Frias teclas
Miro las teclas de mi ordenador,algunas gastadas,
otras sucias,
y algunas, afortunadas, apenas usadas.
Me pregunto que postura tomaría Hemingway en su sillón,
mientras escribía Muerte en la Tarde,
o si estaría Bukowski borracho
mientras se desintegraba con Cartero,
si Irvine Welsh hace un esquema de sus enrevesadas historias,
o simplemente las tiene en la cabeza,
es más,
tal vez se desploman en su mente, blanca, perenne, inocua,
y van germinando con cada tecla que acribilla,
primero despacio, con miedo, acompañado de dulzura,
para acabar bailando sus dedos en un disparo continuo
de tac, tac, tac, que no da respiro,
hasta que el mamotreto es terminado,
sucio,
pero terminado.
No se si Chejov se tomaría descansos mientras escribía un relato,
o si no dormía hasta completarlo,
tal vez retomara alguno tras semanas de olvido,
otros simplemente los dejaría un tiempo de lado,
el tiempo justo para masturbarse un rato,
o para leer algo que realmente le parecía bueno.
¿Y Palahnkiuk? ¿Pasa más tiempo escribiendo,
o documentándose?
Más y más columnas, montañas, cataratas de libros
para conseguir jugosa información, que una vez ordenada,
recortada, mutilada, medianamente maquillada y por supuesto,
prostituida,
le hará millonario con relatos cargados de virutas de realidad,
que nos estremecen y nos embriagan,
mientras nos preguntamos,
¿por qué no nos contado ésto antes?
Con Miller no hay dudas,
mientras tenía una mano en el teclado,
la otra le masturbaba,
y con un ojo se miraba en el espejo,
sonreía satisfecho, y vomitaba 300 páginas impolutas.
Luego venían las amigas, o las enemigas, las que le caían mal,
y a las que solo podía amar, y con todas, antes, durante y tras el coito,
infinito, por ponerle una medida de tiempo,
lleva encima a su máquina, junto a la cama, fornicando con ellos,
durmiendo a su vera, y hace tic tic tic, tac tac tac,
y sorpresa,
mamotreto de 487 páginas,
y un bostezo antes de dormir.
Me pregunto que tuerca les girará a todos ellos en la cabeza,
si es que algo gira en ellos, y no entorno a,
que sienten, que piensan, si se arrepienten, si tienen miedo,
o si simplemente la sueltan,
deja que la palabra fluya libremente,
luego la vuelven a amarrar,
y con lo que haya estado haciendo,
ya sea jugando en el barro o en la casa de muñecas,
lo amoldan y lo muestran
¿Les gusta?
A mi no, no me gusta lo que teclean mis dedos.
Espero que a ellos tampoco.
otras sucias,
y algunas, afortunadas, apenas usadas.
Me pregunto que postura tomaría Hemingway en su sillón,
mientras escribía Muerte en la Tarde,
o si estaría Bukowski borracho
mientras se desintegraba con Cartero,
si Irvine Welsh hace un esquema de sus enrevesadas historias,
o simplemente las tiene en la cabeza,
es más,
tal vez se desploman en su mente, blanca, perenne, inocua,
y van germinando con cada tecla que acribilla,
primero despacio, con miedo, acompañado de dulzura,
para acabar bailando sus dedos en un disparo continuo
de tac, tac, tac, que no da respiro,
hasta que el mamotreto es terminado,
sucio,
pero terminado.
No se si Chejov se tomaría descansos mientras escribía un relato,
o si no dormía hasta completarlo,
tal vez retomara alguno tras semanas de olvido,
otros simplemente los dejaría un tiempo de lado,
el tiempo justo para masturbarse un rato,
o para leer algo que realmente le parecía bueno.
¿Y Palahnkiuk? ¿Pasa más tiempo escribiendo,
o documentándose?
Más y más columnas, montañas, cataratas de libros
para conseguir jugosa información, que una vez ordenada,
recortada, mutilada, medianamente maquillada y por supuesto,
prostituida,
le hará millonario con relatos cargados de virutas de realidad,
que nos estremecen y nos embriagan,
mientras nos preguntamos,
¿por qué no nos contado ésto antes?
Con Miller no hay dudas,
mientras tenía una mano en el teclado,
la otra le masturbaba,
y con un ojo se miraba en el espejo,
sonreía satisfecho, y vomitaba 300 páginas impolutas.
Luego venían las amigas, o las enemigas, las que le caían mal,
y a las que solo podía amar, y con todas, antes, durante y tras el coito,
infinito, por ponerle una medida de tiempo,
lleva encima a su máquina, junto a la cama, fornicando con ellos,
durmiendo a su vera, y hace tic tic tic, tac tac tac,
y sorpresa,
mamotreto de 487 páginas,
y un bostezo antes de dormir.
Me pregunto que tuerca les girará a todos ellos en la cabeza,
si es que algo gira en ellos, y no entorno a,
que sienten, que piensan, si se arrepienten, si tienen miedo,
o si simplemente la sueltan,
deja que la palabra fluya libremente,
luego la vuelven a amarrar,
y con lo que haya estado haciendo,
ya sea jugando en el barro o en la casa de muñecas,
lo amoldan y lo muestran
¿Les gusta?
A mi no, no me gusta lo que teclean mis dedos.
Espero que a ellos tampoco.
