« Home | Activando la bomba » | !Tonc! » | Engranajes engrasados » | Futuro » | Y mientras miro tu culo y disfruto de tu respiraci... » | Y repetimos » | Mirando el techo » | Buscando hierba » | Pistolas » | Saca la cabeza » 

6.8.08 

Cogido por los huevos


Quedamos junto a un destartalado kiosco verde, punto de partida de un largo paseo marítimo construido hace ya tanto tiempo, que la dejadez y la suciedad, los gatos preñados, los erizos en busca de una nueva madriguera y las parejas sin mejor lugar para contarse secretitos al oído, hacen de él un romántico lugar. Está salpicado por unos cuantos recovecos por los que puede uno perderse, para acabar a solas frente a las olas que rompen y mueren contra las desgastadas piedras que sustentan este camino de rosas, si no están ya ocupados por quien disfrute de la intimidad de su chica, de la confidencialidad que otorga la cerveza, o junto a cualquier cosa que en definitiva alivie la pena que discurre entre los pliegues de nuestra materia gris. El discurrir de las olas ampara a todos los que nos perdemos por este sendero intentando calmar las dudas que nos corroen día tras días, para olvidarnos de las respuestas que ya conocemos demasiado bien, y por que no, intentando encontrar otras nuevas.

-He traído una botella de vino tinto, no es gran cosa pero no sabe nada mal.
-No me gusta el vino tinto, la última vez que lo bebí me entraron ganas de arrancarme la cabeza al día siguiente.
-No se diga más. ¿Te gusta la cerveza?
-Me encanta

Tiro la botella al mar y me acerco al destartalado kiosco, habitado por una señora de aspecto similar a su negocio. Posada sobre un taburete que apenas se tiene en pie, mira aleladamente el techo.

-Perdone, ¿Tiene cerveza?
-¿Si joven?
-Que si tiene cerveza. 2 Litros.
-Huy que va hijo..., hace mucho que no vienen por aquí los de suministros.
-Venga, algo tendrá que tener ¿no? ¿Vino Blanco?
-Nada, nada. Déjame que mire pero no te aseguro nada.

Me aparta su raquítica mirada y con gran esfuerzo abre una gran nevera. Introduce un esmirriado brazo que temo que quede congelado al frigerador pero tras andar trasteando un buen rato en su interior saca 2 latas de cerveza. Bingo.

-Son las dos últimas que me quedan, espero que vengan pronto a repostar.

Le pago y observo el aspecto no similar, si no idéntico, que tienen el kiosco y la propietaria. Me pregunto cual de los dos tendrá más años si no es que nacieron al mismo tiempo y están envejeciendo a la par. Cuando la dueña muera, estoy seguro de que la putrefacta madera que sostiene el inestable comercio se derrumbará, probablemente con ella dentro.
Me giro y fijo la mirada en las largas piernas que permite ver el vestido de Laura. No están nada mal, son robustas y grandes, tal vez les sobra un poco de carne pero por otro lado indican que es probable que en otras partes de su cuerpo haya suficiente chicha como para agarrarme a ella y estar sin desengancharme hasta el amanecer. El vestido es holgado, demasiado holgado, y no me permite hacerme una idea de como es el resto de su cuerpo, aunque parece que tiene un buen par de tetas.
Me está siguiendo la mirada, será mejor que deje estas lucubraciones para más tarde. Abro una cerveza y se la acerco.

-Aquí tienes, es lo único que quedaba.

Vamos tranquilamente hacia el primer rincón que tengo en mi mente, rezándole a los dioses por que no esté ya tomado. Por el camino realizamos las típicas y clásicas preguntas de rigor: como te fue anoche, que has hecho estos días, cuanto tiempo estarás por aquí, cuando te marcharás... las suficientes para romper el hielo mientras la cerveza se acomoda gustosamente en mi estomago.
La acerco a una desgastada bajada hacia el mar y no hay nadie en el pequeño recoveco que queda al final de la misma, perfecto, todo sale a pedir de boca, y justo ahora comienza a anochecer. Bajamos con cuidado, hubiera preferido que ella descendiera primero para que su vestido me muestre que me deparan sus carnes, pero tendré que inspeccionarlas más tarde. Ya situados, le vacilo un poco sobre mi buen gusto encontrando rinconcitos de regocijo y dejamos nuestras latas de cerveza ya vacías a un lado. De un rápido movimiento culístico se posa junto a mí, pero no quiero que todo vaya tan rápido. Lo que más me llamó la atención de ella la otra noche fue su exhaustivo conocimiento del Rock de los 80 y 90 y quiero exprimirla un poco más, sacarle esas perlas pseudo culturales que nos permiten muchas veces abrirnos a universos musicales que desconocíamos, universos que están ahí, a nuestro alcance, que muchas veces vemos escritos en todas partes o que incluso oímos distraídamente y que caen en el olvido. Son necesarios encuentros como éste en los que se nos muestra un posible nuevo pentágrama de guitarras, bajos, baterías y cantantes toxicómanos que nos puede marcar nuestro gusto musical durante años. Casi todos mis grupos favoritos se los debo a amigos o conocidos que en cierto momento me recomendaron inquisitivamente tal o cual grupo, ese tema que no puedes morir sin escuchar o el solo de guitarra imprescindible para el buen amante del rock que te hace cagar puré. Creo que es la forma más humana de conocer música y de que permanezca junto a nosotros hasta llegar a la tumba. Asociada a un recuerdo, una persona, un momento o simplemente meros instantes. Odio a U2, pero jamás podré olvidar ciertas canciones suyas cuando esté en el catre con alguna gachí.

Tras quedarme bien grabado en la cabeza que necesito escuchar a Smokers outside the hospital doors y Sigur Ros -estos últimos simplemente por cantar en una lengua inventada que ni ellos mismos conocen, de la que se acaban olvidando si no fuera por que sus fans se memorizan sus canciones que recitan a pleno pulmón en sus conciertos-, creo que es momento de entrar en otros temas menos culturales y más humanos. Tras echar un último vistazo a los grupos que tiene en su itouch decido pasar a inspeccionar sus labios. En poco tiempo el itouch anda tirado por el suelo mientras nosotros nos revolcamos a su lado. Comenzamos la faena con labios torpes, jugando a deslizarnos con ellos por nuestras caras, hombros, ojos, nariz, cuello, casi sin besar, casi sin sentir, simplemente palpándonos con nuestros carnosos rebordes, inspeccionándonos con ahínco y precisión, como si manejáramos un detector de bombas mientras paseamos por Afganistan. Hasta que comprobamos que no somos peligrosos, que estamos limpios de cualquier cosa que nos impidiera tocarnos, palparnos, mordernos, penetrarnos sin ningún tipo de barrera o cohibición, momento que aprovecho para subirle ligeramente su vestido e ir acariciando una suave, suavísima entrepierna imantada por una matriz de la que siento una fuerte radiación que hace subir lo que creía que eran mis inocentes dedos, para acabar dando con unas finas bragas, que nunca antes había palpado. Con unas simples caricias noto su vagina completamente pelada, no se si su ropa interior será de seda o de que demonios estará hecha, pero parece creada para poner cachondo a cualquiera que juguetee con ella, o mejor dicho, para ponerme cachondo a mí.
A medida que asciendo por su entrepierna y su temperatura asciende, asciende mi erección y ascienden desde sus entrañas pequeños gemidos de anhelo más que de placer, suspiros de su organismo que es consciente de cual va a ser el próximo paso. Yo no me decido y me enredo en un lazo que corona sus bragas, hasta que comienza a joderme por la boca, y de su cavidad de aspecto inocente que tan solo corona dos labios juguetones y sensibles, saca una gran lengua que violenta y furiosa empieza a tomarme la garganta. Ni siquiera se molesta en palpar por un momento que había ahí dentro, tal vez me falten 4 dientes o tenga lengua de serpiente, da igual, solamente quiere joderme y lo está haciendo con mucho éxito. Paso mi mano bajo sus bragas y rápidamente accedo a su desnuda cavidad arropada por pequeñas cabezas de pelo recién afeitadas, ardiendo, chorreando, como un melón abierto que no soporta la temperatura de agosto y comienza a gotear sin parar, deshidratándose, siendo necesario que alguien se lo coma rápido antes de que se pase de fecha. No iba a permitirlo, palpaba algo demasiado jugoso, un bocado demasiado fácil como para dejarlo escapar. Saco la mano de la entrepierna, lucho contra su lengua hasta sacarla de mi boca y le digo:

-¿Ves ahí al fondo? Hay un pinar. Estos días no hay nadie por aquí.
-Tengo una idea mejor, mi coche está aparcado aquí cerca y no tardaremos más de 10 minutos en ir a mi casa.
-Ideas así son las que hacen avanzar el mundo.

Nos quedamos unos minutos en silencio, arropados ya por la noche que había ido invadiéndonos sin darnos cuenta, mientras el mar perdía su furia y nos abandonaba en un inapreciable receso que dejaba al descubierto pequeñas calas. Una agradable estampa que yo ya conozco demasiado bien y de la que le podría haber fardado si no hubiéramos estado demasiado ocupados explorando las pequeñas parcelas de nuestro cuerpo. No dejaba de mirarle las tetas, eran grandes, si, se las había tocado, pero había algo extraño en ellas. El vestido demasiado ancho no me dejaba situarlas, realmente, no podía hacerme una imagen de ella desnuda, como si tuviera todas las piezas de un puzzle, que aunque permitían formar una imagen, no encajaban del todo, quedaban huecos, desfiguraciones, un cuadrado convertido en trapecio por algún fleco que no había llegado a encajar. Necesitaba desnudarla cuanto antes y salir de dudas follándomela.

Al llegar a su casa me siento como Vincent Vega cuando va a recoger a Mia Wallace en Pulp Fiction. Paredes blancas, demasiado blancas, casi relucientes y gran cantidad de muebles que paradójicamente me provocan la sensación de tener mucho espacio a mí alrededor. Casi todas las paredes están ocupadas por grandes cuadros o estanterías casi vacías que me invitan a echarme a correr por la casa como si de un campo de amapolas se tratara. Al subir las escaleras hacia su habitación y pasar frente a varios cuadros de flores que no he visto en mi vida, reparo en los textos chinos, japoneses, coreanos o tailandeses, que las acompañan. Supongo que habrá contratado un decorador de interiores Zen pero no tengo tiempo para preguntarle. Me arrastra a una habitación oscura que imagino que será su dormitorio y me echa a la cama. Se sube encima de mí y comienza a comerme con delicadeza el cuello.

Quiero pasar directamente a la acción, quiero desnudarla, ver que esconde tras ese vestido de estampados azules, buscar con avidez donde esconde su lámpara mágica y sacar el genio que llevaba dentro. Comienzo a jugar con su sujetador, le saco una teta fuera y después la otra, juego con ellas, las palpo con descaro e interés casi médico, son un par de tetas bastante grandes, de esas que te ocupan una mano completa, incluso más allá de la punta de los dedos. Pero hay algo extraño en ellas. Noto sus pezones, pero no están todo lo empitonados que deberían, y eso que previamente le he calentado suficientemente el punto g de la oreja para asegurarme sumisión a todo lo que quiera hacer. Me decido por quitarte el sujetador para acabar volviéndome a encontrar con mi eterno rival el corchete. O consigo quitar los dos corchetes a la vez, o se me queda solamente uno sujeto y comienza una retahíla de torpezas y despropósitos con mis manos que acaban dejándome en ridículo, y dando a entender, que si no tengo habilidad suficiente para quitar un simple sujetador, buena sorpresa puedo dar en la cama.
Y efectivamente, solo consigo sacar un corchete. Por fortuna tras un minuto de intentos frustrados probando todos los movimientos y combinaciones de dedos posibles, como si de un arte marcial se tratara, el sujetador cede y soy premiado con un par de grandes pechos. Le levanto el vestido y lo lanzo lejos de la cama, tengo por fin un cuerpo entero para lamer, chupar, degustar, pellizcar, morder y eyacular, pero todavía sigo vestido así que le indico que puede ir desnudándome. Lo hace con tranquilidad, armoniosamente, disfrutando del tacto de mi cuerpo mientras lentamente me levanta la camiseta o me quita de un suave bocado un calcetín. Ya desnudos, tan solo con los calzones y las bragas, le insto a que se tumbe en la cama y se relaje ante lo que le espera. Me deleito unos instantes viéndola tumbada, con los ojos cerrados y una gran sonrisa de satisfacción. Noto sobre mis rodillas un ligero temblor de piernas y decido poner manos y boca a la obra. Tras repasar sus piernas y su entrepierna con la lengua, engancho de un bocado la parte superior de sus bragas y con un poco de ayuda de mis manos se las voy quitando. Queda ante mí un chocho jugoso, caldosito del que no paran de manar fluidos y vapores. Algo muy gordo se está cociendo en su interior así que decido investigarlo con mi lengua. Comienzo bordeándolo, disfrutando de su piel afeitada que permite que mi lengua se deslice sin ninguna protuberancia que le obstaculice su misión. Lentamente me acerco a su clítoris notando como su piel se turba y el fino bello que conserva se levanta como las lanzas de una tribu africana en la víspera de un enfrentamiento, que sin lugar a dudas va a ser mortal. Unas pequeñas lamidas y comienzan los gemidos, el clítoris aún no está muy afuera pero no parece molestarle que comience jugueteando con el, compruebo con mi dedo como anda el interior de su útero y saco un dedo que parece provenir del panel de miel más dulce que haya probado nunca. Lo chupo, rebaño mi dedo y decido comenzar a darle lengüetazos sin ton ni son, dejando de lado todas las delicadezas que había ido llevando desde que la desnude. Ella no espera tal cambio y comienza a temblar y dar pequeños saltos con su culo haciendo vibrar la cama y prácticamente todo el cuarto. Aquello me excita cada vez más por lo que mi lengua va más rápida y desenfrenada, moviéndose en todas direcciones, golpeando con la punta hacia todas las paredes de su cavidad, como un obrero martilleando previamente el muro que va a derruir. Cuando ya no puedo soportar más oir sus gemidos, salgo de entre sus piernas, quito de mis labios su maná con el puño, como si me acabara de tomar una gran jarra de cerveza bien tostada, y me desenfundo en un instante los calzoncillos. Armo mi poya con un condón que hay en el suelo, y justo antes de comenzar la acción, reparo un momento en la efigie de placer que tenía debajo de mí. Sus ojos están entreabiertos, su mirada confundida en estado de semiconsciencia, violada por millones de hormonas que la intoxican sin piedad por todo su cuerpo, con el corazón a más de 120 pulsaciones por segundo y sus neuronas dando chispazos hasta acabar chamuscadas. Es una imagen realmente sugerente, atractiva y en parte enorgullecedora, por que negarlo, lo que hace que de pronto caiga sobre mis hombros el peso de la responsabilidad. En efecto, soy el causante de esta preciosa estampa, pero, ¿por qué he llegado hasta aquí? ¿Por que la besé anoche en la discoteca y lo arreglé todo para intentar emborracharnos hoy en la playa?

Acerca su mano hacia mi poya y tira de ella, me tumbo encima suya. Me besa apasionadamente, me come los labios, me los tritura, su lengua me lame la cara, me aspira la boca y oigo desde el fondo de su garganta:

-! !Fóllame¡ !Fóllame ya, joder!

Como un soldado siguiendo las ordenes de su general me dispongo a invadir su agujero pero la duda y la incertidumbre me invaden el pecho y una sensación familiar me hace augurar una mala embestida. Incapacidad, miedo, expectativas demasiado altas sobre mi persona... todo una colección de despropósitos de mi mismo se me aglomeran en mi mente haciéndose un manojo inseparable, que apenas me permite pensar en algo más que ellos y que congelan casi al unísono mi corazón y mi respiración. Al menos la sangre todavía circula por mi cuerpo y se retiene en la punta de mi nabo que se va abriendo paso por su todavía estrecho coño, aunque poco a poco lo va dilatando. Ella comienza a gemir más y más fuerte, está desbocada, el placer se percibe en todas las partes de su cuerpo, es un guiñapo de entumecimientos y calambres sin ataduras, la observo asombrado, asustado, su imagen me impacta más y más por momentos, no es la belleza, no es el cuerpo desnudo, es la expresión, la forma, tan animal, tan humana en el fondo, tan pura, que no puedo soportarlo. Me hunde, me destrona de mi mismo ser autor de algo tan bello, tan puro, no lo puedo soportar, como si tras 30 años de vivir solo con luz artificial me encontrara frente al sol y lo observara incesantemente. En momentos así solo puedes hacer una cosa.

Eyacular.

Quedo hierático. La culpabilidad y vergüenza vestidas de azul y morado me abofetean y paso a ser un fiambre helado sobre su cuerpo. Con la mitad de mi leche estampada contra el mohoso condón, dejando mis pelotas a la mitad de sus reservas, contrayendo todo mi cuerpo, intentando evitar no escupir todo mi interior.

-¿Qué ocurre?
-Veras... joder, !Joder!, cuando follo por primera vez con una...
-!DA IGUAL!

Me abraza impulsivamente, me quito el condón como puedo ante sus arrumacos y lo lanzo lo más lejos posible de su cama, !splash!, creo que ha dado contra la pared. Me besa ininterrumpidamente, como buscando muy al fondo de mi, perdido en mi interior, algo que yo mismo desconocía que hay. La abrazo, no puedo hacer otra cosa y con una mano que tengo libre comienzo a jugar con su chocho desnudo y accesible, aún más chorreante que antes, chispeando nada más sentir mi mano. Comienzo a penetrarle con mi dedo índice, un sustituto de tercera para una tarea tan digna, me avergüenzo de ello y comienzo a retirarlo.

-Da igual tonto, sigue, sigue, !Me está encantando!

Me complacen sus palabras e intento saciarla como buenamente puedo. Empiezo a manejar mi dedo con todos los recursos que conozco, círculos, torbellinos, espirales, hasta casi un giro completo que por poco me rompe los huesos. Ella feliz y cachonda, disfrutando con todo su cuerpo, sin parar de contorsionarse y de girar la cintura. Casi estoy a punto de soltarla y dejarla montada sobre mi dedo, viendo como gira cada vez más rápido como una peonza cargada de energía sexual. Pega un chillido aún más fuerte que los otros y comienza a reír como una colegiala que juega con el agua de la fuente. Se desengancha de mi dedo y cae rendida en la cama. La miro sorprendido, sentando en la cama. Me agarra y me tumba a su lado. Me besa.

-Lo has Hecho muy bien
-¿Te has corrido?
-!Claro!
-Joder, no me lo esperaba.

Me abraza fuerte y se me queda mirando, con su cabeza apoyada sobre la almohada, con una mirada clara, limpia, algo húmeda y en la que solo se puede ver felicidad con letras mayúsculas. Ni un ápice de odio, de inseguridad, de miedo, una mirada realmente pura y limpia que me hace respingar y me produce un escalofrío.

Con la facilidad que ha tenido gracias al orgasmo me hace plantearme probar con uno clitoriano, no soy un especialista en orgasmo ni tengo licencia oficial, pero he de reconocer que es de lo más gratificante observar como el clítoris se va hinchando poco a poco como un globo hasta que explota en un orgasmo.

Comienzo a acariciarla tranquilamente los bajos, como si jugara con sus labios vaginales, meras caricias sin ningún fin más allá de realizarlas, aunque pronto comienzo a ver por el reflejo de la luna que nos acosa desde la ventana, como se hinchan los labios de su boca, y su respiración, que ya se había pausado, comienza a tomar un ritmo más rápido.

-Hay que completar la tanda de orgasmos ¿no crees? Uno vaginal sin otro clitoriano no tiene mucho sentido.
-Vaya, cuanto sabes sobre orgasmos ¿no?
-Bueno, es lo que hay...

cuando no eres capaz de joderla con tu poya. Así que al taco, por lo menos dejémosla bien satisfecha.

***

No se cuanto tiempo tardé en llevarla al orgasmo, y aunque mi mano acabó escuálida y colgando como una poya flácida, ella no parecía cansada. Me tumbo bajo ella en la cama y comienza a devolverme el favor. Juega con mi pecho y mis pezones, pequeñas lamidas, pequeños bocados, lentamente aunque sin cesar, va descendiendo a un ritmo que se acrecienta al unísono que mi poya se va animando ante lo que se le avecina encima. Juega un rato con mi ombligo, mete la lengua dentro, saca alguna pelusa, un par de céntimos y un papel de fumar que dejé olvidado no se cuando. Se relame el brazo para quitarse el sabor a níquel y sigue descendiendo por mi vientre hasta encontrar mi trompa que ha dejado la retaguardia y se encuentra álgida y expectante a la llegada de sus labios y su lengua. Juega un poco con el torso de la misma, la acaricia, la besa, me rasca las pelotas e investiga que secretos puede hallar por mi entrepierna. Finalmente se la mete con delicadeza entre los labios y la va palpando con su lengua en mi punta, y una vez reconocida y con la imagen de la misma bien clavada en su mente, comienza a darle lengüetazos más violentos y potentes sobre el capullo a la vez que con su mano me va pajeando desde los huevos hasta el final del tronco. De vez en cuando se la introduce entera, la saca, la refresca, le sopla un poco, la besa, ríe, algún mordisco por su cuerpo y vuelta a empezar. Sabía joderme bien en la boca con la lengua pero lo que está haciéndome en la entrepierna es de 5 estrellas. Suelo tener aguante con las mamadas, si no soy quien pega las embestidas y quien controla el cotarro no suelo excitarme demasiado, pero esta ocasión es diferente, estoy recibiendo una mamada que me a hacerme correrme, va hacerme correrme ya mismo joder, ya mismo.

-Eh, ¿Te importa que me corra en tu boca?
-No, !Córrete! !Córrete!

Toma un ritmo más rápido, su mano me pajea a toda velocidad y su cabeza sube y baja sin descanso, en pocos segundos la aviso con un gemido de que va a recoger toda la siembra en su pequeña boca. Doy un brinco con mi culo, estiro de un calambre mis piernas y mi pene crece 5 centímetros durante unos segundos. Las venas se le hinchan a mi compañero y empieza a borbotear leche grumosa. Temo que no le quepa toda en la boca, que se ahogue o que acabe escupiéndola toda. Pero permanece inmóvil, servil, como una gárgola petrificada en la posición en que la encantó un hechicero. Ya vacía mi despensa me acerco a besarla para agradecerle tremenda hazaña.

-!Beshshspeperua!

Joder, pensaba que se lo había tragado y lo tiene todo ahí,!en su boca!. Sale de la habitación a toda pastilla, enciende una luz en el pasillo y otra en el baño. En el pasillo hay un gran espejo que me permite ver desde la cama como escupe todo mi semen en el lavabo. Abre el grifo y comienza a hacer gárgaras con los restos que quedan pegados entre sus dientes, bajo el labio o colgando de la úvula. Mientras espío su higiene bucal comienzo a preguntarme que es lo que ha echo que acabe esta noche en su casa.

La conocí en un bar con una pequeña pista de baile. Estaba tomándome tranquilamente una cerveza. Había venido con compañía, pero prefería tomarme la primera apoyado en la esquina de la barra, viendo el percal que atestaba el pequeño tugurio que andaba yo frecuentando prácticamente cada noche. Era un bar "moderno" en una ciudad de veraneo, por lo que la ecuación era clara: turistas y chicas, chicas y turistas o lo que es lo mismo: chicas = turistas. Acabándome la cerveza divisé a un colega charlando con 3 mujeres a la vez, a las que para colmo no había visto en mi vida. Sabiendo lo que se estaría cociendo, mi ego se sintió afligido al no formar parte del incipiente acto de cortejo. Me acerqué al grupo como el que no quiere la cosa y me uní rápidamente a una discusión sobre las ventajas y desventajas de la gran ciudad frente al pueblo de veraneo. Me puse de lado de una de las chicas que rápidamente me secundó y se sintió alagada de que la defendiera frente a mi conocido, fervor defensor de las pequeñas aglomeraciones. Por su indumentaria (vestido holgado de colores chillones) deduje que le gustaba la música pop-alt tan en boga últimamente, y tras acertar parte de sus gustos musicales, (Artic Monkeys incluidos, como no), comenzamos la interminable charla pseudo cultural sobre cine, literatura, pintura y en definitiva sobre todo aquello que suena interesante y te llena la boca de adjetivos y nombres rimbombantes o suficientemente snobs. Una cerveza para ella y vodka para mí. Bebidas ingeridas y me dice que tiene que marcharse, es su primera noche aquí y está realmente cansada. Dudé si intentar colarme en su casa pero preferí seguir con un poco más de cortejo, así que me despido con un suave toque de labios que es respondido de una forma realmente elegante para mi sorpresa. Nada de morreos apasionados ni baboseos que no llevan a ninguna parte, sabía jugar realmente con sus labios y eso fue lo que me empujó a que acabara finalmente hoy aquí, en su cama.

Pero, ¿por qué me he acostado con ella?. Lógicamente me apetecía follar, hacía tiempo que no pegaba bocado y el cuerpo no perdona la falta de alimento. Sin embargo, comienzo a sospechar que hay algo mucho más profundo -o algo muy simple pero que desconozco- que me había embaucado en esta aventura. De golpe siento la necesidad de marcharme, ya he cumplido con mi labor y estar más tiempo en esa casa no servirá para más que crear complicaciones. ¿Qué me ha atraído de ella? ¿Acaso solo quería follármela? ¿Entonces por qué me fascinó entonces tanto su conversación?

Dejo estos pensamientos de lado cuando termina de enjuagarse la boca y me tumbo en la cama para que no sospeche de mi intrusión en su íntimo momento de higiene bucal. Se tumba a mi lado y me acaricia la barriga tiernamente, de la misma forma que hacía otra chica mucho tiempo atrás, lo que me provoca una agridulce sensación de placer y asco, como si esas caricias no pudiera estar dándomelas ella ahora, como si le estuviera vetado a su mano. Me besa la oreja y me pregunta:
-Dime, ¿No tienes hambre?
-La verdad es que si, ahora que lo dices el estomago se me está hundiendo.
-¿Sabes que hora es?
-Ni idea
-Son las 3 de la mañana
-!Joder! ¿Tanto tiempo llevamos?
-Si, así que mejor cargamos energías por lo que pueda seguir.
-Eh... !Vale!

Se pone su ligero vestido sin ropa interior y yo solo me cuelgo los vaqueros cortos con los que vine. Me muero de hambre pero la idea de cargar energías para lo que pueda seguir me resulta contraproducente. Ya en la cocina, única estancia de la casa que no ha sido remodelada por el interiorista asiático, Laura pone a hervir fideos chinos mientras echo una ojeada a su frigorífico. Gazpacho, agua, coca cola, comida... ni una cerveza.

-¿No tienes algo de alcohol?
-Que va, lo poco que tenía me lo tomé antes de salir anoche.
-Vaya, que putada.
-Mañana compro algo si quieres ¿eh?
-No te preocupes...

Me aterra la idea de que vaya a comprar alcohol solo por mi persona. ¿Qué soy para ella? ¿Quién soy? ¿Qué espera de mí? ¿Y yo de ella? ¿Qué he buscado viniendo a su casa y acostándome en su cama? Me quedo apoyado en la encimera ensimismado en estos pensamientos sin decir nada hasta que su voz me hace volver a la cocina.

-Eh, te veo preocupado. ¿En qué piensas?
-Nah, nada. Tenía en la cabeza una canción de Radiohead, solo eso.
-¿Cuál?
-Everything is a right place
-La conozco.

Me mira extrañada, no es para menos. No es lo más habitual que se tiene en la cabeza después de acostarte con alguien. Saca los fideos chinos y sirve dos platos, abre un bote con una salsa de curry o algo parecido. Me pegunta si me gusta y asiento con la cabeza, evito su mirada. Realmente me da igual lo que lleven los fideos, el apetito se me está cortando por momentos.
Nos sentamos en una minúscula mesa de cocina el uno frente al otro. Dos personas, dos platos, dos tenedores, dos vasos y una botella de agua. La imagen se me hace horrible, me provoca miedo.

-Oye, tengo que hacerte una pregunta.
-¿Si?, dice Laura. Gira su silla y se acerca a mi lado. También trae consigo su plato. Noto como su mirada me inspecciona el rostro con verdadero interés. Me posa una mano en el hombro y me lo acaricia.
-No se. ¿Has pensado qué es lo que ha hecho que estemos ahora aquí? Es decir, qué nos ha atraído el uno del otro, que mecanismo ha funcionado para que acabemos los dos acostándonos esta noche. Cual es la causa quiero decir.
-Supongo que lo que nos une a todos. En el fondo todos necesitamos satisfacer nuestras apetencias sexuales, ¿No?
-Ya, pero no se, me refiero a por que nos hemos elegido el uno al otro para follar y no a otra persona. Que te hace decidir que este te meta su poya y este no.
-Bueno, en tu caso no lo decidí justamente por la poya que tienes.

Sonríe y me sonrojo. Se disculpa dándome un beso en la mejilla.

-Es una broma tonto, me ha gustado mucho todo lo que hemos estado haciendo. Pero no te entiendo.
-No, ni yo tampoco me entiendo, no te preocupes. Lo que quiero decir es que, a ver. ¿Conoces a Milan Kundera, el autor de La insoportable levedad del ser?

-Me suena el libro pero no se nada de el.

-Es una novela de amor, pero no como todas las que conocemos, profundiza bastante en cuales son las causas reales que juntan a las personas y forman las parejas. Establece que nos atraen los seres del sexo contrario por dos razones: o se parecen a nuestra madre si somos hombres, a nuestro padre si somos mujeres, aportándonos lo que nos satisfacía de ellos en la infancia o si no, como complementos.
-¿Complementos?
-Si, es decir, si eres una chica triste y decaída buscarás a un tipo alegre y animado, si eres tímido a alguien extrovertido y así con todos los aspectos de tu personalidad.
-Bueno, la verdad es que yo solo busco tipos raros, o bueno, se podría decir que encuentro.
-Yo..., no se que busco la verdad.

Nos quedamos en silencio comiendo los fideos chinos, oyéndose solo largos slurps de nuestros labios, como una felación que no culmina. Sigo sin entender que es lo que me ha llevado a acostarme con ella, desde luego no es ninguna de las dos propuestas de Milan Kundera, y a medida que los fideos van inundando mi estómago, un frío sentimiento de culpabilidad se apodera de mi cuerpo. No se parece a mi madre, y aunque intentara buscarles alguna conexión con ella, por mucho empeño que le ponga, estoy abocado al fracaso. Y desde luego no somos diferentes. Tampoco creo que seamos iguales, pero a medida que la voy conociendo solo encuentro más y más similitudes entre nosotros, lo que no me agrada precisamente. La miro a los ojos mientras termina con su plato de fideos hasta que percibe mi mirada curiosa. Me devuelve la mirada con expresión extrañada. No puedo soportar sus negras pupilas fijas en mí acompañadas del silencio que reina en la cocina salvo por el ruido de nuestros mordiscos al comer, así que me apresuro a decir lo primero que me está pasando por la mente.

-Tienes unos ojos muy expresivos.
-Siempre me lo dicen.
-Son muy transparentes. Es como si por ellos pudiera verse claramente tu estado de ánimo. Aunque quisieras ocultarlo...
-No puedo mentir. En ningún aspecto. Es un problema. Siempre me pillan cuando miento, o cuando intento ocultar algo...
-Vaya. Es una mirada realmente limpia, mirándote ahora, me da la impresión de que has tenido que sufrir mucho.
-Bueno...

Le doy un beso. No se por qué. Solo se que es una buena persona, por la que no siento absolutamente nada, pero que no está enteramente podrida, a diferencia de casi todos nosotros. Tonteamos un poco en la cocina y voy al baño a vaciar el vientre. Como era de esperar, el baño es impoluto, blanco y jodídamente relajante. Como para estreñirse en una taza que casi parece un trono donde practicar yoga. Con el zurullo todavía colgando pero en rápido descenso, mi malestar aumenta mis presagios de que lo que me ha atraído hacia ella no es ni su cuerpo ni su persona, realmente no es algo que posea ella, si no yo mismo.


!Chop! Zurullo al agua, y mi mente un poco más despejada. Vuelve entonces Ella de mi memoria, de los capítulos que intento olvidar tapándolos con cientos de recuerdos vanos. Hace meses que no nos vemos aunque no se puede decir que no esté al día de su vida. Tiene esa manía de muchas mujeres de seguir llamándote y llamándote constantemente para contarte sus grandes problemas (normalmente insignificantes para ti, y más aún cuando ya no tenéis nada juntos) y agradecerte tu paciencia con algún polvo esporádico cuando pasa por casualidad por tu ciudad con su coche. A veces hasta se queda a dormir y te alegra la mañana, pero nada más. Ella no puede compartir su vida con alguien como tú, no le gusta el alcohol, los escritores suicidas y el post rock melancólico. No quiere verse abocada a estar contigo el resto de tu vida, ver como te pasas todas las noches escribiendo guiones que nadie te compra jamás mientras ella lo único quiere es que le bambolees un poco el culo hasta que se quede dormida y la acompañes la mañana siguiente, lo más temprano posible, a las rebajas del nuevo centro comercial para comprarle un bonito vestido que nunca se pondrá. Ella necesita a un hombre, un caballero que se preocupe por ella y viva para ella, y no a ti. Eres atractivo, tienes tu punto como dice ella, pero nada más. Por eso lo dejamos hace ya... ¿5? ¿6? meses. No lo recuerdo, aún así, parece que nunca terminaran sus esporádicas visitas.

Tiro de la cadena y su recuerdo se va desvaneciendo junto a mis heces por las cañerías. Me lavo las manos y me miro en el espejo. No me gusta mi mirada, demasiado apenada, me da miedo. En el fondo me dan miedo casi todas las miradas, me dan miedo las personas que hay tras ellas. Curiosamente la mirada de Laura no, lo que me provoca cierta ansiedad. Me preocupa manchar su alma con mi compañía.
Salgo hacia la cocina y está terminando de fregar la cena, así que aprovecho para inspeccionar su salón. Me acerco hacia una estantería repleta de DVDS, muy buenos la mayoría. Mucho de los Hermanos Coen, lo esencial de Tarantino, alguna frikada sobrante como Posesión Infernal y sobre todo, muchas comedias, las cuales conozco de oídas pero que no he visto. Me encuentro con Lost In Traslation, todavía recuerdo la agridulce sensación que me dejó su final en el cine, con esa pequeña confesión al oído que no conseguí oír y que al parecer el resto de la sala sí. Me puse a preguntar al resto de espectadores pero cada uno me detallaba una interpretación diferente "Cásate conmigo" "Nos volveremos a ver" "Éste es el final"... Ninguna interpretación se repitió entre las 8 o 9 personas a las que pregunté, y cada nueva opción que escuchaba, más descabellada e ilógica era. Finalmente preferí no saber que se dijeron.
-¿Te apetece verla?

Laura estaba detrás de mí mirándome divertida.

-Si, la verdad es que me encantaría. Hace mucho que no la he vuelto a ver, bueno, desde que se estrenó en el cine.
-No se hable más. ¿Qué prefieres que la veamos aquí en el salón -señala un pantallón de televisión que daba miedo, si fuera una boca podría ingerirme sin problemas- o en mi cuarto con el portátil?
-Ummm, en tu cuarto, me resulta más sugerente.
-¿Ah si? ¿Y por qué?
-A ver si lo adivinas.

Me acerco a ella, le paso los dedos por sus piernas y entre abro su coño libre y fresco, sin nada que lo tapone. Casi lo había olvidado la ausencia de ropa interior y me pregunté si podría ver la película completa a su lado. Paro de besarla y le indico que subamos al cuarto. Ella coge el portátil de un cajón y vamos al catre.

Instalamos el ordenador y me encajo en una esquina de la cama. Laura abre mis piernas y se introduce entre ellas con total naturalidad, algo que a mi no me pasa desapercibido y que me produce una extraña sensación, similar a la reminiscencia olvidada de lo que es tener una mujer contigo... más de una noche.
Finalmente no vemos Lost In Traslation, ni siquiera introducimos el DVD en el ordenador. Nos enredamos con youtube un buen rato viendo videos musicales, como no, y mientras me pide que siga ávido y atento el baile de aquel cantante epiléptico digno sucesor de Joy Division, no puedo quitarle el ojo a su coñito pelado que se asoma por los bajos de su vestido, como un pequeño niño tímido que no sabe si salir al patio de recreo a jugar con los demás o quedarse solo en clase. Se me hace irresistible, por no decir imposible, no comenzar a jugar con él, sobre todo ahora que tenemos luz proveniente de la mesilla de noche que me permite apreciar en su chochete un clítoris apenas oculto que parece un gran botón rojo, de esos en los que hay un cartel a su lado que pone NO TOCAR con letras bien grandes y uno se acerca hipnotizado a ellos a apretar bien fuerte con su dedo.

El ordenador portátil dura poco tiempo en la cama y comenzamos de nuevo a trajinar. Tras juguetear un rato con su húmedo apéndice, pasa a calentarme la vara que supongo que ésta vez no me va a fallar. Una vez engrasada mí poya y bien humedecido su coño, le quito el vestido. Estoy realmente empalmado y atisbo lo que va a ser un polvo salvaje. Sin embargo ella comienza a besarme y a acariciarme, pero de una forma, tan cariñosa, tan tierna, emanando el intenso amor que ya irradiaba su mirada durante la cena, que mi erección comienza a disminuir y a mi mente vuelve a ser invadida por los fantasmas que tiré por el water con el zurullo. Decido olvidarlos centrándome en lo que me traigo entre manos, buscando el morbo en su cuerpo y no en su cara ni en sus gestos que me desconcentran y persuaden. Grave error, tras levantarme un momento de la cama y repasarla con mi mirada más lasciva, me encuentro ante un cuerpo que parece haber mutado desde el polvo anterior. Lo que eran grandes tetas entre las que perdía mi lengua y con las que jugaban mis ávidos dedos, se habían convertido en dos globos que se habían ido desinflado con el paso del tiempo, quedándoles ese tacto áspero del plástico rugoso y sucio por la falta de aire. Su cintura es bastante más ancha de lo que recordaba, y las nalgas que disfrutaba separando para pasarles mis dedos como si pagara con una tarjeta de crédito, ahora se me antojan a una gran hamburguesa de Mc Donalds. Cierto que no hay ningún parecido entre un culo desproporcionadamente gordo y una hamburguesa del Mc Donalds, pero no puedo mirar ese par de cachetes y no dejar de vislumbrar en cada uno una M y una C, marcadas como si fuera ganado.


Para colmo Ella vuelve a mi mente con más fuerza que antes, como si se hubiera estado ocultando tras mis neuronas más destartaladas y quemadas para aparecer en el momento más inoportuno y darme la estocada final. Junto al cuerpo de Laura, cada más ignominioso, no se si por la luz, por el recuerdo de ella o por las dos cosas, se une una inesperada superposición de cuerpos que de pronto centella frente a mí. Paulatinamente su figura se va transparentando y comienza a tomar forma otro cuerpo de piel más oscura. Es el cuerpo de Ella. Sus pechos de pera coronados por pezones que parecen pequeñas virutas de chocolate, sus piernas macizas pero bien marcadas que conozco al dedillo, su mata de pelo, que siempre le insto a que se afeite pero que tanto me gusta acariciar como si del lomo de un perro se tratara, la melena rizada en la que hundo mi cabeza parar aspirar todo su aroma justo cuando me corro...

-Vengo un momento, voy al baño. Me estoy meando y así no hay quien la meta en condiciones.
-!No tardes por favor!

En el baño lleno de agua el vaso del cepillo de dientes, y mientras el agua cae por el water me pregunto que puedo hacer. Me doy golpes en la cabeza con la mano que no sostiene el vaso y noto como el recuerdo de Ella va de un lado a otro de mi mente a la vez que no para de darme patadas en el área premotora, motriz, primaría y sobre todo en la visual. Va desnuda dentro de mis pensamientos, pero llevaba unos zapatos rojos de aguja muy larga, y joder, estoy sufriendo cada uno de sus puntapiés y pisotones.
Lo poco que me deja cavilar su recuerdo entre las sonoras risas que emana cada vez que aplasta una de mis neuronas, me permite idear el magnífico plan de apagar la luz y follármela meramente como un jodido animal, disfrutar de su agujero y nada más. Soy un hombre, me follo lo que sea, y francamente, Laura no es ni mucho menos horrible, si consiguiera quitarme a Ella de la cabeza...

Vuelvo a la habitación y me abalanzo sobre ella.

-¿Qué tal si lo hacemos con la luz apagada?
- !No!, quiero verte.

Me agarra el culo y pasa una mano por mi poya. La nota flácida y empieza a jugar con ella. Yo me concentro en la idea del placer que produce follarse un coño, retengo con la poca capacidad mental que me queda intacta la sensación que produce, el placer de chorrear dentro de una buena matriz y sentir como todo se carga de electricidad. Parece queda resultado, Comienza a besarme, lo cual no es producente para mi plan, así que le quito mi boca de sus labios y comienzo a morderle el cuello a niveles alarmantemente vampíricos. Le gusta y se pone a gemir como una loca. Mi poya está a punto de entrar en faena. Me pongo un condón y al poco de meterla oigo una puerta que se abre en la planta baja. Varios chillidos y risas de mujeres, parecen borrachas.

-Es mi hermana que habrá venido con alguna de sus amigas.
- ¿Tu hermana?
-Claro, no pensarías que iba a venir yo sola de veraneo.

Suben escaleras arriba y para mi sorpresa me hacen un gran favor. Al metérsela sufro una sensación casi idéntica a la primera vez. Temo por la integridad de mi poya y que el líquido se derrame de la marmita mucho antes de que esté lista la pócima. Pero las voces y chillidos que se escuchan a través de la pared y sobre todo en el baño que se escuchaba con todo detalle desde nuestra habitación, me desinhiben y me permiten comenzar a darle estacadas a una velocidad cada vez mayor sin sentir ningún reparo, sin que mi poya se resienta. Cierro los ojos y me limito a oír su respiración cada vez más entrecortada mientras mi ritmo aumenta y aumenta. La estaba follando como una gacela, no, como un león. Saco la lengua y la lamo, el cuello, la oreja. Paso de joderla por la boca a chuparle toda su cara, a escupirle, está empapada en mi saliva y la chupa sin vacilación, disfruta de ella. Comienzan a caer goterones de sudor desde mi frente que ella chupa e ingiere con una creciente sonrisa de placer. Me hubiese exprimido la cabeza si no tuviera sus brazos sujetos a mis manos para sacarme todo el jugo que tengo en el cuerpo. Sigo subiendo el ritmo, Laura con las piernas elevadas hasta donde sus articulaciones le permiten, indefensa, inmóvil y aturdida ante las continuas embestidas. Siguen oyéndose las risas y los murmullos, yo solo tengo en mente un coño bien húmedo que no para de darme gozo. Intento estirarla un poco más, que eleve aún más las piernas, que su espalda se estire unos centímetros más y ver así hasta donde puedo llegar a metérsela, donde está su fondo si es que tenía alguno. Y entonces exploto, varios botes seguidos, su cabeza golpea la pared, mi poya está loca, rezo para que el condón tenga capacidad para todo el semen que le estoy entregando. No puedo parar de embestir sus paredes vaginales, mi cuerpo entero se estremece violentamente durante un minuto que me arranca toda la energía que tengo para llevársela muy lejos de mí. Abro los ojos y ahí la tengo, su cabeza bajo la mía, sus ojos húmedos, resplandecientes, esa mirada de nuevo, limpia y cargada de amor, que tanto respeto y admiro pero que me acojona en cuerpo y alma. Caen un par de goterones de sudor en su mejilla, descienden junto a sus labios.


-Me ha encantado.
-Bueno...no ha estado mal. ... Tenemos... Tenemos que practicar.

Apaga la luz, se tumba a mi lado y comienza a besarme el pecho, todavía sudoroso. Se pega todo lo que puede, me limito a juntar nuestras mejillas evitando sus labios. Miro el vacío que se dibuja en el techo. Me pregunto si debo de decirle algo pero aunque quisiera, no me sale ninguna palabra. Solo quiero estar así, en silencio, sin nada que decir. La miro un momento a los ojos y no pude evitar apartar su cara de mi vista. Se gira dejando su culo junto a mi pena y me roba un brazo que se lleva a su pecho. Agarra mi mano con fuerza, la quito al instante. Acerco mi boca a su oído.

-No me gusta que me cojan la mano. A menos que sea algo muy importante con alguien... algo, a un nivel superior, no se si me entiendes.
-No pasa nada. !No me voy a casar contigo!

Otra vez esa maldita expresión. No se cuando fue la primera vez que la escuché pero nunca, jamás, ha salido nada bien con aquellas niñas, chicas, jóvenes y mujeres que la pronunciaron. Fue justamente por eso, por que no se iban a casar conmigo, pero desde luego, tampoco iban a tener una relación basada en un simple mete saca casual. Con todas se torció por lo mismo de siempre: mi miedo a las mujeres para acabar huyendo pavorosamente. Con todas menos con Ella.

Miro durante un buen rato su espalda. No puedo identificar si se está quedando dormida o haciendo el papel. Sigue teniendo mi brazo prisionero entre sus tetas y su brazo, aunque sin tomarme la mano, así que decido aguantar un rato hasta liberarlo de ella. Las risas del pasillo cada vez son más débiles, imagino que su hermana y las amigas estarán quedándose feliz y etílicamente dormidas. Me resigno a esperar que pase el tiempo y se me aclarare un poco la mente. Ahora que mis pelotas se han vaciado, parece que Ella ha dejado de martillearme el cerebro. Sin embargo, se que las secuelas las voy a sufrir los próximos días. Ni la peor de las resacas . Su imagen todavía permanece inmóvil aunque difusa en mi mente, y ahora que todo es oscuridad y no hay más luz que el poco resplandor de la luna que se puede colar por la persiana, se hace imposible borrar su recuerdo. Me limito mirar el oscuro techo con mi brazo confiscado.

Ahora si que tengo claro que me ha llevado a acabar en esta cama cuyas sábanas comienzan a quemarme. Cada vez más sudorosas, pringosas como un baño de aceite usado. Intenté olvidarla. A Ella. Sus visitas no han servido más que para que enfermara. Ponerme celoso como un animal mientras me relataba sus nuevas aventuras, crearme inseguridades durante semanas preguntándome qué es lo que fallaba y hacerme beber sin parar cada vez que la tenía cerca para poder soportar sus historias. Mi apetito mujeriego lo había aniquilado desde que me dejó, o lo dejamos, que mas dá. Me lo había arrancado de un bocado y ahora vivo en ascuas durante semanas, a veces meses esperando una visita inesperada de Ella para poder catar su conejito. Si es que le apetecía darme el gusto. Necesitaba romper ese vínculo que había creado, la cadena con la que me tenía sujeto a ella y cuya bola era demasiado pesada para poder ir a ninguna parte. Hoy parecía que lo había conseguido. Necesitaba follarme a otra, disfrutar con otra mujer, no enamorarme, pero joder, interesarme al menos un poco por alguien que estuviera muy lejos de Ella, de sus vestidos, de sus clases de inglés, de sus sesiones de depilado láser, de sus amigos de Londres y Oxford, de ese acento Inglés del norte que falla cuando pronunciaba la A y la O, o cuando decía peach y se le ponía la boquita como un jodido melocotón esperando que lo devore. No lo he conseguido, y es que por mucho que me pese, la muy puta me tiene cogido por los huevos.

No se cuanto tiempo ha pasado. A ratos cierro los ojos y a ratos los tengo abiertos, para la situación en la que estoy, da igual. Mirando el techo oscuro, o en la oscuridad de mi mente, se pasean libremente, sin orden ni congruencia distintos pensamientos o ideas por las que Ella se cuela. A veces su cara, otras sus pechos, a veces un vestido, una frase, un gemido...

Comienzo a oír pájaros. Abro los ojos y por la persiana se distingue algo de claridad. Está amaneciendo. Retiro mi mano ya con seguridad de su cuerpo que ha permanecido inmóvil durante no se cuanto tiempo, y para mi fortuna, ajeno a la pérdida que acaba de sufrir. Tengo que dejar descansar el brazo unos minutos, está completamente dormido y apenas lo siento. No voy a ser capaz de pegar ojo a su lado y lo último que quiero es que despierte mi lado para que me encuentre con sus ojos soñolientos y felices. Quedarte a dormir en la casa de una mujer implica que la noche que no lo hagas se engendrará un conflicto que crecerá y crecerá imparable hasta que te explote en tus narices cuando menos lo esperes. Tengo que largarme de aquí cuanto antes, no sea que tenga un sueño ligero.


Para mi desgracia estoy en la esquina de la cama pegada a la pared. Lentamente me voy deslizando como un polo flash por su forro fuera de la cama. Cada pequeña variación de peso que hago en el colchón lo sujeto con un brazo, de forma que el cambio de peso en la cama sea menos brusco y no se percate de que algo se está moviendo a su alrededor. Minutos después consigo estar fuera del catre. Y desnudo. Voy recogiendo mi ropa desperdigada por la habitación. Camiseta, calzoncillos, pantalones, un zapato, un calcetín, otro zapato... ¿donde está el otro calcetín? ahí está, debajo de la cómoda. Cojo las llaves de mi casa justo al lado de la mesita de noche, rezo para que el ruido no la despierte y tengo suerte. Ahora solo queda salir de allí. Aunque debería de escribirle una nota, o no. ¿Qué le escribo?

Me llevo un buen rato pensando qué no escribirle, qué puede confundirla y hacerle pensar que deseo algo más allá de lo acontecido esta noche. No quiero que se sienta como el puñado de trapos al estaba atrapado mi brazo hace unas horas, en una cama rodeada de barrotes de un incipientemente equivocado amor. En el fondo soy un romántico, y aunque si la volviera a ver es posible que le vomite en la cara, no quiero que se lleve un mal recuerdo de mí. Supongo que realmente soy un ególatra y narcisista más que romántico, pero siempre es agradable que se lleven un buen recuerdo de ti, incluso quien más odias. Saco una libreta de mi pantalón y arranco una hoja que hace un frrrashhh demasiado ruidoso para mi gusto, al que Laura responde con un estiramiento en la cama. Por fortuna no abre los ojos. Me acerco a la pared más alejada de la cama, saco un bolígrafo del bolsillo del pantalón y tras unas cuantas vacilaciones consigo escribirle una nota:

Ha sido una noche muy divertida. Mañana tengo una visita importante así que estaré unos días desconectado del mundo. Disfruta de tus vacaciones. Ya hablamos. Juan.

Lo suficientemente cordial y elegante para que no se sienta despreciada, lo suficientemente fría e impersonal para que no piense que quiero volver a verla.

Perfecta.

Dejo la nota sobre la mesilla de noche y abro con mucho cuidado la puerta de la habitación. El pomo de la puerta está algo gastado y no puedo evitar que chirríe cada milímetro que lo giro. Fuera de la habitación me dispongo a bajar las escaleras cuando veo tras una puerta entreabierta dos piernas colgando de una cama. Paso mi ojo por la rendija de la puerta para descubrir dos grandes pechos y un par de tersas piernas que están colgando muertas en una cama. Supongo que es la hermana de Laura, se parecen aunque es bastante más guapa ¡Joder!. La boca abierta informa de que ha vuelto de agarrarse una señora borrachera, lo que le resta bastantes puntos de belleza, sobre todo por la sequedad de los labios y el hilillo de baba que cuelga de ellos. Sin embargo me recuerda a esas fotos y videos de Internet en las que unos cuantos se dedican a follarse a mujeres -y no tan mujeres- tan borrachas como para dejarse grabar mientras 5 monos están a su alrededor riendo sin parar y rulándosela como si se tratara de la muñeca hinchable de una peña. Comienza a levantárseme una erección y la observo ahora desde otra óptica mientras me pregunto si su hermana se levantará temprano o notará pronto mi ausencia. Decido marcharme y evitar problemas, pero antes le mango un cigarro de la cajetilla que hay en el suelo y el mechero. Quedan pocos cigarros y acabo por llevarme la cajetilla entera. Me espera un largo viaje hasta casa.

Al salir del patio de la casa me encuentro con un camión de obreros y un par de currantes que entran en la casa vecina con material suficiente para armar un buen escándalo. A juzgar por el color del cielo no serán más de las ocho. Me enciendo el primer cigarrillo y busco la carretera más próxima que en unos 50 minutos me dejará junto a mi casa -andando por el arcén por supuesto-. Mientras los últimos tonos rojizos del alba se evaporan con el comienzo de mi partida, viene a mi mente un personaje de La insoportable levedad del ser que no se por qué, no recordé horas antes, cuando estaba tirado en la cama que cada vez se me hace más y más lejana.

A diferencia del resto de personajes de la novela, éste termina su historia, y prácticamente su vida, soltero, sin ninguna pareja o compañero. Ni la última titi que conoció en un Pub de solteros cuarentones ni la primera chica a la que cogió de la mano con 13 años. Sin embargo, muere mucha más enamorado que la desgastada pareja que tras mil desventuras durante la novela, acaba en un pueblecito, sobre dos hamacas, viendo amanecer el último día de sus vidas y sonriéndose sin saber por qué (el final no es un topicazo tan asquerosamente horrible pero digamos que se asemeja).

No. A él su novia le deja. Intenta lo imposible por volver con ella y no recibe más que negativas. Para superarlo, se dedica a viajar toda su vida, yendo a extraños y distintos lugares y montándose en aventuras en las que nunca se hubiera visto implicado. Pronto se da cuenta que el motor que le impulsa a hacer todo aquello a lo que años atrás se habría negado, es aquella mujer que le dejó. Está enfocando todo su vida a realizar lo que a ella le agradaba hacer, y que curiosamente, él no soportaba cuando eran pareja. Sabe que imitando la vida de ella no va a recuperarla, por mucho que pase el tiempo y un buen día aparezca en su casa mostrándole un giro radical. No quiere eso. Es feliz realizando todo aquello que piensa que a ella, si le estuviera viendo de alguna forma por imposible que sea, le enorgullecería.

Fue la clave para conseguir estar enamorado de ella hasta que murió.

Sobre mi­:

  • I'm Silencio
  • From Spain
  • Dificil escribir algo concreto en un espacio tan pequeño. Una cosa está clara: soy aprendiz de guionista, o estudiante si lo prefieren, pero suena mejor lo primero no me lo nieguen. También estudio "comunicación audiovisual" un nombre impreciso para una carrera poco clara. Este blog nació como una práctica de la facultad y se me fue de las manos. Ahora lo uso para guardar todo lo que me avergüenzo de tener en mi ordenador. No escribo sobre nada en concreto, no soy periódico ni constante con el blog ni con nada de lo que hago, apenas se escribir tres palabras que guarden sentido... ésto es de todo menos un blog. Pero estoy agusto con en él, fíjate qué cosas.
Perfil completo