Y mientras miro tu culo y disfruto de tu respiración dormida
Aquí estoy, con un ojo en la pantalla del portátil y otro en tu culo, concretamente en lo que me deja ver ese minúsculo pijama tuyo de verano. Hecho un ovillo en la cama para no despertarte con mis suspiros, con el teclear de las teclas o con la luz blanca que desprende este feo procesador de texto.No puedo dejar de preguntarme que nos deparará el destino, ¿qué destino?, supongo que el que forjemos, o el que forjes. Después de todo yo ya tengo claro cual va a ser mi papel en esta extraña partida que comenzamos a jugar hace ya tantos años y que en tan solo tres semanas atrás daba por terminada. Vine a visitarte entonces, te embadurné de flores y perfumes, te besé las puntas de los dedos de los pies y te hice el amor como un amante y no como una pareja.
Suplicas enterradas bajo el papel de regalo que envuelve estos suspiros por conservar lo que yo solito fui talando día a día, durante las frias tardes de marzo y abril, cuando creía, ¿en qué creía?, en algo más allá de ti, que tras buscarlo, vi como se esfumaba como la alucinación que siempre fue, el delirio de un loco que cree que hay siempre algo más allá en su vida, mas allá allí en la nada, donde de nada se puede sacar todo y donde todo lo que encontramos no es más que arena negra resbalando de nuestras manos.
Tan solo me basta con escarbar cada día un poquito más en ti, mamar de tu saliva para alimentarme unas horas más sin refugiarme en recuerdos de blanco y negro, y sin embargo poco más puedo hacer ahora que seguir mirando tu culo y tecleando, viendo como pasan los minutos y abnegarme en definitiva a que pasen los días y los meses para comprobar si me tomas como una peonza en tu baile o decides finalmente tirarme por el desagüe como un aceite ya demasiado usado del que no se puede sacar ya nada de provecho.
Mañana cuando despiertes y vayas al trabajo me besarás, y si no lo haces ya me encargaré yo de hacerlo por ti. Hasta que no apartes tu cara de mis labios tras pasar una noche soñando con tu conciencia y tus anhelos, conservaré esperanzas de poder volver a plantar una semilla en la tierra de aquel roble que juntos hicimos crecer y que acabé talando idiosincrásicamente borracho de necedad, como no, para variar.
