abajo. Noto como fija su mirada en mi paquete y se lamenta con la cabeza. Me miro y alcanzo a ver parte de una gran mancha que todavía está fresca en mi entrepierna. Me vuelven a la cabeza los gritos animales provenientes del gran pasillo que recorrimos durante un tiempo que me pareció una eternidad. El corazón me vuelve a tomar un ritmo demasiado rápido y se mantiene constante cuando el segundo hombre de negro abre la puerta y me insta a entrar.

Dentro aguarda un reducido despacho, compuesto por una pequeña mesa de oficina atestada hasta arriba de papeles en la que destacan 3 teléfonos de diferente color. Tras ella hay dos tipos. Un hombre enchaquetado con un traje barato, de unos 45 años, lleva un denso bigote y el pelo excesivamente engominado y estirado hacia atrás. Fuma un cigarrillo con desprecio, como si no lo disfrutara. A su lado se encuentra sentado un tipo vestido completamente de blanco, con un pequeño gorro similar a los delos nadadores al que tiene adherida con una goma elástica una pequeña linterna. Lleva gafas de topo y es viejo, muy viejo. La piel le cuelga de la barbilla y garganta y sus manos son excesivamente huesudas. No para de pegar y despegar sus dedos mientras me mira con descarado interés desde que entro en el despacho. Los hombres de negro me hacen sentarme en una de las dos sillas que hay frente al escritorio e intento mirar a la cara a los dos tipos que tengo ante mí. El gran ventanal que hay en la pared y la luz que desprende, me impide mirarles fijamente mucho tiempo. Comienza a hablarme el bigotudo..

-Bueno, ejem, señor Rodríguez, sabe por que está aquí ¿Verdad?
-¿Y donde estoy?
-Venga por favor..., no se ande con jueguecitos, tengo un día muy largo y a mucha gente que ventilar, no nos va a decir nada que no sepamos ya.
-Mire, he sido abducido o testigo de un viaje inter espacial por el tiempo, creo que merezco una explicación de que está pasando aquí.
-Ya empezamos...
- !Es más! !Ni si quiera se quien cojones sois vosotros! ¿Cómo se si no me habéis atrapado como mano de obra para vuestras construcciones futurísticas? ¿Cómo se si no estoy hablando con identidades falsas?
-Por favor, señor Rodríguez, cálmese y escúcheme con atención.
-! Escúchame tu a mí, he sido testigo de lo que toda la humanidad anhela conocer y ahora me trata así!
-¿Cómo?
-! Así, con esa pose suya y esa forma de echarme el humo a la cara, con desprecio, como si no creyeras nada de lo que le estuviera diciendo ¡
-¿Y acaso debería de creerle?
- ! Ya lo creo, y deberías darme un cigarro ¡
-No creo que pueda fumar con los brazos amarrados a su cuerpo, no sea más insensato. Mejor le voy a decir las razones que tengo para no creerle.
-! Venga, suéltelas, no tendrán fundamento, pero al menos déjeme darle una calada a su cigarro!
-Está bien, pero tendrá que dejar de responderme con insolencias a cada cosa que le diga. ! Y deje de pedirme tabaco, aquí solo fumo yo y usted se va a joder!
-! Pues deja de mirarme así y de fumarte ese maldito cigarro pedazo de...!

El tipo del bigote le hace un gesto a los dos hombres de negro que se encuentras detrás de mí y me ponen una mordaza en la boca. Al principio me resisto como puedo y consigo pegarle un bocado a uno de ellos, no le arranco el dedo como es mi intención y tan solo consigo que pegue un grito. Les enfurezco bastante, no está nada mal. No me fío de esta gente, son muy, muy, muy raros, especialmente el de la linterna en la cabeza. No dice nada y no para de mirarme con unos ojos que me producen repelús y vergüenza, como si pudiera leer todo lo que estoy pensando con un par de miradas.

El tipo de blanco le cuchichea algo al oído al bigotudo. Éste apaga visiblemente descontento el segundo cigarro que se fuma desde que entro en el despacho sobre un cenicero atestado de colillas no demasiado viejas. Me mira con gravedad y comienza a jugar con un mechón de pelo de su bigote.

-Veamos señor Rodríguez..., conoce usted a Carlos Hierro, monitor de verano ¿cierto?
-MmmmMmmhhmhmmhmm
-Era una pregunta figurada joder, le he dicho que ahora solo hablo yo. Hace dos días, a eso de las 9 de la tarde usted se encontraba en un campamento Scout de verano y se disponía a ducharse. Si no me equivoco, fue antes a por tabaco al pueblo sin éxito. Según nuestras investigaciones, una chica del campamento, Ana, de 14 años de edad, se duchó a la vez que usted ya que no pudo hacerlo a la hora que le correspondía. Se duchó en una ducha diferente a la suya. El motor que regula la temperatura del agua y que la lleva a las duchas se apagó así que fueron a activarlo de nuevo, siendo Ana, la chica que iba con usted, quien bajó a la fosa donde se encuentra el motor para encenderlo, algo extremadamente peligroso dada la potencia que tiene el motor y el estado de la ciénaga, empantanada a unos niveles que dificultan entrar y salir de la misma. Una vez arreglado el motor, usted decidió descender a la fosa e intentar mantener relaciones con ella, o más claramente, intentó violarla sin ningún preámbulo. Ella opuso gran resistencia y le causó varias heridas en el cuerpo, espalda y brazos principalmente, mientras usted intentaba llevar a cabo su acción. Sus fuertes chillidos alertaron a los monitores que acudieron lo más rápido que pudieron a la fosa. El primero en llegar fue Carlos Hierro quien le propinó un fuerte golpe en la cabeza que en pocos segundos le dejó inconsciente. Estuvo a punto de morir dada la fuerza con la que fue golpeado, y créame, muchos lamentamos que así no fuera. Fue curado por un equipo médico de emergencia en una ambulancia que le trajo directamente a prisión. Posteriormente fue denunciado por pederastia y violación por Carlos Herrero, la chica de la que abusó y diversos monitores. Lleva dos días aislado en una celda especial con la finalidad de que cualquier estado mental, propio o inducido por algún agente externo, haya desaparecido, o al menos mitigado. Así mismo hemos comprobado sus antecedentes y cotejado varios casos de pederastia que teníamos sin resolver con su expediente, pero para su fortuna no tiene ningún cargo ni se le puede relacionar con ningún delito sin resolver. A continuación le vamos a hacer un examen médico para comprobar si había consumido estupefacientes o alcohol y cual es el estado de su salud mental. Antes del examen, el Doctor Pompeyo le va a hacer unas aclaraciones que a muy seguro le harán comprender por qué está aquí si es que todavía piensa que esto es una equivocación. Por lo que a mi respecta, no tengo más que decirle, y créame que me importa un cojón lo que quiera contarme. Podrá decir todas loas tonterías que desee ante un juez en un tribunal, y no le repito las 3 normas básicas del detenido por que estoy seguro que las conoce por esas series cutres que echan en televisión. Le dejo con el doctor, espero que como mínimo le caigan 30 años, si es que sobrevive a los presos que le van a acompañar.

-Señor Rodríguez, soy el doctor Pompeyo. Estará pensando que lo que le decimos aquí no tiene sentido y que se trata de una equivocación. Como usted dice, cree haber sido abducido y visitado por seres de otra dimensión. Déjeme aclararle un aspecto sobre su organismo y, prácticamente, el de todas las personas. Muchas veces los humanos vivimos situaciones límite en la que llegamos a estados de tensión cuyo nivel es demasiado alto para que nuestro cuerpo lo soporte. Ya que no podemos tolerarlo por mucho tiempo, nuestra mente imagina mentiras, mejor dicho, provoca alteraciones de la realidad, para que la tensión física que sufrimos, y sobre todo, la tensión emocional, disminuya evitando así problemas como un infarto o paro respiratorio. Estas alteraciones de la realidad no producen lógicamente un cambio de ésta, si no que nuestro cerebro interpreta aquello que vivimos de una forma irreal pero agradable para nuestro organismos.

Las alteraciones de la realidad varían con cada persona y con que objetos le provoquen la tensión. Hay quienes no las sufren, quienes las sufren ante situaciones muy concretas -algo que hasta ciento punto es normal- y quienes la sufren más de lo recomendable. En éste último caso se aplica un tratamiento para controlarlo ya que puede ser un peligro para uno mismo y para el resto de la sociedad.

La alteración de la realidad se produce normalmente por un conflicto entre el deseo de una persona y su sistema ético o de valores morales, o en otras palabras, entre lo que uno desea hacer y lo que cree que no se debe de realizar. Cuanto más integrado se tenga un sistema de valores hieráticos y más rompa con una de sus normas o valores aquello que desea realizar, es más probable que comience la tensión emocional, y que, a medida que ésta aumente al no conseguirse resolver el conflicto entre la ética y el deseo, la mente acabe mostrando una realidad alterna que de una forma u otra, le permita realizar la acción deseada sin ningún tipo de remordimiento o sentimiento de culpabilidad.

Una vez aclarado este punto, vamos a hacerle un examen médico profundo. Vendrá con nosotros al hospital penitenciario que se encuentra justo aquí al lado, saliendo de este pasillo. Le inyectaré un somnífero que lo dormirá y le haremos bastantes pruebas para comprobar cual es su estado físico y mental, pero mucho me temo, que para su desgracia, no vamos a encontrar nada absolutamente anormal, o al menos, para que un juez le estime irresponsable del delito que ha cometido.

Por favor, deje de llorar y acompáñenos.


Sobre mi­:

  • I'm Silencio
  • From Spain
  • Dificil escribir algo concreto en un espacio tan pequeño. Una cosa está clara: soy aprendiz de guionista, o estudiante si lo prefieren, pero suena mejor lo primero no me lo nieguen. También estudio "comunicación audiovisual" un nombre impreciso para una carrera poco clara. Este blog nació como una práctica de la facultad y se me fue de las manos. Ahora lo uso para guardar todo lo que me avergüenzo de tener en mi ordenador. No escribo sobre nada en concreto, no soy periódico ni constante con el blog ni con nada de lo que hago, apenas se escribir tres palabras que guarden sentido... ésto es de todo menos un blog. Pero estoy agusto con en él, fíjate qué cosas.
Perfil completo